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FOTO DE LA SEMANA: “Reina del Amazonas”

Imagen capturada por Inés Martínez de Castro en Amazonia colombiana, julio de 2013.

 

 

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El arte de la negociación y el consenso

Elsa Cornejo Vucovich*

 

Los problemas que enfrenta nuestro estado no se van a resolver si el único consenso al que podemos llegar es “el gobierno es el enemigo del pueblo”, o si nuestra estrategia de negociación es “aquí mis chicharrones truenan”. Si los temas que actualmente nos ocupan fueran sencillos de resolver, las soluciones probablemente no requerirían de mucho debate, pero los asuntos complejos requieren mecanismos complejos de investigación, proposición, negociación, consenso, implementación, evaluación y revisión, en donde todos y todas tenemos una responsabilidad compartida desde nuestros distintos ámbitos.

Desde la ciudadanía, a veces actuamos y opinamos como si quisiéramos vivir en una democracia directa, en la cual las decisiones se toman por asamblea. Es la forma más pura del consenso —todas las decisiones se toman por todas las personas— pero es poco práctica con tantos ciudadanos. La alternativa ha sido la democracia representativa, donde el pueblo elige a sus representantes y ellos/as toman todas las decisiones. Estos representantes tienen la obligación moral y social de informarse y prepararse continuamente para hacer el mejor trabajo posible, así como la obligación de fomentar el consenso por medio de la negociación.

La negociación es como un arte, que sólo se aprende conforme más se practica, aunque hay principios básicos que son fáciles de adoptar. El Programa de Negociación de la Universidad de Harvard ha trabajado el tema durante años, y una de sus publicaciones más populares es el libro clásico Obtenga el sí: el arte de negociar sin ceder, que debería ser lectura obligada para las y los tomadores de decisiones. Me permito resumir los principios explicados en el libro porque los considero absolutamente relevantes para resolver el estancamiento que caracteriza a muchos temas de actualidad en nuestro estado y país, usando como ejemplo el problema del agua en Sonora.

Para empezar, la discusión se debe centrar en los problemas, no en las personas. En el momento en que el debate se vuelve “los de Obregón contra los de Hermosillo” o “los indígenas contra el Gobierno”, difícilmente se podrá llegar a un consenso. Segundo, el enfoque debe estar en negociar intereses, no defender posiciones. Creo que hay intereses comunes con base en los cuales podemos negociar: “queremos que haya agua limpia para nuestras comunidades, que su suministro sea sustentable, y que no se perjudique a una comunidad para beneficiar a otra”. Si establecemos que esos intereses comunes son los que guiarán la negociación, será más fácil identificar propuestas con las que todas y todos estemos de acuerdo. De ahí viene el siguiente principio: generar opciones. En el momento en que nos aferramos a una postura, todo está perdido. Negociar no es una competencia, sino una colaboración. Por eso es importante que las opciones generadas se basen en criterios objetivos, para evitar que el debate se convierta en una guerra de voluntades. Los criterios objetivos pueden incluir hallazgos científicos, precedentes legales, etcétera.

Es indispensable que la ciudadanía participe en este proceso. Si queremos construir una democracia participativa, debemos establecer mecanismos para que la ciudadanía pueda participar directamente en las decisiones públicas, ya sea organizándonos en grupos colectivos de presión, o por medio de mecanismos como el plebiscito o referéndum, donde las y los ciudadanos votan a favor o en contra de leyes o actos administrativos propuestos por los representantes gubernamentales. Estas vías ya existen en nuestro estado y en nuestro país, pero siguen siendo escasas, mal aplicadas o desvirtuadas, sobre todo cuando una opinión crítica es respondida con censura o descalificación. Una democracia robusta se nutre del debate informado y la negociación orientada al consenso. Por eso, obstaculizar al gobierno no puede ser nuestro único mecanismo de participación social, así como la participación social no puede limitarse sólo a dar palmaditas en la espalda al gobierno.

*Asistente de Investigación de El Colegio de Sonora. ecornejo@colson.edu.mx