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FOTO DE LA SEMANA: “Metro Marta Atlanta”

La imagen fue capturada por Macrina Restor.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Tengo un sueño (I have a dream)

Alvaro Bracamonte Sierra*

Esta semana se cumplen cincuenta años del histórico discurso de Martin Luther King en las escalinatas del monumento a Lincoln en Washington. Los sueños que el pastor bautista enumeró en esa ocasión han sido cumplidos solo parcialmente; la magia de su retórica conmovió a los más duros representantes del establishment norteamericano y abrió una rendija por donde empezó a colarse poco a poco el aire reivindicativo de los derechos civiles básicos para las minorías estadounidenses, especialmente la afroamericana. El que uno de esta raza habite la Casa Blanca es un fruto de los afanes enarbolados por el legendario predicador;  por supuesto no quiere decir que todo está en orden en materia civil,  pero indica que hay avances impresionantes que no deben regatearse.

Los sueños de Luther King han girado ahora a otras preocupaciones, igualmente fundamentales, ligadas directamente con los derechos humanos básicos. En este ámbito parecería que las cosas han involucionado pues hay notorios retrocesos ya no digamos en cuestiones esenciales como la alimentación, salud, educación o la vivienda, sino en otras supuestamente resueltas como es la democracia.

Estos rezagos no son necesariamente delicados en la Unión Americana como sí lo son en el resto del mundo, que es la dimensión que realmente importa dado que el  proceso globalizador ha implicado que las distancias geográficas se achiquen y que las fronteras nacionales se evaporen. El sueño de un mundo más justo y democrático al que conduciría la integración globalizadora ha quedado hasta ahora en una pesadilla; las evidencias son indiscutibles: la polarización social es ahora más aguda, el número de pobres crece a un ritmo incontenible, los regímenes democráticos son cada vez más imperfectos y la solidaridad mundial es un discurso hueco y sin perspectiva.

El mundo es así y nuestro país no es diferente. El sueño de una nación mejor se ha desmoronado conforme los años de alternancia han transcurrido. La marginación, la injusticia, la corrupción, la desarticulación social y regional adquirieron carta de residencia en los duros años de panismo presidencial. Bajo la tesis de que estábamos mejor cuando estábamos peor, los mexicanos dieron un voto de confianza a los priistas para que regresaran a Los Pinos. El sueño de un México renovado se acarició en los primeros meses de restauración tricolor. Si por la víspera se saca el día, ese sueño duró un pestañeo. Ahora, a ocho meses del PRI, las cosas no sólo no mejoran sino todo apunta a que empeoran: la economía se está derrumbando y no se advierte a simple vista que las autoridades sean capaces de frenar ese desmoronamiento. La posibilidad de que el PIB disminuya aún más y que el desempleo crezca es latente; por otra parte, la inseguridad, lamento cotidiano en el sexenio calderonista, sigue sin solución: regiones enteras siguen siendo campo de batalla entre bandas del crimen organizado y las fuerzas públicas.

Las reformas estructurales recientemente aprobadas no parecen apoyar una evolución favorable de la economía, y las que están en proceso es improbable que alcancen la profundidad que requiere la modernización nacional; tal es el caso de las leyes secundarias votadas en el sector educativo y las que próximamente se discutirán (la energética y la fiscal).

En Sonora la vida pública experimenta un momento especialmente delicado. La desilusión en torno al primer gobierno distinto al PRI permea en muchos sectores de la sociedad. El escaso oficio para encarar el desacuerdo intrínseco a los regímenes democráticos, la opacidad en el manejo presupuestal, las múltiples querellas sin solución que acumula el gobierno de la alternancia y la incongruencia entre el decir y el hacer han terminado por agotar la paciencia ciudadana y reducir a prácticamente cero el bono democrático que tuvo al inicio de la gestión.

Todos estos problemas han incubado una atmósfera irracional en el estado. Por lo mismo, vale la pena soñar un poco e imaginar cómo estaría nuestra entidad si las cosas hubieran sido diferentes. Al respecto, me atrevo a expresar que tengo un sueño: que la desconfianza y la división entre los sonorenses desaparecen; que existe un mejor ambiente para resolver las tensiones acumuladas en la agenda diaria; que el problema del desabasto de agua en Hermosillo y muchas otras ciudades ha quedado superado; sueño con un Sonora donde los yaquis, guarijío, mayo, seris, pimas, ópatas y en general todas las etnias de la región han satisfecho por fin sus viejos reclamos;  que no se tenga que incurrir en bloqueos de las vías de comunicación para que el ciudadano sea atendido; que el transporte urbano sea un servicio digno para los usuarios, etcétera. Es un sueño  que puede convertirse en realidad si todos ponemos una parte para construir una sociedad donde genuinamente prevalezca el Estado de Derecho.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.