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FOTO DE LA SEMANA: “Ojos de búho”

La imagen fue capturada por Pedro Yáñez.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Agua y fomento industrial

Lorenia Velázquez*

Entre los documentos que revisé esta semana, hay uno que contiene estadísticas sobre la distribución del agua entre los distintos usuarios a nivel nacional de 1950 a 1988 y donde se hace una distinción entre el volumen de agua extraída y el volumen de agua utilizada por las distintas actividades, incluido el uso doméstico.

Releer las cifras de estas estadísticas (un cuadro de cinco renglones y seis columnas) y hacer una comparación entre los años, usuarios y actividades que presenta es hacer un repaso por los distintos episodios que ha vivido la economía nacional derivados de los objetivos de política económica, dictada a su vez por la dinámica de los países líderes.

El periodo de sustitución de importaciones de la década de los 40 del siglo XX creó una economía cerrada y sostenida básicamente por la siderurgia, la metalmecánica, alimentos, bebidas y tabaco, textiles, ropa y calzado cuya producción, como parte de la política, se dirigía fundamentalmente al mercado interno, es decir, producíamos lo que consumíamos y viceversa.

Las importaciones y las exportaciones fueron casi nulas como consecuencia también del periodo bélico mundial.

En las estadísticas que refiero, esto se refleja en una distribución del agua donde para 1950 el sector agrícola consumía el 99 por ciento del volumen de agua extraída. Ni la industria ni el agua potable se reflejan en estas cifras.

La incorporación de tecnología moderna en la década de los sesenta del siglo XX permitió inyectar dinamismo al sector industrial, creciendo casi al 9 por ciento anual en esos años. El contexto internacional fue fundamental para ello, sobre todo por el enorme flujo de inversión extranjera hacia países en desarrollo.

La búsqueda de reducción de costos de las grandes compañías mundiales y la posibilidad de segmentar los procesos de producción y relocalizar aquellos más costosos —sobre todo los intensivos en mano de obra— hacia países con bajos salarios fue aprovechada en México.

Para la frontera se crearon políticas específicas plasmadas en el Programa Nacional Fronterizo y el Programa Nacional de Industrialización de la Frontera Norte, iniciando así la era de las maquiladoras en 1966 que se propagaron en los siguientes años.

El auge maquilador, junto con las industrias tradicionalmente concentradoras de la actividad manufacturera ubicadas en el centro del país, así como el impulso para la creación de parques industriales, sientan los primeros elementos para el cambio estructural de la economía mexicana donde la industria jugará el papel central. Se comienza a vislumbrar también un cambio en el uso del agua.

El consumo industrial del agua pasó de representar del 2 por ciento del consumo total de agua extraída en 1975 al 5 por ciento en 1980 y al 6 por ciento en 1988. Como hasta ahora, el sector agrícola fue el principal consumidor, con 95 y 91 por ciento del total. Aparecen también los usuarios domésticos representados por el consumo de los organismos de agua potable cuyo consumo se mantuvo en 3 por ciento del total para esos años.

La relevancia de esta cifra es que mientras el consumo total apenas y se duplicó en este periodo, el consumo de agua realizado por la industria en 1950 se había multiplicado por diez para 1975. En 30 años (1950-1980) se multiplicó por 23. En términos porcentuales, este incremento es casi de 2 200 por ciento.

Esa es la historia. Actualmente, a nivel mundial, la industria utiliza el 22 por ciento del volumen total de agua disponible, y llega casi al 60 en países de elevados ingresos y tecnificación. Si el futuro de la economía mexicana sigue la ruta de las tendencias mundiales, habría que preocuparse más en el tipo de industrias que nuestras regiones soportan en términos de recursos naturales y no sólo en los valores monetarios y la derrama económica que reportan. De otra forma, más que elevar los niveles de bienestar —que debiera ser el objetivo del fomento de esta actividad—, los deteriora.

*Profesora Investigadora del Centro de Estudios del Desarrollo de El Colegio de Sonora. lvelaz@colson.edu.mx