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FOTO DE LA SEMANA: “Ojos de búho”

La imagen fue capturada por Pedro Yáñez.

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En la actual política de seguridad urbana el Drácula ya no tiene cabida

Milton Aragón Palacios*

 

En la película Ritmo, traición y muerte: la cumbia asesina (1991, Christian González) la historia se desarrolla en lo que actualmente es la parte negada de la gran metrópoli de la Ciudad de México: sus arrabales, chabolas, la otra ciudad. La trama principal es el triángulo amoroso entre el comandante de la policía judicial apodado el Drácula (Sebastián Ligarde), el jefe de una pandilla apodado el Combi (Jorge Luke) y la vendedora de mostrador llamada Carmen (Eva Garbo). Dejando de lado las escenas eróticas y la tragedia que el nombre de la protagonista conlleva, la película documenta algunos de los usos y costumbres de la antigua policía judicial inscritos en el imaginario de los mexicanos: corrupción, extorsión, secuestro, uso excesivo de la fuerza, entre otras, perpetradas por el Drácula y sus socios.

Lo anterior viene a colación por un texto de Marcelo Ebrard titulado “El futuro de nuestra seguridad urbana”, publicado en la versión para Latinoamérica de la revista Foreign Affairs de abril-junio del presente año. En dicho texto menciona que la reducción de la criminalidad en la Ciudad de México se debió a la aplicación de una política de seguridad urbana basada en el supuesto básico de que: “el respeto a las normas se deriva del desarrollo humano, de las libertades y derechos, del acceso al bienestar y del fortalecimiento de los valores comunes. [Entonces] una política de seguridad que constriña o conculque los derechos de las personas está condenada al fracaso”. Bajo este supuesto fundamental el individuo no debe de ser violentado en sus derechos básicos como ciudadano, pero, a su vez, siguiendo las ideas de Charles Taylor y George Simmel, el individuo adquiere obligaciones con la comunidad. Eres libre de ser y actuar como sujeto pero no transgredas las formas de ser y actuar del “otro”. Es un juego de derecho/obligación entre un sujeto y un otro. Derivado de esto, se parte del principio de que los encargados de resguardar la seguridad no violenten las libertades de los individuos, lo cual implica un gran cambio a nivel cualitativo en la procuración de justicia en México.

Para describir la estrategia de seguridad en la Ciudad México, Ebrard hace una analogía sobre una mesa y sus cuatro sostenes que hacen referencia a los programas y acciones implementados. Los ubica en un mismo nivel en lo discursivo, pero en la práctica tienen implicaciones directas y concretas sobre la reducción de la inseguridad. Los sostenes son: 1) inclusión y cohesión social (programas de becas, comedores comunitarios, hospitales públicos, recuperación del Centro Histórico, movilidad alternativa); 2) expansión de libertades y derechos (legalización del aborto y sociedades de convivencia; 3) expansión de la inversión pública y privada, y 4) policías, tecnología e impartición de justicia (aumento en los grados de estudio de los cadetes de policía, sistema de monitoreo mediante cámaras de vigilancia en la ciudad, evaluaciones de los ciudadanos a los policías, seguimiento de los tiempos de reacción, acción, investigación y denuncias de extorsión). El punto cuatro es el de mayor soporte en la reducción de la inseguridad, donde sus principales aciertos son la profesionalización del personal de seguridad y las medidas de control y vigilancia sobre ellos por parte de la ciudadanía, porque al haber mayor vigilancia y participación ciudadana, los grados de libertad para actuar impunemente son menores por parte de los encargados de procurar la seguridad en todos los niveles.

Por lo tanto, el Drácula podía hacer sus fechorías por el hecho de que no había nadie a sus espaldas que lo estuviera vigilando y evaluando sus funciones, pero en el contexto de una política de seguridad urbana como la implementada en la Ciudad de México, sus prácticas serían vigiladas y probablemente terminaría recluido en alguna cárcel. No obstante, hay que tener en cuenta las palabras de Foucault en su libro El poder, una bestia magnifica: “La libertad es una práctica. En consecuencia (… ) la libertad de los hombres nunca es asegurada por las instituciones y las leyes que tienen por función garantizarla”.

*Investigador del Centro de Estudios de América del Norte (CEAN) de El Colegio de Sonora. jaragon@colson.edu.mx