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FOTO DE LA SEMANA: “Ojos de búho”

La imagen fue capturada por Pedro Yáñez.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Mario Velázquez se refiere a los imaginarios urbanos de Hiernaux

La forma en que los hombres utilizan, piensan e interactúan con el espacio es uno de los temas centrales de las ciencias sociales como la Geografía y la Sociología. Se pueden citar algunas obviedades al respecto: el espacio no es homogéneo, es continuo y resulta ser constitutivo de los mismos individuos y, por lo tanto, de sus sociedades. La distancia, proximidad y conformación de los espacios son dimensiones que influyen en las interacciones.

El libro Geografías de lo imaginario de Alicia Lindón y Daniel Hiernaux explora una de las dimensiones emergentes, aunque no enteramente nueva, para el estudio del espacio y la sociedad: el imaginario. Es respecto a este concepto que el libro tiene una primera gran virtud: presentar distintos textos que exponen y sintetizan algunos de los debates más importantes sobre el significado y los usos del concepto de “imaginario”.

Por ejemplo, Paul Claval en su texto “Mitos e imaginarios en geografía” lo define así: “El imaginario vuelve a estructurar las representaciones que los individuos elaboran del mundo exterior y las imágenes nutridas por sueños y fantasmas. Estas últimas son más independientes del entorno cercano. Son aún más interesantes porque las formas a las que corresponden y las aspiraciones de las que emanan son susceptibles de inducir comportamientos que vuelven a perfilar lo real” (p. 30).

Por su parte, Vincent Berdoulay en su texto “El sujeto, el lugar y la mediación del imaginario” lo define como: “un conjunto movedizo de imágenes movilizadas y modificadas por el sujeto en el curso de su actuar: este conjunto resulta de la actividad imaginativa del sujeto y no debe ser considerada a priori como algo estático. Debe verse como una de las mediaciones a través de las cuales el individuo construye su mundo…” (p. 50).

Alicia Lindón en su texto “¿Geografías de lo imaginario o la dimensión imaginaria de las geografías del Lebenswelt?”  retoma por su parte una definición de imaginario planteada por Bernard Debarbieux: “el imaginario geográfico es un conjunto de imágenes mentales relacionadas entre sí, que confieren —sea para un individuo o un grupo— un significado y una coherencia relativa a una localización, una distribución o la interacción de fenómenos en el espacio. El imaginario contribuye a organizar las concepciones, las percepciones y las practicas espaciales…”   (p. 71).

El texto de Daniel Hiernaux “Los imaginarios urbanos: una aproximación desde la geografía urbana y los estilos de vida” retoma la definición de Manuel Antonio Baeza: “Los imaginarios sociales son múltiples y variadas construcciones mentales (ideaciones) socialmente compartidas de significancia práctica del mundo, en sentido amplio, destinadas al otorgamiento de sentido existencial…” (p. 89).

Aunque no existe una homogeneidad en las definiciones, podemos ver que en muchas de ellas el imaginario es visto como un intermediario entre el espacio y los sujetos. En sentido sociológico, me parece que todas la definiciones presentadas ubican al imaginario en el problema sobre el orden social, es decir, el funcionamiento de aquellos elementos que permiten a los sujetos interactuar o integrarse a un grupo. En este sentido, el libro nos plantea retos de investigación interesantes hacia adelante: ¿cómo aprenden o transmiten los sujetos estos imaginarios? ¿Cómo es que algunos de estos imaginarios predominan sobre otros en determinados grupos o individuos?

Un segundo elemento que quiero resaltar de este libro se refiere a las propuestas concretas sobre el tipo de imaginarios que recorren la época actual. A este respecto, los trabajos de Dean MacCannell “Los dos imaginarios”; de Michaell Mafessoli “Posmodernidad afectual y megalópolis: la proxemia”, y el de Daniel Hiernaux me parecen dignos de resaltar. Esto no significa que en el libro se asuma que los imaginarios estudiados por estos autores sean los únicos, todo lo contrario, trabajos como el de Lindón ofrecen una interesante guía (por así decirlo) de los distintos tipos de imaginario que se han analizado: 1) lo imaginario a través de los exótico y lo lejano; 2) lo imaginario en términos del engaño (por ejemplo de la homogenización mundial y los mundos fragmentados); 3) lo imaginario a través de las estrategias de dominación y de control territorial; 4) imaginario suburbano como promesa de felicidad; 5) imaginario del retorno bucólico al mundo rural; 6) imaginarios del turismo, y 7) imaginarios de montaña.

El artículo de Dean MacCanell parte de un supuesto: la ciudad ha perdido algunas de las dimensiones que le daban centralidad y, con ello, da sentido a la constitución de identidades urbanas. ¿Qué nuevas identidades pueden crearse en una época donde ya no es posible moverse en los límites de las ciudades, zonas urbanas, países o continentes, sino en escalas globales o mundiales?

MacCannell propone que los dos imaginarios que pueden orientar la construcción de identidades son el turista y el migrante. El primero, como fenómeno que masivamente está reconstruyendo el funcionamiento de las ciudades por la llegada masiva de visitantes, circunstancia que da nuevo significado a las identidades y costumbres de los habitantes. La ciudad como destino cambia sus usos y sus necesidades. Una de las principales tensiones en la identidad de las ciudades es el tipo de reconstrucción que se hace: ¿es a partir de moldes fijos y homogéneos como Disneylandia?,  ¿o se produce una innovación y creación de relatos nuevos?

Por otra parte, una pregunta fundamental es: ¿cómo pueden las identidades (nacionales) continuar reproduciéndose y creándose en esta destrucción de las ciudades tradicionales? La respuesta para MacCannell está en la renovación por medio de la migración. El caso de Estados Unidos y su frontera de acero con México es paradigmático a este respecto. Para este autor, esta barrera más que generar una división crea nuevas dimensiones sobre la imaginación mutua. Por otro lado, la presencia de las comunidades de mexicanos o latinos en ciudades norteamericanas es para MacCannell la explicación de que en ciudades del sur de Estados Unidos exista un dinamismo, nuevas formas de usar las ciudades, nuevas formas de labor, colores, ritmos que les permite revitalizarse. Las características particulares de California se explican para este autor, en parte, por la presencia de estos migrantes.

Una postura diferente, pero no por ello menos significativa, es la de Michell Maffesoli. Al igual que MacCanell, este autor busca analizar algunas de las tendencias generales de la sociedad, que para él descansan precisamente en un uso diferente de los espacios urbanos, donde la convivencia ha dejado de estar directamente condicionada por la proximidad física (a la Durkheim), para estar condicionada por la proxemia: es decir, la percepción y el uso que los sujetos hacen del espacio físico. En la actualidad esta proxemia está mediada por tres elementos: lo afectual, las masas y las tribus. Para este autor esto significa que nuestra interacción es selectiva, primero por los afectos o las repugnancias hacia ciertos grupos, personas o actividades. Las personas ahora se reúnen en lo que Maffesoli ha denominado como las tribus, grupos de personas, no necesariamente próximas espacialmente, cultural o económicamente, pero que comparten el interés por una actividad o forma de pensar (práctica de un deporte, juego de video, pertenencia a una organización civil, estado civil  solteros, etcétera). Estos grupos son posibles en un contexto de nuevas tecnologías que permite las comunicaciones virtuales instantáneas y el transporte cada vez más rápido entre lugares. La pertenencia a estas redes-tribus dentro de las crecientes masas de población que vive en las ciudades genera nuevas formas de contacto y de distancia social.

Por su parte, Hiernaux analiza uno de los escenarios fundamentales de lo imaginario. Las ciudades. En este ámbito, el autor despliega un análisis que intenta mediar entre la macro- sociología y la micro-sociología, es decir, entre el imaginario como imágenes compartidas y las practicas individuales. Así, el imaginario urbano es diferenciado para los distintos actores sociales, estos son agentes activos que lo transforman a partir de su experiencia, prácticas y el lugar que habitan dentro de la ciudad. La parte social, entonces colectiva de los imaginarios, es construida por las instituciones sociales. Hiernaux plantea la existencia de tres imaginarios urbanos: 1) la idealización de la vida suburbana; 2) el regreso a la ciudad y la gentrificación, y 3) la ciudad cristal.