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FOTO DE LA SEMANA: “Bloqueo Vícam”

La imagen fue capturada por José Luis Moreno.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Observatorios Urbanos

José Ignacio Delgado Zepeda*

 

El pasado 30 de julio el CONEVAL publicó las cifras de pobreza 2012 para todo el país. Poco más de 53 millones de personas se encontraban en pobreza, y de ellos 11.5 millones vivían en pobreza extrema. Esto representó una leve disminución en términos relativos (disminución de 0.6 por ciento), pero en términos absolutos resultó en un aumento de 500 mil personas con respecto al 2010.

En cuanto a carencias sociales (acceso a educación, salud, alimentación, calidad y espacios en la vivienda, servicios en el vivienda, seguridad social), el informe muestra leves avances en la disminución del total de población con alguna o varias carencias, salvo en seguridad social donde aparece un ligero aumento de esta carencia.

Sonora siguió la tendencia nacional en este mismo periodo; la pobreza moderada solo disminuyó una décima porcentual (unas dos mil personas), mientras que la pobreza extrema aumentó una décima porcentual (unas dos mil seiscientas personas). Sin embargo, al hacer la comparación entre 2008 y 2012, el cambio es significativo: la pobreza moderada aumentó en 5.6 por ciento (alrededor de 168 mil personas) y la pobreza extrema un punto porcentual (cerca de 24 mil personas).

Por su parte, las carencias sociales en la entidad, el acceso a educación, seguridad social y alimentación aumentaron en 0.2; 4.7 y 4.2 por ciento respectivamente. En contraste, las carencias sociales como las de acceso a servicios de salud, calidad y espacios en la vivienda y servicios básicos de la vivienda disminuyeron en 22.3, 10.1 y 14.4 por ciento respectivamente en comparación con 2010.

Habrá que decir que el panorama no es alentador. Los datos parecieran indicar que se combate de manera equivocada contra un fenómeno social que crece estrechamente enraizado en la cotidianidad de las instituciones y el espacio público.

Y es que buena parte del problema está en las profundas contradicciones de un sistema de mercado que privilegia la acumulación y movilidad de capitales frente al bienestar humano. Contradicciones que también son expresadas entre la clase política gobernante y empresarial, y que atadas al paradigma desarrollista de los organismos financieros internacionales promueven reformas orientadas al mercado que hasta ahora solo han agravado la desigualdad y la pobreza en el país.

En especial, una reforma hacendaria de carácter regresivo como puede ser gravar alimentos y medicinas con IVA, implicaría que quienes destinan el total de sus ingresos al consumo de alimentos, destinen más al pago de impuestos, y quienes tienen mayores posibilidades de pagar más (y se han visto beneficiados por programas fiscales) paguen igual que los más pobres.

Los conflictos socio-ambientales son también expresión de estas contradicciones entre el capital y el bienestar, especialmente aquellos que involucran a comunidades indígenas. El afán por mercantilizar la tierra como territorio, los recursos naturales como dones y la cultura como lo sagrado, expone la naturaleza depredadora del sistema económico y la crisis de representación política en la que habitamos.