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La imagen fue capturada por José Martín Aguirre Villalvazo.

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Sursum. La voz de una juventud católica. Análisis de los contenidos publicados en un periódico laico de Hermosillo, 1942-1946. Jorge Mario Álvarez (2012).

Víctor Hugo Reyna*

Sursum. La voz de una juventud católica. Análisis de los contenidos publicados en un pe-riódico laico de Hermosillo, 1942-1946 (Álvarez 2012) es el primer estudio del periodismo que se publica en Sonora en cerca de dos décadas1. Esto no significa que sea el primer libro sobre periodismo publicado en nuestra entidad en casi veinte años, sino que es el primero que está sustentado en una investigación de corte académico, con una estructura mínima de marco conceptual, diseño metodológico y presentación de resultados. En otras palabras, es el primer libro sobre periodismo publicado en Sonora que en cerca de dos décadas va más allá de la enumeración de publicaciones y la recopilación de anécdotas.

En este sentido, el trabajo de Jorge Mario Álvarez sirve para sacar a los estudios del periodismo de la entidad del ámbito de los trabajos de titulación, restableciendo el nivel de entidades aledañas y remotas. A su vez, confirma que la creciente influencia de la línea de investigación de historia e historiografía reseñada en el único estado de la cuestión hasta ahora publicado (Cf. Covarrubias y Reyna 2011, 91-93) obedece más a la calidad que a la cantidad de los trabajos que produce.

Originalmente presentado como tesis para obtener el título de Maestro en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora, se trata de un estudio que indagando en los contenidos publicados en un periódico laico de Hermosillo procura “recrear el mundo socio-religioso del laico, para así examinar las acciones sociales de la Iglesia y, en este caso en particular, el de un grupo de jóvenes laicos o seglares” (Álvarez 2012, 20). De esta manera, analizando la expresión escrita de una generación de creyentes, el autor intenta determinar el perfil de sociedad por ellos trazado en respuesta a los procesos de industrialización, modernización y secularización derivados de la toma de postura de México en la Segunda Guerra Mundial.
Ahí encuentra que Sursum, una publicación mensual de la Asociación Católica de la Juventud Sonorense (ACJS), privilegia la función instrumental del periodismo y sirve como medio para encuadrar y censurar una amplia gama de doctrinas y prácticas: comunismo, consumismo, educación laica —entendida como aquella que no se basa en alguna doctrina religiosa—, indiferencia religiosa, modernidad, protestantismo, publicidad, sindicalismo y socialismo, entre otras. Es decir, expone el discurso dicotómico a través del cual el órgano de la ACJS intenta reinsertar los ideales católicos en la sociedad sonorense.
Entre los principales hallazgos de este trabajo destaca la desmitificación de la figura de Abelardo Casanova, una de las referencias del periodismo de Sonora. En contraste con la imagen del demócrata —contrario al autoritarismo y partidario de la denuncia ciudadana—acentuada en diversos estudios y reseñas (Cf. Almada 2010, 56-61; Burrola 1994, 117-118; Gil 2007, 1F), Álvarez muestra la versión más conservadora de Casanova, primer director de Sursum. Para tales efectos, cita una serie de artículos firmados por el célebre periodista sonorense donde plasma el discurso dicotómico antes referido y cierta inclinación hacia el autoritarismo:
La dictadura declarada y fuerte es aceptable y necesaria cuando los ánimos de un pueblo están desbordantes, y su administración corrompida y su ruina inminente. Un hombre que usa la mano de hierro para aplacar demagogia, estabilizar la armónica convivencia y dejar preparada una era de bienestar popular deseada por el pueblo, será más democracia que más que los mil y uno declamadores políticos que infectan el ambiente universal (Casanova en Álvarez 2012, 175).
[N]o es la lucha de clases la que ha de determinar el bienestar de los trabajadores de México y del país en general, sino el logro de una perfecta armonía entre patrones y obreros que haga fructificar por igual las iniciativas de los unos y el sudor nobilísimo de los otros (ibíd., 149).
Ya conocemos el comunismo, hemos visto como Rusia se tiñe de rojo, ante un porvenir de negras perspectivas. Hemos visto banderas de rojo y negro donde había estado una tricolor o donde se había alzado una cruz […]. El comunismo no es planta que prenda en ninguna parte, porque va en contra de la naturaleza humana (ibíd., 138-139).

No obstante, de alguna manera consciente de la magnitud de la figura de Casanova y de sus posteriores contribuciones al periodismo y a la cultura sonorense, el autor matiza sus hallazgos:
Tal vez no se vislumbra en un sentido amplio la adhesión sinarquista de la nota periodística de Casanova […]; no obstante, en lo que respecta a la propuesta de la dictadura, hay que tomar en cuenta su contexto. Para ese tiempo, los jóvenes acejotaeseros habían estado en contacto con muchos personajes que sí simpatizaban con ideas dictatoriales como Luis Calderón Vega, presidente de la Confederación Hispanoamericana de Estudiantes Católicos y padre del actual presidente de México (Álvarez 2012, 176).
Aunque Álvarez piensa su estudio desde la sociología de la religión, algunos de sus descubrimientos pueden ser analizados desde la sociología del periodismo. Por ejemplo, al discutir la autodefinición del periodismo practicado en Sursum —obviamente, manteniendo la dicotomía entre el bien y el mal para fortalecer la campaña a favor de la buena prensa—, el autor alude a lo que en la sociología del periodismo se denomina como ritual estratégico de la objetividad; es decir, a los recursos a los que apelan los periodistas para presentar su información como fidedigna y defenderse de eventuales críticas (Cf. Tuchman 1999, 199-202):
Las elecciones estaban próximas; para finales del periodo de Ávila Camacho, el candidato presidencial Ezequiel Padilla había llegado a Hermosillo, para hacer campaña proselitista. Sursum hizo notar que en el mitin había más de 10 mil personas, mientras los otros periódicos —que según los simpatizantes de Padilla y del propio Sursum, estaban pagados por seguidores de Miguel Alemán—, reportaban que había sido un mitin frío y desierto (Álvarez 2012, 78).

Una de las prácticas más constantes de la USCS fue atacar las inmoralidades de la sociedad, y junto con la Iglesia, lanzó una campaña moralizante que criticó a las revistas y periódicos que publicaban notas inmorales e imágenes pornográficas. Se exhortaba a todos los católicos a no consumir ‘periódicos o revistas que publican novelas románticas y sensuales, que llevan estampas provocativas, o que narran cuentos llenos de exageraciones’ (Ibíd., 107-108).
En este sentido, Sursum no sólo intenta cimentar sus prácticas periodísticas en “una fe en los hechos, una desconfianza en los valores, y en un compromiso en su segregación”2 (Schudson 1978, 6), en el ideal del testimonio objetivo institucionalizado en el periodismo de Estados Unidos durante la década de 1920, sino también procura legitimarse como perro guardián de los intereses de la sociedad al fiscalizar y monitorear las acciones y las cuentas de los grupos de poder, en especial durante la campaña que llevaría al oficialista Roberto E. Romero a la presidencia municipal de Hermosillo en 1946: Todavía no se formaba el comité de campaña de Israel González, cuando Sursum ya reportaba anomalías en la campaña electoral para beneficio del candidato oficial […]. La desconfianza en el partido oficial era tal, que cualquier irregularidad involuntaria en que incurría el comité de empadronamiento se tomaba como una amenaza para el proceso electoral (Álvarez 2012, 171).

Otra característica de Sursum que también se puede abordar desde la sociología del periodismo es su dependencia económica e informativa. Analizándolas como limitaciones e influencias estructurales, se puede entender y explicar la incidencia de la publicación en las prácticas periodísticas que censura —el sensacionalismo y la distorsión de la realidad— y su adhesión a la línea editorial de la Unión de Señores Católicos de Sonora (USCS), que al convertirse en su principal proveedor de capital también asume la función de proveedor de información. Por lo tanto, tanto su corta vida como su insistencia en establecer una agenda en contra de doctrinas aparentemente ajenas a su zona de influencia, como el comunismo y el protestantismo, están estructuralmente determinadas.
Así, además de articularse a través del “discurso apocalíptico, característico del integrismo” (Álvarez 2012, 134), sus campañas de pánico moral en contra de todo aquello que encuadra como contrario a los ideales católicos pueden ser conceptualizadas como un producto de la fusión entre información y espectáculo, objetividad y sensacionalismo, que deriva de la masificación del periodismo iniciada a mediados del siglo XIX y de su afán por conquistar e influir en las audiencias lo más amplias posible (Cf. Lipovetsky 2000, 53-54; Reyna 2012, 50-53). En este caso, incluso tratándose de un periódico sin fines de lucro, la amalgama entre los valores y los anti-valores del periodismo atraviesan la producción de los contenidos analizados.
Sin duda, Sursum no resiste un análisis desde el modelo de democracia liberal como el que eleva Álvarez: aunque también apela a los ideales de objetividad y fiscalización para intentar legitimar su función social, se trata de una publicación mayormente reactiva que concibiendo al periodismo como zona de combate erosiona sus prospectos democráticos y normaliza la violencia en contra de todo lo que caracteriza como indeseable y peligroso.

Sin embargo, lejos de determinar que el periodismo religioso es tan indeseable y peligroso como lo que ataca, su ejemplo deja algunas preguntas abiertas: ¿es el periodismo religioso necesario en la sociedad contemporánea, cuál debe ser la función principal tal periodismo religioso y cuáles son los aciertos y los errores del pasado a partir de los cuales se puede reconstruir?
C. Edwin Baker, Jürgen Habermas y Roger Silverstone dan algunas pistas. El resto tiene que ser recabado mediante estudios como el que presenta Jorge Mario Álvarez.

*Docente e investigador del periodismo. Licenciado en Periodismo por la Universidad Kino, Maestro en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora y candidato al título de Maestro en Periodismo por la Universidad de Buenos Aires. Se desempeña como asistente de investigación en el Centro de Estudios de América del Norte y como docente en la Licenciatura en Periodismo de la Universidad Kino. Correo electrónico: vreyna@colson.edu.mx