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FOTO DE LA SEMANA: “A la orilla…”

La imagen fue capturada por Ana Rosa Sánchez.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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“La puerta oculta” de Arturo Kasiyas

Juan Carlos Reno abrió la puerta para entrar a la recámara de su madre, dio unos pasos y se encontró en un lugar extraño. Desconocido. En exceso iluminado. Encandilado, cerró los ojos. En acción refleja, colocó sus brazos al frente esperando tocar algún objeto y, evitar así, estrellarse con él. Al sentirse inseguro, se detuvo. Su corazón latía con rapidez. Perdió el ritmo lento de su respiración. Estaba angustiado y temeroso. Empezó a temblar.

Es el inicio de la historia en la novela más reciente de Kasiyas: La puerta oculta. En la obra, Juan Carlos es un niño de nueve años, huérfano de padre, a quien se le aparece el diablo (en la realidad o en sueños, no lo sabe). Acude a su tío, Misterio Santamaría, quien se muestra interesado por los hechos y decide investigar las razones de su aparición, por qué precisamente le sucedió a su sobrino y por qué en esa casa, donde habita el niño con su madre. A partir del momento en que Misterio se involucra, se teje la serie de acciones que van a dar el sustento narrativo al relato a lo largo de los 29 capítulos de los que se compone la obra.

Un lugar significativo dentro de las letras mexicanas ocupa la literatura escrita por autores que radican en el territorio conformado por los estados del norte de México. A ese movimiento, cuya presencia adquirió notoriedad a fines del siglo pasado, se le va  a conocer como el de la Nueva narrativa del Norte. Este  fenómeno, que se extiende por todos los estado fronterizos, va  a tener un marcado desarrollo en las ciudades de la frontera entre México y Estados Unidos. Sus características y proceso de evolución han sido ampliamente documentados por la crítica (Gómez Montero 1987; Llarena, 2007; Rodríguez Lozano 2009).

En ese contexto podemos ubicar la obra de Arturo Kasiyas. El autor es nativo de Tepic, en el estado de Nayarit, pero avecindado en Mexicali, Baja California, lugar donde combina su actividad de escritor de textos de ficción con la de periodista (en abril de 2013, cumplió cuarenta y dos años en el ejercicio periodístico). En esta actividad ha sido reportero y jefe de Información en el diario La Voz de la Frontera, director del diario Novedades de Baja California, fundador y director general del Semanario Mayor.

El texto presenta características de referirse a una leyenda: “De pronto recordó aquello que le comentara Eladio Flores Pacheco, el hombre que les vendió la casa, respecto a que, en la ciudad se decía que era La Casa Embrujada.” (44)

O por esta especie de rumor que se extiende entre los habitantes de la ciudad: “Las versiones rebasaron los límites de los vecinos, de la colonia y del tiempo. De La casa embrujada se escribió en los periódicos de la época y, un día, años más tarde, hasta apareció en la televisión cuando se presentó un reportaje sobre hechos sobrenaturales registrados en Mexicali.” (198)

Maleficio iniciado por un suceso que se dio al momento de la construcción, lo cual acarrea una especie de maldición sobre la casa y provoca la desaparición del hijo del antiguo dueño y, en la vivienda referida, el ocultamiento de la habitación que pertenecía a ese niño.

Santamaría decide esperar la ocasión para entrar a ese cuarto. Lo hace llevando consigo a su sobrino. Ahí, el diablo se les presenta en forma de una gran flama. Propone un acertijo a resolver y una pista que debe seguir el personaje adulto.

Una de las características de la narrativa fronteriza es la representación del espacio tomando el nombre de esas ciudades como referente, y el cual, como  Luz Aurora Pimentel lo plantea en El espacio en la ficción: “es un espacio significante y, por lo tanto, el nombre que lo designa no solo tiene un referente sino un sentido… (2010: 31). El sentido que le otorga el nombre de la ciudad. Así, Mexicali, como ciudad fronteriza, tiene una carga semiótica construida a través del tiempo alrededor de la comida china, y que en la novela está presente: “El domingo, día de visitas a familiares, a comer en restaurantes donde sirven comida china, de preferencia en El Dragón, por la calzada Benito Juárez.” (26). Uno de los restaurantes de mayor prestigio, situado en una calle tradicionalmente turística de esa ciudad..

O cuando, más adelante, se refiere a un locutor muy afamado en la localidad: “La muerte del grafitero no fue comentada por Augusto Hernández Bermúdez, en su programa matutino de radio, lo que para varias personas indicaba que el suceso no era cierto.”(199)

En busca de la resolución del acertijo, después de haber platicado con el capataz que estuvo a cargo de la construcción, Santamaría y su sobrino se dirigen a la ciudad de Tepic en busca del antiguo dueño de la “casa embrujada”, quien les cuenta las razones de la maldición —aunque después le notifican que aquel había muerto casi diez años antes—. Mientras platican, el hombre les da una nueva clave: “Medítelo: la respuesta se encuentra en la cúspide y en la profundidad. En los dos sitios, no en uno solo.”(210).

Después, sobre un cerro, en compañía ahora de una joven mujer, Martha Olga, quien es su guía en la ciudad, se encuentran con  una inmensa nube negra con la cara del demonio. Entre truenos y relámpagos repite las palabras clave que ya había dicho en el encuentro anterior. Su referencia al paisaje que se le revela le da la solución al misterio. Luego habrá un encuentro y lucha final con el diablo en un pozo profundo. Al grupo, como guía, se ha unido Vicente, un antiguo rival de satanás, a quien previamente había derrotado. De nuevo, este es vencido.

—Vicente, se acabó la maldición.

—Así parece —logró esbozar una sonrisa. Su cuerpo le dolía. (283)

Escritor de estilo rigurosamente descriptivo, Kasiyas ha publicado otras obras: De viaje con la muerte (Premio Anual de Literatura otorgado por el Patronato “Juan Rodríguez Sullivan”, en Baja California), Los Olvidados de siempre (Tercer Lugar en los Certámenes Literarios de Ensayo, Cuento y Juegos Florales “Fundación Mexicali”),  Los herederos de Scammon (Primer Lugar en Novela, en los mismos certámenes), Horas de angustia (1996) y Los sonidos del desierto (1999).

De regreso a Mexicali, Misterio pone en acción el mecanismo que solucionará en definitiva el problema de la casa embrujada: “La Cruz de Caravaca tocó fondo. Quedó fija.”(314)

Y pondrá en normalidad cotidiana la vida de los personajes. Pero, no sin resistencia:

Fue un sonido extraño. Misterio pensó en que una locomotora se acercaba. Algo así como el ruido del tren subterráneo. Un ruido sordo… luego llegó un estruendo. Como si la casa se fuera a derrumbar. En la calle los postes se movían. Los cables se mecían. El ruido de cristales rotos. Gritos desesperados de muchas personas. Alcanzó a ver cómo parte de la fachada de una casa vecina se vino abajo. Se escuchó el caer cercano de tejas. Hizo el intento de contar los segundos para calcular la duración del temblor y perdió la cuenta porque el movimiento telúrico se mantenía, y se dedicó a observar. (314-315)

Es la descripción del terremoto (siete grados Richter) que se presentó en la ciudad el 15 de julio de 2009.

En la narración tienen lugar ciertos aspectos que se relacionan con la vida en la frontera, como el fenómeno de la migración, como se ve en el siguiente fragmento:

Al informarle a Yadira Tulipanes que la deportarían a su país, por Mexicali, Baja California, solo atinó a decir <está bien>, con un volumen de voz apenas perceptible por la persona que tenía enfrente. Hubiera respondido igual si le dicen que la trasladarían a Quintana Roo, a Nuevo León, a Veracruz. Al fin del mundo. (135)

Otra característica es que estamos ante el proceso de la propia escritura de la novela. Misterio Santamaría es un escritor de relatos que abordan temas sobrenaturales. De ahí su interés por descifrar el caso.

Durante la lectura del relato vamos, junto con el narrador, viendo la construcción del mismo. Así, el personaje escritor, que no es el narrador (este es omnisciente), va dando pistas de la propia escritura: “Misterio aprovechó para ordenar los datos recién logrados…” (167).

Y, al final de la novela da cuenta de lo siguiente:

Misterio movió la cabeza de un lado a otro. Sonrió y, abrió una ventana. Una corriente de aire fresco le tocó el rostro y penetró a la habitación. Llevaba consigo el olor a mar. Respiró hondo y volvió a la silla. Se llevó la taza con té a la boca y, tras beber dos tragos, la colocó a un lado del escritorio. Lejos del teclado, no de su mano.

Abrió y cerró sus manos en varias ocasiones. Una vez más observó el cursor que aparecía y desaparecía.

Entonces escribió:

La puerta oculta. (342)

En conclusión, El cuarto oscuro presenta características de una narración que puede leerse como relato costumbrista, como regionalista, como novela de viajes, de investigación o, bien, de suspenso. Pero, sobre todo, como un texto de la cultura, por sus amplias referencias a la historia y cultura de la ciudad de Mexicali.

Una última observación: la novela se pasa del capítulo 12 al 14. En el lugar donde debería estar el 13 se presenta el siguiente aviso:

Aquí faltó el contenido de un capítulo con su respectivo número. Previendo que el Demonio aprovecha cualquier oportunidad para tender trampas, imponer su voluntad e incrementar el número de almas en el infierno, se buscó eliminar cualquier tentación.

No es por superstición.

La historia continúa en la siguiente página. (165)

El autor, en su quehacer como fotógrafo, cuenta con doce exposiciones fotográficas individuales, y ha participado en más de setenta exposiciones colectivas.

Sus trabajos se han publicados en una docena de libros, entre ellos: “Rutas de la Luz.- El paisaje de Baja California”, “Cuerpos en Fuga”, “En Tiempos de Danza. Encuentro Binacional de Danza Contemporánea 1993-2002” y “Memoria Documental del Proceso Electoral – Baja California 1998”, así como en medios de comunicación de México, Argentina, Brasil, España y Uruguay.

Premio al Mejor Reportaje Periodístico, por su trabajo sobre las pinturas rupestres en la Península de Baja California.

Premio Nacional de Periodismo y de Información, 1981, por el reportaje: “La Muerte Acecha a un Niño”.

Kasiyas, La puerta oculta, México: Inycre Editorial y Diseño, 2013, 383 pp.