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FOTO DE LA SEMANA: “A la orilla…”

La imagen fue capturada por Ana Rosa Sánchez.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Temporada de informes y de huracanes

Álvaro Bracamonte Sierra*

 

Corren los meses en los que la incidencia de tormentas tropicales y huracanes es mayor. La temporada se extiende hasta noviembre, así que estos fenómenos naturales seguirán presentándose y castigando al diezmado territorio nacional que aún no se sobrepone a los deterioros causados por “Manuel” e “Ingrid”. De hecho, las autoridades se hallaban en labores de recuento de los daños cuando de nuevo intensas precipitaciones inundaron zonas ya anegadas, especialmente del puerto de Acapulco. El número de víctimas fatales aún no se sabe pues aumenta conforme baja el agua de nivel; pero en materia de daños materiales ya pasaron a constituir, después del terremoto de 1985, el peor desastre natural.

Al igual que sucedió con aquel fatídico temblor, las repercusiones sobre las finanzas públicas y en general en el desempeño de la economía serán mayúsculas. El sismo recrudeció el prolongado estrés financiero que entonces padecía la tesorería nacional y desaceleró brutalmente el crecimiento económico durante 1986 y 1987. El actual secretario de Hacienda, Luis Videgaray, ha anticipado que la destrucción dejada por las torrenciales lluvias acentuará la desaceleración que registra el PIB. Antes de los ciclones el pronóstico había sido ya ajustado en un par de ocasiones: de casi 4 por ciento que se programó a principios de año, a sólo 1.8; ahora, con los estragos causados por “Manuel” e “Ingrid”, la SHCP ha aceptado que ni siquiera esta meta podrá conseguirse.

Todo apunta a que el 2014 será un año difícil; serán inevitables, para empezar, las reconsideraciones al presupuesto de egresos, lo que implicará el replanteamiento en muchas de las actividades que las dependencias se habían trazado cuando recibieron información sobre el monto que ejercerían. Un ejemplo pudiera ser Conacyt, que recibió un incremento cercano al 20 por ciento. La necesidad de recursos para la reconstrucción de carreteras, escuelas, campos agrícolas siniestrados, casas destruidas, etcétera, seguramente implicará recortes en el recurso previamente asignado.

Alrededor de estos asuntos transcurre buena parte de las conversaciones de los habitantes de la Ciudad de México. Pude advertirlo luego de visitar la capital por varios días y de charlar con colegas que acudíamos precisamente a atender una invitación de Conacyt. Desde luego no eran los únicos temas de conversación; lo son también las interminables marchas y plantones que por momentos estrangulan las vías primarias del Distrito Federal. Los maestros de la CNTE tienen ya más de tres meses protestando contra la reforma educativa. Primero se asentaron en el Zócalo, y tras ser desalojados en la víspera del día del Grito, ahora están instalados en la amplia banqueta que rodea al monumento a la Revolución.

Interesado en observar cómo transcurre el plantón magisterial, visité el campamento de Revolución: lonas nuevas y viejas se extienden en los alrededores del monumento. Al interior de éstas se levantan pequeñas carpas donde dormitan los profesores en protesta. A los lados, en hornillas improvisadas, se calientan los alimentos para los paristas. No vi ningún dispositivo sanitario; quizá estaban en otra parte pues, de no ser así, los malos olores serían insoportables.

Los profesores están organizados por secciones. A simple vista se advierte que la más nutrida es la 22 de Oaxaca; si hacemos caso a los medios de comunicación, es la más combativa y numerosa. Cada seccional realiza sus propias asambleas y organiza sus actividades, incluidas las recreativas. En una de ellas, un cantautor callejero interpretaba música alusiva a la rutina urbana de la capital. Más allá se escuchaban viejas canciones de la trova latinoamericana, mis favoritas en la etapa universitaria. Por lo que pude atestiguar y por los planes que anuncian en el corto plazo, todo indica que no tienen contemplado levantar pronto el plantón y volver a las aulas. Para ellos, así lo afirman, la lucha que sostienen es su forma de vida; podremos estar o no de acuerdo con ellos pero su entereza y entusiasmo quedan a prueba de cualquier duda: así interpretan la realidad.

Los desastres naturales y las dificultades viales que provoca el conflicto magisterial coincidieron con el primer Informe de la administración del jefe de Gobierno capitalino, Miguel Mancera, de extracción perredista. Caminando entre las carpas del plantón, recibo un periódico que resume los logros de la administración mancerista. Una rápida lectura confirma la impresión que deja la liturgia de los informes: es ocasión para el lucimiento, para magnificar los logros, para ensalzar la inversión aplicada en éste o en otro programa; para decir que han creado muchos empleos y que éstos son significativamente superiores a los generados en gestiones anteriores.

El de Mancera no fue la excepción, como tampoco lo fueron el último de Gándara y el primero de López Caballero en Hermosillo. Es la fecha del autoelogio; en ello no cabe la autocrítica que tanta falta hace en los tiempos difíciles que corren.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.