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FOTO DE LA SEMANA: Sin título

La imagen fue capturada por Gabriela Salido.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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El mejor aliado

 

Álvaro Bracamonte Sierra*

 

El presidente Peña Nieto ha puesto toda la carne al asador: en el Congreso se discutirán varias de sus propuestas que darán, para bien o para mal, un nuevo rostro a la arquitectura institucional mexicana. Están la energética, la hacendaria y por ahí, como no queriendo la cosa, se atisba la reforma política. Transitar la pantanosa aduana legislativa representa el principal desafío de la agenda reformista del peñanietismo. Sabedor de esta circunstancia auspició un espacio paralelo para negociar con mayor soltura los cambios aludidos. En efecto el Pacto por México se convirtió en una instancia que eludía parcialmente el debate en el pleno del Congreso pues discutirlas allí era riesgoso dada la escurridiza disciplina que campea en algunas bancadas.

El Pacto ahorraba ese trance engorroso y peligroso. Con eso en mente el Presidente acordó los ajustes constitucionales en materia de telecomunicaciones y financiera y se disponía a despejar el camino para las otras. Pero cuando el Gobierno federal requería más efectividad de las cúpulas partidarias, éstas empezaron a cuartearse. Las dificultades empezaron probablemente con las contradicciones que los pactistas generaban al interior de cada organización política. Madero, por ejemplo, estuvo sometido a un intenso “fuego amigo” capitaneado por el ex secretario de Hacienda, Ernesto Cordero. Jesús Zambrano está siendo torpedeado por varias tribus principalmente las lideradas por el controvertido René Bejarano.

Tan duros son los cuestionamientos que las reformas referidas no pudieron ser consensuadas en el Pacto por México: el Gobierno puso sobre la mesa su propia reforma hacendaria, la energética y seguramente pronto hará lo conveniente respecto a los asuntos político-electorales. Los panistas no presentaron propuesta fiscal pero han criticado severamente la oficial y adelantaron que votarán en contra. Los perredistas, por lo menos sus dirigentes con sello “chuchista”, la apoyaron en lo general pero cuestionaron aspectos específicos; en cuanto a la reforma petrolera, la izquierda hizo una proposición drásticamente distinta a la gubernamental.

Aunque no se sabe aún la naturaleza y alcance de la reforma política es de esperarse que se complique un acuerdo aceptable por todos, a propósito de las distintas visiones que tiene cada partido acerca de los cambios requeridos en el código electoral. En este asunto hay cercanía entre panistas y los del sol azteca pero un abismo los separa en cuanto a las reformas hacendaria y energética. La distancia entre panistas y el Gobierno federal se estrecha en la segunda y se amplía en la primera.

A como se aprecia el panorama, los 120 días que transformarían a México, anunciados por EPN en el marco de su primer informe, penden de un hilo. Para concretar la proclamada transformación es indispensable el apoyo de la mayoría de las fuerzas políticas representadas en San Lázaro. De otra manera la promesa quedará en uno más de los múltiples episodios fallidos de la historia nacional.

En ese contexto, resulta algo kafkiano lo que pasa en Sonora. Mientras que el gobernador Padrés se esmera en mostrarse como buen interlocutor con la Federación, su partido, el PAN Sonora, se afana en desacreditar las reformas de Peña Nieto, particularmente la hacendaria: se opone al IVA en colegiaturas, en alquileres, en créditos hipotecarios; rechaza el incremento de ese mismo impuesto en la frontera. Igual hace con el gravamen a las importaciones y exportaciones de las maquiladoras. En fin se opone a todo.

Muestra el panismo local su rechazo con tanta enjundia que pareciera acatar una instrucción del ejecutivo estatal. Pero, como decíamos, al mismo tiempo que sube de tono la campaña anti impositiva, el mandatario sonorense no desaprovecha oportunidad para declarar a todos los vientos que es el mejor aliado del Gobierno federal. Se lo dice a los secretarios que visitan la entidad, se lo repite a los funcionarios federales de menor jerarquía que se dan una vuelta por Sonora. Se lo comenta a todos los que acuden al estado mientras sigue esperando la visita de Peña Nieto pues es hora de que el Presidente no se aparece por la entidad.

La actuación del gobernador sonorense y la del dirigente de su partido exhiben una contradicción evidente: la del doble discurso que tanta desconfianza despierta entre los actores políticos. Esta discrepancia entre el decir y el hacer ha sido quizá el principal rasgo de Guillermo Padrés al frente de los destinos de Sonora. De esto hablaremos en la próxima colaboración justo en la víspera de su cuarto informe.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.