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FOTO DE LA SEMANA: Marilyn y su hermano

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Año de tensiones y ausencia de autocrítica

Álvaro Bracamonte Sierra*

 

Han pasado cuatro años de alternancia política en Sonora. En este tiempo algunas cosas han cambiado y muchas otras siguen inalteradas, ni para bien ni para mal, sencillamente siguen iguales. Para los nóveles e inexpertos —no todos— administradores surgidos de las filas blanquiazules, han sido años de aprendizaje, de encarar dificultades mayúsculas que a veces superan sus propias capacidades. Pero están aprendiendo y podría asumirse que no los han desbordado si se considera que las cosas pudieran estar aún peor.

Quizá una característica notable y digna de mencionarse es la estabilidad en el grupo gobernante. Pensemos en la administración estatal anterior, la de Eduardo Bours; no hace falta mucha memoria para recordar los frecuentes relevos que se registraban en los primeros puestos del organigrama gubernamental. Cada seis meses o a lo sumo cada inicio de año eran removidos cuatro o cinco titulares, en una tónica de mudanzas y enroques que prácticamente se mantuvo en los seis años de boursismo. En la administración padresista hemos visto lo contrario: una estabilidad a prueba de todo, pues no se cuartea aun con los numerosos aprietos experimentados derivados en muchos casos de la incapacidad de los encargados del despacho.

Los primeros tres años de Gobierno panista se beneficiaron del manto protector de una presidencia igualmente blanquiazul. Esa condición favoreció las gestiones que se expresaron en las decenas de obras contempladas en el Sonora SI y en la construcción de vialidades, principalmente en la capital sonorense. Antes de los comicios del 2012, las autoridades panistas y su partido se frotaban las manos seguros de que obtendrían una contundente victoria electoral y, por tanto, una cómoda ventaja en el Congreso local. De acuerdo con sus previsiones, esta correlación legislativa eludiría los vetos en temas cruciales como el del presupuesto de egresos e ingresos.

Pero las cosas no les salieron así: el Congreso permaneció dividido, se perdieron alcaldías importantes y, para colmo, la aspirante del PAN a la presidencia del país quedó en un lejano tercer lugar. Estas circunstancias obligaban a actuar con paciencia e inteligencia a fin de transitar sin mayores turbulencias por un sendero que se divisaba repleto de obstáculos: la capacidad y la habilidad de los operadores políticos se pondría a prueba con el establecimiento de las nuevas coordenadas de la gobernabilidad estatal.

Todo indicaba que procedería el acuerdo y la negociación, ya que el hombre fuerte del priismo sonorense era y es un personaje pragmático y eventualmente cercano a los ánimos de Guillermo Padrés. La gobernabilidad enfrentaría su primer examen con la venia de la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos para el 2013. Esta se logró sacar a duras penas, pues los tricolores la rechazaron pese a que en comisiones la habían aceptado. Ese paquete incluía los conocidos impuestos sobre la tenencia y ajustes adicionales en las tarifas de los servicios prestados por el Gobierno.

La aprobación se formalizó a mediados de diciembre de 2012, y para fines de ese mes ya era claro el malestar ciudadano surgido luego del consentimiento de los diputados oficialistas a los nuevos gravámenes, sobre todo el Común. La mitad del año la administración estatal se la pasó lidiando con protestas y movilizaciones que por momentos alcanzaron tal dimensión que no pocos describieron la coyuntura como de crisis social y política.

A propósito de la entrega del Cuarto Informe de actividades del gobernador Padrés y de la lectura que hiciera en un acto protocolario frente a invitados especiales, habría valido la pena que el Ejecutivo hubiera hecho un ejercicio de autocrítica y tocado  temas complicados y espinosos. Habría sido particularmente importante que abordara las dificultades experimentadas durante el 2013. Por ejemplo, sería interesante conocer cuáles fueron exactamente las razones que lo convencieron de que la tenencia era viable. Ha mencionado que la justificación respondía al estrés presupuestal engendrado por el servicio de una deuda contratada por administraciones pasadas. Hace unos meses Padrés anunció que dicho impuesto no estaba considerado para el 2014. ¿Significa esto que las tensiones financieras que explicaron tal decisión mágicamente desaparecieron o fueron superadas? Sería muy bueno escuchar del gobernador una reflexión respecto a lo que haría si pudiera desandar el camino y haber previsto los costos personales y políticos que esto le acarreó.

En esa misma lógica, sería también apropiado conocer qué decisión hubiera tomado en torno al acueducto Independencia de haber anticipado el tenaz rechazo de los cajemenses y de haber sabido lo que afirmó el nuevo delegado de la CNA en el sentido de que la obra no era urgente.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.