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FOTO DE LA SEMANA: Marilyn y su hermano

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Zapatito blanco, zapatito azul

Nicolás Pineda*

Para mí lo más interesante del reciente informe del gobernador fue el anuncio de que se van a dar zapatos a la población escolar. Se trata de una medida que implica un gasto importante pero que beneficia directamente a la parte más necesitada de la población sonorense porque significa una transferencia neta de ingreso. Pero también me surgen muchas preguntas: ¿Será financieramente viable viendo cómo andan de revueltas las finanzas estatales y que el gobierno debe dinero por todos lados? ¿Cuánto significa en dinero la compra? ¿Van a ser honestas, transparentes y económicamente eficientes las licitaciones, la compra y la distribución de los zapatos escolares? ¿Existe otra alternativa más eficiente para beneficiar a estas familias?

Costo del programa para zapatos

Hace dos años la población escolar en educación básica era de 633,199 niñas y niños en 4,602 escuelas en todo el estado. Para el año próximo 2014, que es cuando entregarían los zapatos, esta población sería alrededor de 660,000. Pero, descontando la población que asiste a escuelas particulares, puede quedar para fines de cálculo en 600,000 estudiantes de escuelas públicas. En Internet encontré que hay zapatos escolares para niña en 95 pesos, pero para fines de cálculo, podemos estimar el precio del par de zapatos en 100 pesos. Con estos parámetros, tenemos entonces que la compra de estos zapatos escolares significaría aproximadamente 60 millones de pesos. A esto habría que agregarle además los costos de administración del programa donde fácil se va otro 15%. O sea que el costo del programa completo pudiera ser alrededor de 70 millones de pesos. Ésta es una cifra que parece viable para el tamaño del presupuesto estatal y si se aclara dónde se van a ahorrar o a qué se le van a quitar.

Ahora bien, no sería muy difícil de prever que el programa elevará significativamente sus costos, que los zapatos se compren a precios muy superiores y que se cree un programa de distribución, con coordinador y toda la cosa, que agregue costos significativos al programa y donde los involucrados quieran sacar raja. ¿Qué garantía tenemos los ciudadanos de que el dinero público se emplea con honestidad y eficiencia sin beneficiar de manera colateral a los funcionarios implicados y no se va a crear aún más desorden y deuda en las finanzas estatales?

La experiencia de los uniformes

El programa de uniformes gratuitos ha sido uno de los más exitosos de este gobierno porque ha significado un apoyo efectivo para las familias que tienen a sus hijos en las escuelas públicas.

Sin embargo, ha sido duramente criticado por los costos de operación y ha habido sospechas respecto a las empresas encargadas. En su momento, hace tres años, se publicó que las calcetas que el gobierno compraba en 17.71 se conseguían en el comercio local en 8.82, la mitad del precio; o que un suéter que el gobierno pagaba a 196 pesos costaba en realidad 111 pesos.

Se mencionó también que las empresas ganadoras no eran fabricantes consolidados y que sólo intermediaban la compraventa de los uniformes. Esto sería fácil de investigar para cualquier medio que visite Benjamín Hill, Moctezuma o Cananea para averiguar si efectivamente se están confeccionando ahí los dos millones de prendas que componen los uniformes escolares y cuántos empleos está generando esta actividad en dichas localidades.

Por otra parte, se ha criticado también que los esquemas de distribución son muy lentos  que hay muchas deficiencias en las tallas y la calidad de las prendas. Este año, por ejemplo, se anunció que la entrega se haría hasta la segunda quincena de septiembre, a pesar de que las clases iniciaron desde el 19 de agosto.

Otra crítica es que este programa ha afectado directamente al comercio local ya que reduce sus ventas y de este modo reduce la actividad económica y los empleos del comercio sonorense.

La alternativa que se ha manejado es la de entregar vales de uniformes canjeables en el comercio local. Estos vales estarían a nombre de cada estudiante, serían más fáciles de distribuir y fomentan el comercio local, sin generar burocracia ni corrupción.

Vales para zapatos

Los programas de precios subsidiados (¿te acuerdas de la Conasupo?) y los de asistencialismo paternalista (la imagen del político generoso dando regalos a la gente desvalida) son muy efectivos electoralmente y son buenos para la foto pero siempre resultan más caros y generan burocracia y corrupción. Le convienen al político y a los partidos, pero no al ciudadano ni a la economía del estado.

Es necesario innovar y buscar soluciones a las compras a precios inflados, a los intermediarios enriquecidos y a la burocracia innecesaria. Una alternativa que sería bueno intentar es la de entregar poder de compra directamente a la población que se quiere beneficiar. Esto pudiera hacerse por medio de vales para uniformes y para zapatos, distribuidos por las escuelas al inicio de clases. De esta manera el dinero público rendiría más y se afecta menos a la economía local. Seguro habría detalles y ajustes que hacer, pero vale la pena intentarlo. Así los niños, al entrar a la escuela, podrán recitar: “zapatito blanco, zapatito azul, dime cuánto cuestas tú”.

*Profesor-investigador del Programa de Estudios Políticos y Gestión Pública en El Colegio de Sonora.nicolas.pineda.p@gmail.com