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    Se invita a investigadores y estudiosos de nuestro pasado histórico, a participar del 26 al 30 de noviembre de 2013 con el tema: “Sonora irrumpe ante la nación. Hermosillo, Sonora: capital nacional de la legalidad, 1913 – 2013″.

FOTO DE LA SEMANA: Tarde en H

La imagen fue capturada por Antonio Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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¿Qué les queda a los jóvenes?

Lorenia Velázquez C. *

 

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de paciencia y asco?

Mario Benedetti

La madrugada del 16 de junio pasado desperté con una de las llamadas telefónicas más aterradoras que he recibido en mi vida. Mi hijo, joven de 18 años recién cumplidos, había sido agredido por tres sujetos y en el intento (y por el instinto) de salir con vida del ataque resultó con una grave herida en el brazo derecho que afortunadamente tres horas de cirugía reconstructiva, un periodo de inmovilización, su juventud, pero sobre todo el empeño que como deportista puso en su recuperación, nos  permiten hoy  recordar esos días como se recuerda una pesadilla.

Esta pesadilla volvió con fuerza al enterarme de la muerte de los pequeños Verania Elizabeth de tan sólo 13 años y el de Miguel Angel, de 15.  Los dos eran estudiantes de secundaria. La primera, no regresó a su casa después de asistir a clases y apareció muerta unos días después en un terreno baldío cercano a su casa, golpeada y asfixiada por su propio tío; el segundo, también a escasos metros de su casa, esperaba el camión para ir a la escuela y fue acuchillado por un asaltante por resistirse a entregar el teléfono celular recién adquirido. Verania en Hermosillo y Miguel Ángel en el Distrito Federal.

Apenas unos días antes, también en Hermosillo y víctima de otro tipo de agresión,  la “carrilla”, como le llamaron algunos funcionarios escolares, Sergio, de 14 años, decidió quitarse la vida ante la sordera de aquellos a quienes desde varios meses antes solicitó ayuda para detener el bullying del que era objeto por parte de sus compañeros de escuela.

Ninguno de los tres pudo repeler el ataque. La crueldad de los victimarios fue mucho mayor que la resistencia de estos niños.

Estos son los casos recientes, los que están frescos en nuestras memorias y que todavía ocupan algún espacio en la prensa. Pero la situación es realmente grave.

En Sonora, las agresiones y suicidios entre jóvenes de 14 a 25 años aparecen dentro de las primeras tres causas de muerte en los últimos años  y son sólo superadas por las muertes en accidentes de tránsito. Pero juntas, las agresiones y los suicidios pasaron de representar el 20 por ciento de las muertes en este  grupo de edad en 2007 a superar el 30 por ciento en 2010.

Pese a la importancia del contexto de vulnerabilidad en el que esta situación coloca a los  jóvenes, no se aprecian políticas de salud enfocadas a la prevención de los suicidios o a políticas de seguridad diseñadas para proteger a este grupo de la población;  a pesar también de que son las causas de muerte que sistemáticamente se han incrementado de manera alarmante en los últimos años. Tanto, que entre 2007 y 2011 el incremento anual de jóvenes de 14 a 24 años fallecidos en Sonora se debe en más de dos terceras partes a las agresiones y suicidios.

Que si estas cifras son más bajas que el promedio nacional; que si son la mitad de las que se presentan en Estados Unidos; que los países de la OECD presentan números mucho más elevados, no debe importar a nadie. El caso es que cada vez en mayor proporción nuestros jóvenes están muriendo por agresiones de terceros o por lesiones autoinfligidas, como se conceptualizan en las estadísticas del INEGI.

Muchas cosas nos urgen, pero mientras no puedan caminar desde y hacia la escuela y estar en ella sin ser agredidos; mientras no puedan salir a divertirse sin el peligro de ser asaltados o secuestrados y, en general, mientras no hagamos algo para proteger al menos sus vidas,  ya lo dijo Benedetti : “¿qué les queda a los jóvenes?”. Pero también me pregunto, como parte de una sociedad que mantiene a sus jóvenes en riesgo,  ¿qué nos queda sin ellos?

* Profesora-Investigadora de El Colegio de Sonora. Correo electrónico: lvelaz@colson.edu.mx