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    Se invita a investigadores y estudiosos de nuestro pasado histórico, a participar del 26 al 30 de noviembre de 2013 con el tema: “Sonora irrumpe ante la nación. Hermosillo, Sonora: capital nacional de la legalidad, 1913 – 2013″.

FOTO DE LA SEMANA: Arde

La imagen fue capturada por David Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Ulises

Cristina Martínez*

Cuando te encuentres de camino a Ítaca,
desea que sea largo el camino,
lleno de aventuras, lleno de conocimientos.

Que sean muchas las mañanas estivales
en que con alegría, con gozo
arribes a puertos nunca antes vistos.

Ten siempre en tu mente a Ítaca.
La llegada allí es tu destino.
Pero no apresures tu viaje en absoluto.
Mejor que dure muchos años,
y ya anciano recales en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino.

Ítaca te dio el bello viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.

KONSTANTINO KAVAFIS

 

Ulises es el personaje de La Odisea de Homero que para protegerse del canto de las sirenas tapó sus oídos con cera y se encadenó al mástil de la barca para navegar regreso a casa, Ítaca, donde poseía el título de rey. El otro Ulises, el Ulises Criollo, es la novela autobiográfica de José Vasconcelos —abogado, político, escritor y filósofo mexicano— que retrata el México revolucionario donde en un momento crucial para el país él mismo figura como candidato a la presidencia de la República. Pero el Ulises del que yo quiero hablar ahora es el hijo de mi prima Angelina, nieto de mi tío Eduardo, bisnieto de mi abuelo Matías, y primo, sobrino, amigo de muchos que lo conocieron. Ulises, de un poco más de treinta años, murió de cáncer hace apenas unos días, y no obstante la pena que significa para todos nosotros, yo, que soy su tía, quiero recordarlo especialmente hoy con aquellas cosas que él me regaló en su visita por este mundo.

En primer lugar, debo decir que no soy exactamente la tía más cercana o preferida de Ulises, pues ciertamente cuenta con muchas más, pero mi vínculo obedece a que siendo uno de los primeros bisnietos de la familia Rascón Quijada, él creció física y emocionalmente en un territorio delimitado por dos casas contiguas: la de los abuelos y la de los bisabuelos. Se trataba de un solar enorme, casi media manzana, con dos viviendas en una de las esquinas que se distingue desde lejos por dos imponentes árboles que nosotros llamábamos “chalates” y que daban una frutilla dulce muy parecida a los higos. Parte de nuestra niñez también transcurrió en medio de ese solar y de esos árboles. Era la época de las familias grandes donde el tiempo y el espacio poseían un valor distinto al de la ciudad.

Pues bien, tengo muy claro que en ese escenario dio los primeros pasos el pequeño Ulises sorteando las hileras de macetas que también adornaban el frente de la casa. Otro espacio familiar común era el patio posterior que albergaba, al fondo, un enorme gallinero, la ramada con su respectivo lavadero y un limonero; asimismo, algunos arbustos florales como laureles, mosquetas y obeliscos rojos. Seguramente a él le tocó disfrutar de los desayunos preparados por el abuelo Eduardo, que consistían preferentemente en huevos con chile verde, frijoles y un trozo de queso, los mismos que compartió siempre con la nana Crucita mientras vivió.

Del joven Ulises supe que estudió y se graduó en la universidad quedándose ahí como docente; además, que resultó ser escritor nato pues llegué a leer algunos de sus poemas. Lamento no haberle dado seguimiento, pero no creo equivocarme si digo que él se formó en un ambiente culto donde sus padres y abuelos lo rodearon cotidianamente de toda clase de libros y revistas aun viviendo en un pueblo rural.

La última vez que lo vi fue en una “Rasconada” en Ciudad Obregón, esas reuniones familiares de afectos y reencuentros, aunque antes ya había coincidido virtualmente en la página web que formamos para organizar la fiesta. Allí fue donde compartió sus escritos y reconocí su vena literaria. Ahora Ulises partió de esta esfera y nos deja con el sabor agridulce de haberlo conocido y amado pero también de privarnos de sus triunfos o fracasos; por eso en este día honramos su memoria y abrazamos con mucho amor a su adorada madre. Que sepa ella que él marchó en el momento que le correspondía, pues todo es perfecto. Ulises regresó a casa, como en La Odisea, donde posee ahora el título de rey.