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La imagen fue capturada por Jimmy Maldonado.

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Familias y escuelas: La importancia de la Participación Social en la Educación

 

Marcos J. Estrada Ruiz*

La participación de las familias en la educación ha sido algo que ha existido históricamente y de variadas formas. En el caso de México las familias fueron literalmente pilares de las escuelas, antes incluso de que se pudiera hablar propiamente de un Sistema Educativo Nacional. Y lo hacían desde la construcción o habilitación de un espacio para la escuela hasta el sueldo y alimentación de los maestros. Era la comunidad la que sustentaba en gran medida esto. Y aunque en México esa realidad sigue presente en algunas zonas del país y la participación de los padres de familia prevalece bajo esta modalidad de tintes formales y materiales, también se han abierto espacios de participación en las instituciones escolares que de cierta forma regularon lo que ya existía.

Dicha norma sin embargo, no logró combatir un desentendimiento histórico: la escuela pública y el sistema educativo se formalizaron como atributos del Estado y como instancias ajenas al mundo de la vida de las familias; así, la escuela nace “extrañada” de la vida comunitaria y de la familia, centrada en la enseñanza y en el aprendizaje curricular se desvinculó de las formas de acción comunitarias (Rodríguez, 1997). Es decir la participación de las familias y actores comunitarios no dejó de ser instrumental, pese a que éstos han estado en las escuelas desde el inicio.

La participación social en la educación apareció en escena formalmente en México a partir de la reforma educativa de 1993, al quedar asentados en la Ley General de Educación (LGE) la creación de diferentes órganos de participación social[1]. Se contemplaron consejos escolares en cada escuela de educación básica, en cada municipio del país y en cada estado de la república, además de un consejo nacional. A grandes rasgos la ley indica acerca de estos consejos, que tendrían por cometido fortalecer y elevar la calidad de la educación pública; y entre sus atribuciones más importantes se destacaba que “podrá opinar en asuntos pedagógicos” (LGE, Art. 69). A esta ley le han seguido distintos acuerdos, el último publicado en el 2010 se refiere a los Lineamientos de los Consejos Escolares de Participación Social en la Educación, en los que en cierto modo parece que se recupera la crítica hecha a la LGE desde 1993 a la fecha, y aunque insuficiente en muchos aspectos, lo que destaca es que la mayoría de la integración de los consejos, ahora, está en los padres de familia, que aparecen como los agentes de contraloría sobre las escuelas y su funcionamiento en el manejo de los recursos.

¿Qué ha pasado con la participación social en la educación?

Se ha mostrado que en México la hegemonía del Estado en materia educativa ha tenido, entre otras consecuencias, el que las familias no se hayan podido acercar a la escuela, señalando desde el principio que la eficacia de las disposiciones en la ley quedan a voluntad de los directores de las escuelas y los maestros, ya que los padres, por ejemplo, no cuentan con un recurso legal para hacer valer sus derechos, y es en específico el carácter consultivo de su participación lo que limita de raíz su eficacia (Latapí, 1997).

Sabemos también que uno de los factores que condiciona el nivel de participación en la escuela es la información y el conocimiento de los actores sobre la situación en la que se pretende incidir. Algunos programas como Escuelas de Calidad (PEC) han impulsado también la participación, aunque en el caso de los padres de familia normalmente se expresa cuando se organizan eventos especiales para recolectar fondos para algún proyecto.

Una evaluación realizada a la política de participación social en la educación en México (Zurita, 2008) ha mostrado parte de lo que son las principales problemáticas de la cuestión. Encontrando como hallazgos más importantes: el carácter positivo que genera la idea de participación social entre los actores; el que los docentes prefieren mantener alejados a los padres de familia porque les “generan conflictos”; también, que existe una interpretación limitada acerca de quiénes deben de participar en la labor educativa; y que las razones de no conformación de los consejos escolares se deben a que las autoridades educativas no instruyeron a los directores para su creación y a la apatía de los miembros de la comunidad escolar para integrarlos.

Por qué es importarte que los padres de familia participen en la escuela

Si hay algún acuerdo acerca de la importancia de la participación social, éste tiene que ver con el involucramiento del sector parental en la escuela, por los efectos positivos que tiene para la permanencia y el desempeño de los hijos; además, si los padres mantienen poca valoración hacia la institución escolar, esto repercutirá en la valoración que los hijos hagan de su propio aprendizaje. Por ende la fórmula que parece haberse comprobado es que a mayor valoración de los padres sobre la escuela, mayor participación de los niños en el trabajo escolar académico.

Las escuelas con alto desempeño se caracterizan por trabajar de manera colegiada, en la que se informa a la comunidad escolar constantemente sobre los avances del proyecto educativo (Santizo, 2006), pero además, como una de sus características, es que comparten responsabilidades padres y docentes, y en contraparte las escuelas con bajo desempeño no se sabe quiénes son los responsables de las decisiones ni cómo se toman éstas. Ciertamente el desencuentro histórico que hemos mencionado se basa en importantes prejuicios de padres hacia los maestros y viceversa, pero éstos se pueden romper, básicamente, a través del conocimiento e involucramiento en la escuela y en que ésta tenga relevancia para los padres, o sea que se les presente integrada a las problemáticas campesinas, comunitarias o urbanas. Las experiencias de innovación educativa que se han realizado en el país nos han mostrado que sin el apoyo de la comunidad educativa amplia los cambios difícilmente se logran, y las familias son un actor fundamental de dicha comunidad.

 

Referencias Bibliográficas

Latapí, Pablo (1997), “La participación social en la educación”, en Ezpeleta J., Schmelkes, S., Corenstein, M. (Coords), Investigación educativa, gestión y participación social, Tomo 2, México, COMIE-DIE.

Rodríguez, Pedro (1997), “Posdata al proyecto: la participación de la comunidad en la escuela primaria rural”, en Ezpeleta J., Schmelkes, S., Corenstein, M. (Coords), Investigación educativa, gestión y participación social, Tomo 2, México, COMIE-DIE.

Santizo, Claudia (2006), “Mejorando la rendición de cuentas y la transparencia a través de la participación social: el programa escuelas de calidad en México”, en REICE, Vol. 4, Nº. 1, pp.38-51.

Zurita, Ursula (2008), “Reflexiones en el marco de la Evaluación Nacional de la Participación Social en la Educación Básica, 2000 – 2006”, en Participación social en la educación: Del análisis a las propuestas, México, OCE.



[1] La participación social no está referida reductivamente a la participación de los padres en la escuela ni tiene como objetivo central la mejora de la calidad educativa sino que, entre otras cosas, implica, fundamentalmente, hacer ciudadanía desde la escuela.

 

*Profesor-Investigador del Centro de Estudios del Desarrollo en El Colegio de Sonora. mestrada@colson.edu.mx