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FOTO DE LA SEMANA: Waves

La imagen fue capturada por Jimmy Maldonado.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Tradición frente a modernidad

Zulema Trejo*

Los espacios donde se observa el contraste entre la tradición y la modernidad son cada día mayores, prácticamente no es necesario ir de un sitio a otro para encontrar estas paradojas que son producto, en su mayor parte, de las circunstancias socio-económicas por las que atraviesa la sociedad, y que a fuerza de subsistir juntas han “aprendido” a vivir en armonía. Este contraste es quizá más acusado en lugares del sur del país que en el norte. En estados como Chiapas y Oaxaca la magnificencia de sus edificios coloniales, la modernidad de los edificios públicos o de las cadenas hoteleras contrasta vivamente con la colorida pero muy ajada ropa de los indígenas que recorren sus calles vendiendo sus artesanías, ofreciendo sus servicios como guías turísticos formados en la práctica (y el hambre), me atrevo a decir. Contrastan los pies desnudos o enfundados en calzado desgastado de estos hombres y mujeres que van de restaurante en restaurante, de atracción turística en atracción turística, con los visitantes que los miran con condescendiente curiosidad mientras les toman una foto o les regatean sus mercancías.

Esa imagen del indígena que ofrece sus artesanías aparece una y otra vez al punto de volverse frustrante. ¿Es el folclor lo que ofrecemos a los turistas internacionales que abarrotan Pátzcuaro y Oaxaca cada día de muertos?, ¿son tradiciones esos espectáculos en cuyos altares de muertos conviven armónicamente las tradicionales calaveras mexicanas con las calabazas de halloween?, ¿las procesiones de zombies y vampiros que casi devoran a las antiguas comparsas? Me hice estas y otras preguntas mientras observaba las festividades diurnas y nocturnas del Día de Muertos oaxaqueño. Así mismo, me pregunté si los visitantes que disfrutan alegremente de comida y bebida y toman fotos a diestra y siniestra pensarán alguna vez que están retratando la desnutrición, la desesperanza, el desempleo de los mexicanos que viven en extrema pobreza. ¿Se habrán dado cuenta de que lo que presencian y fotografían no es más un espectáculo preparado para ellos, de lo poco que queda de sus elementos originarios?

No estoy diciendo que las etnias de México hayan convertido sus tradiciones en un espectáculo, de ninguna manera, lo que comento es que cada vez se va diluyendo más la esencia de esas tradiciones, ¿por qué?, ¿por qué el sincretismo se ha incrementado con el paso de los años?, ¿por qué las necesidades económicas han orillado a resaltar aquello que atrae y a marginar lo que repele? No lo sé, no encontré respuestas sino más preguntas mientras caminaba tras una procesión, abriéndome paso entre niños y adultos disfrazados ya de catrinas y calaveras o de zombis. Sin embargo, ninguna de estas preguntas es tan importante como el cuestionarnos hasta cuándo seguiremos ofreciendo pobreza disfrazada de folclor a los turistas extranjeros que visitan México.
*Profesora-investigadora de El Colegio de Sonora.