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EPN primer año

Álvaro Bracamonte Sierra*

 Ayer Enrique Peña Nieto cumplió un año al frente del Gobierno federal; había obtenido la victoria meses antes en medio de una polémica centrada esencialmente en el rebase evidente del tope en los gastos de campaña. El inicio de su gestión no pudo haberse dado en mejores condiciones: la economía mexicana acaparaba atención internacional; diversos medios señalaban que el país estaba predestinado a convertirse en una de las economías más dinámicas del planeta.

Diarios y revistas especializadas etiquetaron la situación como el “Momento México” para expresar que a nuestro país le esperaban cosas buenas en materia económica. Esta coyuntura favorable fue reforzada el 1 de diciembre de 2012 con un discurso presidencial que anunciaba el Pacto por México en el cual las principales fuerzas políticas mostraban la voluntad de negociar las reformas requeridas.

Algunas iniciativas importantes han sido ya votadas en las dos cámaras. Las que faltan, especialmente las más sustantivas, deberán quedar antes de que concluya el año. De cerrarse la agenda reformista comprometida, sería natural catalogar esta etapa como una de las de mayor cambio en la historia reciente. Si se compara con el febril programa impulsado por Carlos Salinas de Gortari, la diferencia es que con Salinas las reformas se promovieron con mayor pausa y no con la celeridad y, en ocasiones, caótica forma con que ahora se aprueban.

Todavía no se termina de asimilar un cambio, cuando otra iniciativa domina la escena política. Un ejemplo es la trascendental reforma hacendaria aprobada en medio del rechazo de un contingente apreciable de mentores y con la oposición de los empresarios que la consideraban lesiva a sus intereses. Las voces de reclamo aún se oyen cuando está en puerta el debate en torno a la reforma política e inmediatamente después el referente a la reforma petrolera. Esta especie de empalmamiento no se observó en el salinato; se daba tiempo para procesar la reforma aprobada y luego entrar en otra.

Pese a los vientos reformistas que anidan en el ánimo presidencial, lo cierto es que al término de su primer año de gobierno las cosas no le han salido a EPN como él hubiera querido. La economía atraviesa innumerables dificultades que hacen temer que al final del año los principales indicadores alcanzarán menores niveles a los registrados cuando tomó la estafeta de Calderón. Con suerte, la tasa de crecimiento del PIB no será negativa; el número de empleos generados será tan pobre que situará el 2013 entre los años que menos se han producido en las décadas recientes. En fin, en el ámbito económico el primer año de EPN resultó realmente desilusionante.

Pero si ésta es la conclusión preliminar en economía, no podría decirse algo diferente en el tema de la seguridad. El mandatario pidió el 1 de diciembre de 2012 un año para evaluar su estrategia. Este plazo se cumplió ayer, y a juzgar por la información que publican los medios, no hay duda de que ha sido un fracaso pese a los esfuerzos para que la violencia asociada al crimen organizado no acapare los titulares de los medios. Economía e inseguridad son la dupla que hace del primer año de gobierno peñanietista una gestión fallida.

Para Sonora, el año de arranque de la vuelta del PRI a Los Pinos ha sido algo menos que intrascendente si no es que francamente negativo. Las dificultades económicas que resurgieron con el nuevo gobierno contaminaron el buen desempeño que llevaba la economía local. Si a ello se agrega que los representantes de Peña Nieto en la entidad, los delegados de las distintas secretarías federales, se la han pasado en general poniendo obstáculos y dando patadas bajo la mesa al Ejecutivo sonorense, es evidente que la relación no ha sido tan tersa como lo quisiera el gobernador quien se afana en sostener que en Sonora él es el principal aliado del priista Peña Nieto.

La frialdad presidencial se confirma en virtud de que EPN no ha visitado Sonora en 365 días. En cambio, ha ido a Chihuahua donde el gobernador es de extracción priista, pero también estuvo ya en Sinaloa y Baja California ambos con mandatarios no tricolores.

Hoy inicia el segundo año de administración del mexiquense. Las expectativas parecen mejores que lo que dejó este primer año. Las reformas a las que apostó parte de su capital político habrán madurado; las condiciones económicas que explicaron la desaceleración de la actividad productiva habrán desaparecido y la estrategia contra la inseguridad se habrá perfeccionado. Todo ello hace pensar que el horizonte será menos difícil que el experimentado en este año. Ojalá que así sea para bien de todos los mexicanos.

* Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.