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FOTO DE LA SEMANA: Reserva de la biosfera de El Pinacate

La imagen fue capturada por Jimmy Maldonado.

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Consumatum est: ¿Qué sigue?

*Álvaro Bracamonte Sierra.

Como dijo el líder nacional del PAN: “No se sabe si para bien o para mal, con la petrolera se cierra la fase de reformas de la actual administración federal”. Así queda cumplido el compromiso de EPN, planteado el 1 de septiembre, de que México viviría 120 días de transformación. Con la votación de la reforma energética debería también quedar atrás la fase de oposición irreductible. Personalmente expresé mi desacuerdo con varias de las reformas, especialmente la de los hidrocarburos; pero ya se aprobaron y ello debería conducirnos a otro tipo de discusión y posicionamiento. No dar ese giro nos atoraría en un debate cuya agenda no se para, sino que avanza irremediablemente.
La necesidad de abordar la nueva realidad de esa manera deriva de las experiencias parecidas que se vivieron en el pasado reciente. Recordemos, por ejemplo, los años y meses previos a la votación y puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio. Los detractores al acuerdo comercial fueron notoriamente vehementes y daban argumentos convincentes de que la apertura no traería ninguna ventaja para el país. En esta posición coincidían reconocidos intelectuales y desde luego la variopinta izquierda, encabezada por el PRD.

Luego de aprobarse el TLC, en el horizonte aparecían dos caminos: seguir rechazándolo o aceptarlo para intentar aminorar los efectos más amenazantes para el desarrollo nacional. La primera vía ofrecía escasas perspectivas: quizá sólo el valeroso testimonio de congruencia con la postura que advertía sobre lo nocivo del tratado comercial.

La otra pista abría la posibilidad de utilizar las salvaguardas y otros mecanismos de protección contemplados en la reglamentación específica. Muchos se fueron por el primer sendero aislándose de participar en la definición de mecanismos particulares para la puesta en práctica del TLC. Otros se involucraron en negociaciones particulares contribuyendo de alguna manera a que el Tratado no arrasara con algunos sectores vulnerables. Es el caso de los productores agrícolas, fundamentalmente de granos, que se mantienen sembrando trigo y maíz a pesar de que las previsiones establecían un paulatino desplazamiento habida cuenta de la mayor competitividad de los agricultores de Estados Unidos y Canadá.

Una encrucijada más o menos parecida enfrentarán los opositores a las actuales reformas en México, sobre todo la energética: seguir rechazándola o bien reconsiderar su postura una vez que ésta ha sido aprobada. Digo que es una situación similar a la registrada con el acuerdo de libre comercio porque ahora se cuenta con un recurso que pudiera descarrilar la aplicación de la reforma petrolera: la consulta popular, considerada en la Constitución. Es el último recurso que les queda y seguramente valdrá la pena agotarlo. Ahora bien, es probable que la formalidad no quede cubierta a causa de que la legislación en la materia señala un conjunto de requisitos que aparentemente no cumplieron quienes recabaron las más de un millón 600 mil firmas necesarias para solicitar la consulta sobre la reforma.

La otra alternativa es aceptar un hecho consumado. Aunque moleste el proceso desnacionalizador de la industria petrolera, es indispensable imaginar cómo podría beneficiar a la mayor parte de los mexicanos y no a unos cuantos que sólo piensan en los jugosos contratos que cerrarán luego de permitirse la inversión de particulares en actividades antiguamente reservadas al Estado.

También hay que pensar en cómo se podrían favorecer las regiones con la nueva arquitectura institucional en el ámbito energético. Es decir, los opositores no deberían quedarse pasmados, pues el debate seguirá aunque ahora en áreas más precisas de la política energética: la reforma vislumbra el desarrollo de fuentes alternativas de abasto energético. Es el caso de las energías renovables, como la solar.

Sonora es un territorio con un potencial enorme para este tipo de energía. Valdría la pena revisar las posibilidades que se abren a fin de que la entidad se convierta en una potencia en la producción de energía solar. De la misma forma, es indispensable revisar las posibles bondades para las finanzas estatales. Aunque Sonora esté lejos de los yacimientos petroleros, no es ajena a los probables ajustes que observen los ingresos fiscales de la Federación, pues éstos pudieran fortalecer las finanzas regionales a través de mayores participaciones. Éstos y otros temas deberán revisarse acuciosamente con el propósito de que sea la ciudadanía quien reciba los mayores beneficios de la nueva realidad energética.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.