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La imagen fue capturada por Jimmy Maldonado.

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Globalización, violencia y solidaridad entre los chicanos y salvadoreños en el sudoeste

Mario Escobar*

 Hablar de la solidaridad salvadoreña-chicana en los Estados Unidos  tiene importancia en lo que concierne a la diversificación del discurso ante fenómenos discursivos hegemónicos. La solidaridad salvadoreña-chicana es una práctica que tiene sus raíces en la década de los ochenta y que ha surgido por encima de exclusiones y fragmentaciones del discurso nacionalista cultural chicano o centroamericano. Dicha solidaridad pone en tela de juicio la identidad nacionalista de ambos grupos para formar lazos y así alcanzar una conciencia de global, y el pueblo chicano se ha solidarizado al interior de este movimiento, pero también lo ha hecho con otros grupos.

Para hablar de la solidaridad entre chicanos y salvadoreños se precisa conocer el origen de la inmigración salvadoreña a Estados Unidos. Para la década de 1970 El Salvador se convirtió en un campo violento. La fuerza represiva del gobierno contra los izquierdistas desató  una ola de violencia subjetiva que obligó a muchos a salir del país. En el libro Seeking Community in a Global City: Guatemalans and Salvadorans in Los Angeles, Nora Hamilton y Norma Stoltz Chinchilla señalan que “the escalation of general violence and targeted repression led to increased internal, intraregional and international movement of refugees beginning in the late 1970s and throughout the 1980s” (33).

La llegada de los salvadoreños a los espacios urbanos de Estados Unidos significó una negociación de los propios espacios y una renegociación de las identidades. El salvadoreño recién llegado se sumergía a un mundo nuevo donde todas las composiciones rurales o urbanas empapadas de violencia quedaban atrás. Sin embargo, al llegar a los espacios urbanos de Estados Unidos se encontró con un espacio en plena recomposición étnica y económica. Tal situación se convirtió en una lucha de sobrevivencia entre estas dos comunidades. Sobre este punto, indican Hamilton y Chinchilla, en el espacio de trabajo los salvadoreños  “complained of discrimination by Mexicans and Mexican Americans” (Hamilton y Chinchilla 78).

La división en los espacios de trabajo causó una ruptura entre los salvadoreños y chicanos; sin embargo, a pesar de los enfrentamientos, también se formaron espacios de solidaridad. En el caso de los centroamericanos y chicanos en su artículo “Liminal Legality: Salvadoran and GuatemalanImmigrants’ Lives in theUnitedStates” publicado en el  American Journal of Sociology, Cecilia Menjívar señala que durante los años ochenta los centroamericanos “organized to help fellow compatriots and to advocate for their rights. They have joined forces with Chicanos, Anglos and others who share their political ideologies” (1031).

Durante los años ochenta se establecieron comunidades que buscaban contrarrestar la violencia empleada por el poder hegemónico que mantenía a la comunidad centroamericana reprimida.  La solidaridad entre estos dos grupos trascendió el espacio físico para inscribirse en el espacio textual. De acuerdo a Ana Patricia Rodríguez, a medida que Estados Unidos apoyaba la violencia ejercida por el gobierno salvadoreño, las chicanas empezaron a documentar muertes, deportaciones y entradas a Estados Unidos de los centroamericanos (199). Para Rodríguez, el trabajo que estaban haciendo estas mujeres chicanas producía “a narrative of solidarity voicing critical feminist reading of the United States as imperialist and neocolonial power, thus participating in the construction of transnational Third World, or “Women of Color” cross-border, anti-colonial feminist discourse and movement” (199). Chicanas comprometidas como Gloria Anzaldúa, Ana Castillo, Carole Fernández, Graciela Limón, Demetria Martínez,  Cherrie Moraga, Lourdes Portillo, Nina Serrano, Alma Villanueva y Helena Viramontes tomaron una posición anti-imperialista y crearon zonas de contacto y fronteras en donde se dio un intercambio simbólico entre estos dos grupos. Por ejemplo, Demetria Martínez no sólo internacionalizó la literatura chicana con su capacidad de sacar a la luz a nivel mundial la injusticia  por medio  de su literatura, sino que universalizó la lucha por los derechos humanos, en particular de los derechos de los salvadoreños durante 1980. En 1988 fue acusada de “coyota” por ayudar a mujeres salvadoreñas a cruzar la frontera de los Estados Unidos, y su poema Nativity: For Two Salvadoran Women fue usado en su contra según reportó Victor Valle del periódico Los Angeles Times en 1988 (Hoyos 268). Durante la década de los ochenta, Demetria Martínez participó en el Movimiento Santuario, cuyo objetivo, tal y como lo documenta Susan Bibler Coutin en su libro The Culture of Protest: Religiou sActivism and the U.S. Sanctuary Movement, era brindar ayuda a muchos salvadoreños víctimas de la violencia en El Salvador durante la guerra civil.

La solidaridad entre chicanas/os y centroamericanas/os es una solidaridad de igualdad externa contra un sistema que oprime a ambos en diferentes niveles y podría fundarse en principios metafísicos o en motivos de convivencia, pero de cualquier modo, no deja de ser una solidaridad de naturaleza política, necesaria para desvelar la violencia sistémica y otro tipo de violencia a la que estos dos grupos están sujetos. Vale aclarar que la solidaridad no implica igualdad entre las partes solidarias.

La solidaridad, como se dio entre los mexicoamericanos y centroamericanos, es una solidaridad ideológicamente concebida desde el momento en que nos enfrentamos a terceros con el poder de manipular nuestra realidad y limitar nuestra autodeterminación. Indica Žižek que “en la lucha emancipadora no son las culturas, en su identidad, las que unen sus manos, es el reprimido, el explotado y el que sufre, son las «partes sin partes» de toda cultura, los que se unen en una lucha compartida” (188). La solidaridad es muy importante como lo muestran estos grupos, y debemos estar unidos. Para el dueño del capital, todos somos mexicanos. Todos somos centroamericanos.

*Los Ángeles California 2012/Editor de Izote Press/Arizona StateUniversity. mimodusoperandi@gmail.com