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La imagen fue capturada por Jimmy Maldonado.

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Sursum por Gilberto López Alfaro

Presentación del libro: Sursum la voz de una juventud católica. Análisis de los contenidos publicados en un periódico laico de Hermosillo 1942-1946 por Jorge Mario Álvarez.

Primero, agradecer al comité organizador del congreso y a la facultad de Historia y a mi asesor de tesis el Dr. Félix Brito por brindarme la oportunidad de poder estar ante ustedes comentando el libro de Jorge Mario Álvarez, el cual tuve el gran gusto de poder leer desde inicios del año cuando precisamente el Dr. Brito me lo hizo llegar.

En la presentación previa del libro que se llevó a cabo en Sonora el 30 de enero, los comentarios se realizaron desde la perspectiva de la historia religiosa, desde el análisis del discurso de la jerarquía eclesiástica en todos sus niveles hasta las agrupaciones laicas. Por su parte, Víctor Hugo Reyna hizo un comentario desde la visión de la sociología del periodismo como lo hace el autor desde la perspectiva de la sociología de la religión, yo agregaré una visión desde la perspectiva de la Teoría de la secularización.

Como tal habrá que señalar que el tema es sumamente sugerente de análisis ya que en la región se cuenta con poca bibliografía historiográfica al respecto, ya que la historia del México contemporáneo nos exige la revisión de procesos que vuelven a tener relevancia ante los acontecimientos de la transacción democrática, ante la efervescencia de la lucha por el poder entre los sectores políticos y también ante los retos que implican la dinámica transición de las sociedades de frente a la tradición y el conservadurismo que representa la Iglesia católica.

Estudiar procesos de conflicto entre el Estado mexicano y la jerarquía eclesiástica y su relación con la sociedad es uno de los temas apremiantes a descubrir, pues el comportamiento de las regiones ante el conflicto cristero, por ejemplo, ha tenido una gran gran gama de matices, pues como ya había comentado hace tres años, precisamente en el congreso de historia, hubo muchas cristiadas que se diferencian en cuanto a los tiempos, manifestaciones de restricciones y normatividad en cada estado, pero sobre todo con diversas formas de reacción entre la sociedad. Tal es el caso, que en Sinaloa el conflicto religioso ocasionado por el establecimiento de la Ley Calles generó la clausura de los templos, como sucedió en el centro del país entre 1926 y 1929, pero también entre los años de 1934 a 1939, en los que se manifestaron los signos de prácticas normativas del Gobierno como el cierre de los templos y la reglamentación y orden del número de sacerdotes en funciones bajo un registro ante la Secretaria de Gobernación (tal como lo explica Jorge Mario Álvarez para el caso de Sonora, pero sobre todo la persecución, so pena de encarcelamiento, del obispo Juan Navarrete —consagrado y enviado a Sonora el 8 de junio de 1919—), elementos que nos muestran una manifestación clara de prácticas secularistas y anticlericales tal como las define Peter Berger:

“Entendemos por secularización el proceso por el que algunos sectores de la sociedad y de la cultura son sustraídos de la dominación de las instituciones y los símbolos religiosos. Cuando hablamos de sociedad y de instituciones en la historia del Occidente moderno, está claro que la secularización se manifiesta por la evacuación por parte de las iglesias cristianas de áreas que previamente estuvieron bajo su control e influencia… como en la separación Iglesia y Estado, o en la expropiación de los bienes eclesiales inmuebles, o en la emancipación de la educación con relación a la tutela de la iglesia. Sin embargo, cuando hablamos de símbolos y de cultura implicamos que la secularización es algo más que un proceso socio-estructural. Afecta a la totalidad de la vida cultural e ideológica, y puede observarse en el declinar de los temas religiosos en las artes, en la filosofía, en la literatura y, sobre todo, en el despertar de la ciencia como una perspectiva respecto al mundo, autónoma y eminentemente secular.”

Las manifestaciones, por lo tanto, de los acontecimientos que anteceden a la publicación del periódico Sursum marcan la pauta de los tiempos y la pertinencia de cómo estudiar hoy las diversas connotaciones que puedan reflejar su estudio. Con esto me refiero a que desde la óptica del periodismo, desde la sociología de la religión, desde la teoría de la secularización, desde el estudio de las sociabilidades al estilo de Maurice Aghullon, de la de construcción de los textos propuestos por Derrida, desde el análisis del discurso que propone Van Dick, el trabajo de Jorge Mario puede ser foco de estudio. Obviamente que desde la variedad de la óptica metodología habría que poner en su contexto cada una de estas perspectivas comentadas.

Sin embargo, hoy tenemos enfrente el texto que nos lleva a su comentario, el cual es sumamente pertinente considerar ante los factores históricos que nos unen en la región a sonorenses y sinaloenses, tal como lo comentara Antonio Nakayama, y quien será una fuente obligada de estudio para ahondar en los antecedentes de la historia de la Iglesia en Sonora y Sinaloa por la unión y el desarrollo tanto del Espacio Eclesiástico (al cual concebimos como aquella porción territorial geográfica que se ordena y esquematiza en función de la actividad y presencia del clero misional o secular y que tiene como punto de origen el propósito de mantener el control y cohesión en la sociedad en la que se inserta independientemente del tiempo en el que transcurran las formas de organización y relaciones entre el aparato gubernamental y la jerarquía eclesiástica) que compartimos desde el periodo colonial hasta la segunda mitad del siglo XIX.

Los temas que van a mostrarse en la tesis de maestría de Jorge Mario, hoy convertida en este libro, tendrán una gran influencia desde la perspectiva que analiza Roberto Blancarte en su tesis de doctorado y hoy también libro Historia de la Iglesia en México publicada por el Fondo de Cultura Económica, sobre los grandes temas que toca el periódico Sursum y que Blancarte plantea se convirtieron en la palestra de la discusión de la época desde los años cuarenta hasta los ochenta, como son el integrismo mostrado por los sectores católicos desde la jerarquía eclesiástica hasta los miembros de las agrupaciones y sociedades católicas que representan la férrea defensa de la tradición católica ante el comunismo, el yanquismo y el protestantismo, incluso ante el alcoholismo, y el indiferentismo religioso.

Este último tema es de suma relevancia a considerar, ya que una de las manifestaciones y aspectos que generaron la diferencia entre el comportamiento de las sociedades del norte del país con los estados del centro y el bajío ante el conflicto religioso en sus manifestaciones más enconadas de violencia en el norte no sucedieron precisamente gracias a este elemento —el del indiferentismo— que habría que privilegiar como categoría de análisis para futuros estudios historiográficos sobre las relaciones entre la Iglesia y el Estado, las denominaciones religiosas, las asociaciones y grupos de laicos como lo es la Acción Católica, entre otros temas más. Incluso habrá que decir que el conflicto cristero en Sinaloa sí tuvo presencia en los años de 1927 a 1929 en la región sur del estado en la parte colindante con la sierra de Durango tal como ya lo he comentado en mi tesis de maestría.

El mérito de estudio de la sociología de religión con la clásica propuesta de Durkheim y Houtart van a ser los pilares teóricos que sustenten este libro, sin demeritar los trabajos de Blancarte, María Alicia Aspé Armella, Manuel Ceballos Martínez, José Miguel Romero Soliz, Carlos Martínez Assad, Jean Meyer, autores que hoy se han convertido en fuente obligada para el estudio de las relaciones entre la Iglesia y el Estado mexicano, a los cuales habría que agregar a gente como María Alicia Puente Lutteroth con su trabajo Movimiento cristero, una pluralidad desconocida, Ed. Progreso, México DF, 2002; Reneé de la Torre Castellanos. La EcclesiaNostra: El catolicismo desde la perspectiva de los laicos. Caso Guadalajara, FCE-CIESAS, México DF, 2006; Martín de la Rosa y Charles A. Reilly (coords.). Religión y política en México, Ed. Siglo XXI, México DF, 1985; Jorge Adame Goddard. El pensamiento político y social de los católicos mexicanos (1867-1914). México: Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, 2004 (Centenario de la RerumNovarum); a la Dra. Elisa Cárdenas Ayala y, por supuesto, a un servidor.

Hay muchas cosas más que desearía comentar ya que el libro tiene mucha tela de dónde cortar; por ejemplo, la forma en cómo concibe Jorge los tiempos del conflicto religioso sobre todo en lo que se refiere al modus vivendi que valida, desde la óptica de Roberto Blancarte entre los años de 1936 y 1938 para el caso de Sonora, la participación de los actores políticos que distensan el conflicto religioso como lo hizo el gobernador Román Yocupicio para profundizar en los motivos que dieron paso a la convivencia pacífica entre el obispo Navarrete y el gobierno, entre otros temas más que bien pueden ser objeto de análisis para una muy buena tesis o ponencias en eventos tales como el que nos reúne hoy esta tarde.

Muchas gracias.