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Vivir en la frontera. Las familias de Sonora durante la guerra apache

Amparo Angélica Reyes Gutiérrez*

Ser habitante del territorio disputado a los apaches en Sonora durante la segunda mitad del siglo XIX no era sencillo. Este espacio estaba poblado por familias indígenas, blancas y mestizas ubicadas en pueblos, ciudades, ranchos, villas y haciendas. Esta época se caracteriza por las epidemias, las guerras intestinas de corte político y la escasez de recursos, circunstancias que formaban parte de la vida cotidiana de los vecinos. Lo que representaba un peligro directo para las familias eran las incursiones apaches, ya que en un ataque podían morir uno o varios miembros del mismo grupo familiar.

A partir de 1851, las incursiones bélicas de los apaches se empezaron a sentir con más frecuencia en la región norte y centro del actual territorio de Sonora, llegando a sentirse sus efectos en seis de los nueve distritos administrativos que existían en ese momento. En los enfrentamientos entre los habitantes de la frontera y las distintas bandas apaches no se hacía distinción entre combatientes y no combatientes, por lo que cualquier persona podía tener la mala suerte de ser sorprendido por un ataque mientras desempeñaba su trabajo cotidiano.

Como consecuencia, las vidas, bienes y medios de subsistencia de las familias estaban en riesgo, incluso sin salir de sus casas o campos de labor. Ello convertía el espacio donde se desarrollaba la vida cotidiana en el mismo escenario de la guerra.

Ante esta situación, hubo vecinos que emigraron hacia lugares que consideraban más seguros; pero también hubo quienes no abandonaron su casa y se quedaron a poblar un territorio caracterizado por la violencia. Para lograrlo, fue necesario que las familias se adaptaran a la violencia, a la alta mortalidad y a los periodos de escasez de recursos presentes en su vida cotidiana.

La principal característica de las familias que habitaban la frontera era su diversidad y la flexibilidad de sus vínculos. Ello les permitía hacer frente a la alta mortalidad, ya que les permitía reequilibrarse rápidamente, adoptar formas distintas y admitir en su interior a individuos sin una familia nuclear propia, con quienes podían o no compartir lazos consanguíneos.

A pesar de que en esa época la legislación empezaba a delimitar un modelo de familia individualista, cuya función principal era la educación de los hijos, en la frontera la estructura y función de la familia conservaba todavía algunas características antiguas, en especial su manera de organizarse de forma colectiva.

De este modo las familias nucleares funcionaban como unidades económicas que consumían lo que producían, por lo que requerían del trabajo de todos los individuos que formaban parte de ella, incluidos los niños. Esta era una forma de hacer frente a la escasez de recursos.

El principal medio de sustento era la labranza de la tierra, labor en la que participaba la mayor parte del grupo doméstico. Los hombres tenían a su cargo las labores defensivas, pero además desempeñaban otras actividades como arrieros, gambusinos, criados o sirvientes. Por otro lado, las mujeres estaban encargadas de la recolección de frutas silvestres, del cuidado del ganado, del huerto y la labor de siembra, combinando estas actividades con la crianza de los hijos. Por su parte, los niños más pequeños ayudaban en la recolección de frutas, a vigilar el ganado o a llevar mensajes, mientras que los mayores trabajaban en las haciendas o en la labor familiar.

Una familia nuclear podía ser fundada por una pareja a través del matrimonio o concubinato, o por personas célibes que agrupaban a individuos sin una familia propia o sin recursos económicos. En los hogares fundados por una pareja, usualmente el jefe de familia era el padre, pero en ausencia de éste, la viuda tomaba el mando. En el interior de una familia podían convivir hijos biológicos, adoptivos, de crianza, cautivos apaches, personas sin parentesco consanguíneo y sirvientes.

Sin importar la composición o número de sus miembros, estas familias estaban unidas a través del trabajo, ya que al ayudar a la familia en el trabajo, cada miembro podía tener acceso a los bienes necesarios para la vida cotidiana, al reconocimiento afectivo y a la herencia.

Entre los habitantes de la frontera las uniones endogámicas fueron una práctica común. La primera pareja se buscaba entre la familia extensa, especialmente entre primos en distintos grados, cuyas uniones se realizaban sin importar el impedimento que causaba tanto en el matrimonio civil, como el eclesiástico.  En caso de viudez, era frecuente que se realizara una segunda unión con un pariente del cónyuge fallecido, especialmente una hermana o hermano, según fuera el caso, pero también podían ser tíos carnales o primos en varios grados.

Las uniones entre parientes y la organización de las familias como unidades económicas funcionaron como estrategias que ayudaron a los habitantes de la frontera a permanecer en ese espacio y resistir los embates de la guerra, haciendo de la familia una institución fundamental para el desarrollo de la vida cotidiana en un contexto de frontera de guerra.

Fuentes:

Reyes, Amparo Angélica. 2012. Estrategias de organización y recomposición de las familias de la frontera durante la Guerra Apache, Sonora, 1852-1872. Tesis de Maestría en Ciencias Sociales. El Colegio de Sonora

Shelton, Laura. 2010. For Tranquility and Order. Tucson: The University of Arizona.