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FOTO DE LA SEMANA: “Cazador cazado”

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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¿Qué hacer?

 

María del Rosario Fátima Robles Robles.*

 

Durante más de cinco décadas, académicos, representantes de los diferentes niveles de gobierno y empresarios han insistido sobre las ventajas de localización de Sonora por su ubicación privilegiada y los 588km de frontera con los Estados Unidos de América. La firma del TLCAN reforzó esta posición y se auguraba un crecimiento económico, una mayor generación de empleos y la atracción de inversiones que detonarían la actividad económica. En los planes de desarrollo de diferentes gobiernos (federales y estatales) se privilegiaba la inversión extranjera y el establecimiento de plantas maquiladoras en el territorio del estado. Lo que se ha ofrecido a los inversionistas es la mano de obra barata y esta posición privilegiada.

En este momento, con la victoria de Donald Trump y la política económica que el próximo presidente de los Estados Unidos planea implementar, que incluye salirse del TLCAN o renegociar los términos del mismo, con condiciones menos favorables para México; la deportación de millones de indocumentados, y gravar con altos aranceles las importaciones a Estados Unidos, es necesario plantearse ¿Qué hacer?

Independientemente de que la Ford indique que no se va a ir del país y que tiene pensado ampliar su producción a pesar de las amenazas del presidente electo de incrementar en un 35% los aranceles de los vehículos importados a Estados Unidos, persiste en la planta productiva de México y de los dirigentes de la política económico un desconcierto, una desazón, una incertidumbre acerca de ¿qué va a pasar si Donald Trump cumple las promesas de campaña?

Y eso es precisamente el problema: la dependencia de la economía mexicana y de la sonorense de los Estados Unidos, que se abonó durante más de cinco décadas en las que se entró en lo que podemos llamar una zona de confort y se abandonaron de forma paulatina los propósitos de desarrollar una planta industrial nacional y acrecentar el desarrollo económico afianzados en las potencialidades locales y no en la ilusoria inversión extranjera.

En las condiciones actuales de debilidad financiera y económica de México, el replanteamiento de los términos del TLCAN por Estados Unidos y Canadá sería seguramente en condiciones desfavorables, lo que agravaría la situación de desigualdad social y afectaría el crecimiento económico de por sí exiguo.

El pasmo y la pasividad de la clase política de nuestro país es preocupante. Ante la amenaza de deportación de cerca de 3 millones de indocumentados, las acciones de la Secretaría de Relaciones Exteriores parecen más un comunicado que políticas de protección y cuidado, y eso que las remesas que envían los indocumentados se han convertido en la principal fuente de divisas para el país y esta deportación significaría no solo un enorme daño social sino también económico.  Las remesas se dejarían de percibir y habría que atender a los connacionales. Solo para el estado de Sonora, en cifras del INEGI (2016), en el 2015 los ingresos por remesas familiares alcanzaron los 101 millones de dólares.

De continuar la actual política económica, algunos analistas como BlackRock pronostican para México un crecimiento económico de 1% para el próximo año, lo que agravaría aún más la severa crisis por la que atraviesa nuestro país desde hace varios años.

En el estado de Sonora, desde hace varios sexenios, parte de las políticas públicas plasmadas en los planes de desarrollo económico se orientan a incentivar la inversión extranjera, se fomenta la instalación de plantas maquiladoras, principalmente de Estados Unidos, y la industria minera. La producción agroindustrial se envía casi en su totalidad a Estados Unidos; la exportación de más de 230 mil cabezas de ganado en pie habla de la dependencia y de la poca visión de los empresarios agrícolas y ganaderos, pues durante más de 70 años las exportaciones del sector primario no pasan por un proceso de transformación y se sigue exportando ganado en pie, cuando ya bajo el gobierno de Abelardo L. Rodríguez se realizaron intentos para exportar la carne sonorense en cortes finos.

Sin parecer simplistas, consideramos que la solución no es ceder más y en condiciones más desfavorables para México, no es con la disminución de salarios o de pensiones y una mayor entrega de la soberanía de nuestro país con lo que se deben enfrentar los nuevos vientos de la economía mundial. Ante el giro que podría dar la política económica de los Estados Unidos, no es con una política económica que posicione de facto al empresario nacional como el último eslabón de la cadena productiva.

Se requiere una política económica orientada a fortalecer la planta productiva para el desarrollo de una industria nacional, reactivar el mercado interno, establecer organismos y mecanismos de largo plazo que no abandonen lo que ya se había logrado en materia económica  con la entrada de un nuevo gobernante, sino continuar y fortalecer lo que había probado funcionar. Proteger, valorar y respetar los recursos naturales que posee México y no regalarlos al mejor postor y, sobre todo y antes que nada, acabar con la corrupción y con la danza de gobernantes que se apropian de los recursos públicos y lo único que dejan a su paso es una estela de destrucción, impunidad, deuda y pobreza.

*Profesora-Investigadora de la Universidad Estatal de Sonora. Doctora en Ciencias Sociales por el Colegio de Sonora