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FOTO DE LA SEMANA: “Cazador cazado”

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

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Replanteando las oportunidades en un escenario de incertidumbre económica

Liz Ileana Rodríguez Gámez.*

 

El triunfo electoral de Donald Trump en Estados Unidos ha sometido a los mercados financieros a una presión que la débil economía de México no puede soportar.  Si bien su repercusión en el dólar ha sido uno de los indicadores de la incertidumbre de inversionistas y empresarios, aunado al temor social de las familias de connacionales ilegales en aquel país y de aquellas que de este lado de la frontera sobreviven y viven gracias a las remesas, debemos pensar que también el tipo de cambio es un indicador del temor de la clase gobernante y política del país de quedarse sin un timón para mover a este grandioso país.

La idea que trato de expresarles, queridos lectores, es que lo que está en juego en los próximos meses es la redefinición de un nuevo rumbo, aquello que los economistas llamamos un cambio de modelo, lo cual, por supuesto impactará la próxima elección presidencial. Desde los años ochenta y particularmente tras la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, los gobernantes mexicanos han estado de acuerdo en que el motor de la economía sea el sector exportador, a costa de un tipo de cambio más caro que favorece a quienes comercializan en dólares y castiga el mercado local y al empresariado, que debe importar insumos del exterior. Insumos que aún no hemos logrado producir en casa.

La sola idea de que Estados Unidos reconsidere el TLCAN pone a los políticos a repensar en un periodo de ajuste con sus respectivos costos económicos y sociales, pero también políticos. Varios elementos económicos están en juego: 1) una política monetaria que si bien ha logrado la estabilidad macroeconómica, los hechos de las últimas semanas muestran que es endeble; 2) un sector externo que no ha logrado generar el crecimiento requerido para ocupar formalmente a los jóvenes que buscan trabajo y retener a quienes ya están laborando; 3) un sector rural que no produce lo suficiente para alimentar a su población y que además ha contribuido a engrosar las desigualdades y los niveles de pobreza en el país; 4) un mercado interno débil y carente de políticas de apoyo a empresarios y emprendedores, y 5) una política fiscal y de Estado que renuncia paulatinamente, por convicción o incapacidad, a buscar caminos estratégicos en beneficio de la sociedad.

Es por ello que en medio de la incertidumbre y con una recesión económica asomándose a la puerta de la economía mexicana, conviene de una vez por todas convencernos de que el modelo exportador se agotó y que es necesario un nuevo modelo de desarrollo cimentado a partir de varias actividades económicas clave. A algunos políticos esta situación les asusta, pero para la clase política y económica del país, que es la que toma realmente las decisiones importantes del rumbo de México, lo anterior implica la oportunidad de replantear nuevas ideas para llegar a nuevos mercados, sectores, o simplemente de encontrar nichos donde puedan seguir generando su propio beneficio económico.

Esta discusión resulta particularmente pertinente para Sonora, por su relación comercial y de negocios con Arizona, y ante la necesidad de identificar las actividades que puedan generar crecimiento económico, empleo, mejores condiciones de ingreso y servicios sociales a la población. Los pilares de crecimiento de la economía sonorense como son la industria minera, el sector aeroespacial, la maquila electrónica, la industria metalmecánica y la exportación de productos agropecuarios deben ser replanteados a la luz del agotamiento del modelo exportador. Así mismo deben evaluarse actividades y sectores estratégicos que tengan oportunidad de crecimiento en este nuevo contexto. Seguramente el plan sectorial de mediano plazo para el desarrollo de una “economía con futuro” requerirá de ajustes en este sentido.

*Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.