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Estudios de posgrado, ¿nuevas fuentes de empleo?

 

Zulema Trejo Contreras*

En las décadas de 1970 y 1980 poco se escuchaba hablar de estudios de posgrado entre los estudiantes que cursaban estudios a nivel licenciatura; generalmente el pensamiento de los universitarios estaba puesto en finalizar la carrera, titularse y buscar trabajo. La idea de continuar los estudios para dedicarse a la investigación en una determinada área del conocimiento no estaba muy difundida fuera de las ciencias exactas, donde los estudios de nivel maestría y doctorado eran más frecuentes que en las ciencias sociales o las humanidades.  A partir de la década de 1990 la difusión de los estudios de doctorado entre los estudiantes del nivel licenciatura se amplió considerablemente, de tal manera que la opción de continuar estudiando en vistas a prepararse para dedicarse a la investigación en diversos campos de las ciencias naturales, sociales, exactas y humanidades, se convirtió en una opción generalizada para las generaciones de egresados de licenciatura.

Una vez que la posibilidad de realizar estudios de posgrado se generalizó entre los estudiantes de licenciatura, la oportunidad de que el posgrado se cursara con el apoyo de una beca de manutención otorgada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) propició que los universitarios ampliaran el rango de sus aspiraciones no sólo a estudiar posgrados, sino a realizar esos estudios fuera de sus lugares de origen, ya fuera porque en sus regiones no existía oferta de posgrados o, si la había, no era la que las o los estudiantes deseaban cursar.

El incremento de instituciones que ofrecían la posibilidad de cursar estudios de maestría y doctorado con el beneficio adicional de contar con la beca de manutención proporcionada por CONACYT tuvo como consecuencia lógica el incremento en el número de solicitantes a ingresar a maestrías y doctorados, así como la graduación de maestros y doctores, que buscaban incorporarse al mercado de trabajo como investigadores. Desafortunadamente las circunstancias socio-económicas del país no han permitido que la apertura de empleos en las instituciones dedicadas a la investigación científica haya ido a la par del incremento en el egreso de maestros y doctores del programas de posgrado que cuentan con la posibilidad de gestionar y obtener becas de manutención para sus estudiantes.

El panorama descrito anteriormente nos lleva a la situación que da título a esta colaboración: es decir, ante la falta de empleos no sólo para quienes egresan de un posgrado sino también para quienes terminan sus estudios de licenciatura, los estudios de posgrado estén siendo vistos más como una alternativa de trabajo que como una etapa de preparación para quienes desean dedicarse a la investigación en algún campo de la ciencia.

¿Cómo se ha detectado esta tendencia?, si hablamos en términos formales y oficiales, tendremos que reconocer que aún no hay estudios por parte de CONACYT u otras instituciones que nos indiquen directamente esta tendencia que, sin embargo, se advierte en indicadores como la eficiencia terminal (el número de alumnos que se gradúan en relación con el número de estudiantes que ingresan), el índice de retención (número de alumnos que concluyen sus estudios), estudiantes que abandonan el posgrado cuando reciben una oferta de trabajo, los pasos sucesivos de licenciatura a maestría y doctorado, estancia posdoctoral sin que medien periodos de trabajo remunerado entre unos y otros.

Dado el anterior escenario, surge la pregunta en torno a las verdaderas motivaciones de un estudiante para ingresar a un programa de posgrado: ¿realmente tiene intenciones de prepararse para la investigación?, o la aspiración de estudiar al posgrado está motivada principal, si no únicamente, por la posibilidad de contar durante dos o cuatro años con una beca que se percibe como “sueldo temporal”. A la par de estos cuestionamientos uno se pregunta  qué tan válido es admitir en los posgrados a estudiantes que se inscriben primordialmente por la beca o, en todo caso, cómo se puede identificar a aquellos que realmente desean prepararse como investigadores frente a quienes ven el posgrado como un empleo temporal.

Se dice constantemente que México necesita avanzar en el desarrollo científico y tecnológico, se nos dan posibilidades de preparar los recursos humanos necesarios para ello, pero una vez que finaliza la preparación no hay forma de emplear estos recursos humanos de alta calidad, así pues, pareciera que no hay forma de romper el círculo que hemos esbozado en estas líneas.

*Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.