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    Publicación cuatrimestral, Año XXIV, núm. 55, septiembre-diciembre de 2012, El Colegio de Sonora, Hermosillo, Sonora $ 80.00

FOTO DE LA SEMANA: Pase Usted, función diaria

Por Cristina Martínez

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Impuestos y malestar ciudadano

Por Alvaro Bracamonte Sierra*

Vamos a partir de la premisa de que, en efecto, lo que se recaude del impuesto que sustituyó a la desaparecida tenencia se canalizará a infraestructura municipal; se trata de alrededor de 750 millones de pesos que ingresarán por esa vía. Subrayo el supuesto de partida porque no hay certeza de que así será pese a que el decreto correspondiente lo establece. La duda surge por varias razones entre las que podemos destacar las siguientes: percibo que el gobierno estatal ha perdido dramáticamente credibilidad, afirma, propone y plantea una serie de cosas y en los hechos no pasa nada. Gran parte de sus pronunciamientos han sido sólo pompas de jabón, pura estridencia mediática. Es el caso de la famosa transformación total y profunda de la administración pública que, hasta donde se observa, deja mucho que desear.

En la misma situación está el anuncio del programa de austeridad de mediados de 2012; pese a los ahorros que dejó, está lejos de constituir una verdadera estrategia de política pública. Algo similar ocurrió también con el anuncio de una cuantiosa inversión para desarrollar el Centro de estudios sobre energías renovables. Como estos ejemplos, se cuentan muchos más que, en conjunto, abonan a la pérdida de confianza en la autoridad y reducen la certidumbre de que los municipios efectivamente serán los beneficiarios de la referida recaudación extraordinaria.

Otras circunstancias se suman para dudar del destino final de dichos fondos. De acuerdo con un desplegado publicado en este mismo diario, se deberá cumplir con un tortuoso procedimiento para acceder a ellos. En primer lugar, habrá de contarse con una carpeta de proyectos de infraestructura. Si los ayuntamientos no la tienen, deberán inventarla, pues de lo contrario no recibirán nada. Esta posibilidad abre la puerta para simular que cuentan con tales proyectos, lo que se convierte en un problema pues, de darse esta circunstancia, el desperdicio de recursos sería mayor. El otro escenario es que los proyectos no existan y que tampoco se inventen, lo que llevaría a preguntarse a dónde irían los fondos acordados para este programa.

Esta confusión lleva a cuestionar las razones que motivaron al gobierno a promover un impuesto que está incubando aceleradamente el malestar entre la población. Entiendo que la administración de la alternancia carga con un déficit cuyo origen es diverso; como cualquier pasivo, ese problema debió ser resultado de que se gastó más de lo que ingresó.

Si hubo un exceso de gasto ¿por qué lo deben pagar los ciudadanos con nuevos impuestos o incrementos a los vigentes? La aplicación de nuevas contribuciones es, o debería ser, la última opción considerando que antes debieron aplicarse recortes presupuestales que permitieran subsanar el pasivo. En todo caso, si este existe, ¿de cuánto es el monto? ¿Cuál es la proporción respecto al presupuesto aprobado para 2013? Recordemos que éste fue superior a 40 mil millones de pesos, cifra nunca antes ejercida. Si el déficit fuera de 2 mil millones (originados por ejemplo por los intereses y el pago de la deuda que no se tuvo en anteriores ejercicios), éstos representan apenas el 5 por ciento  del total.

Tomando en cuenta estas proporciones ¿por qué no se aplicó un auténtico esquema de austeridad eliminando partidas innecesarias y/o revisando la posible duplicación de programas? Tan sólo el anunciado a mediados del año pasado, de acuerdo con las cifras manejadas por el secretario de Hacienda, generó más de 300 millones de pesos. Creo que esta salida hubiera sido mucho más interesante y tendría en este momento la aprobación ciudadana.

En todo caso, si la austeridad no alcanza para sanear las finanzas, entonces sí, y previa explicación, se solicitan nuevas contribuciones. Nada de esto ocurrió. Casi sin debate se aprobó la Ley de Ingresos que consideró, entre otros, la tristemente célebre tenencia y el incremento de las tarifas de varios servicios que presta el Estado.

Como se sugería al principio, valdría la pena saber cuáles fueron las razones que convencieron al gobernador de que aumentar los impuestos era correcto cuando a todas luces se sabía que serían rechazados. Es decir, sería bueno conocer las motivaciones que lo condujeron a aceptar un costo político que ahora se antoja excesivo, sobre todo porque había múltiples alternativas que eventualmente le redituarían el reconocimiento ciudadano.

Los fundadores del pan se distinguían por la sobriedad y la austeridad republicana, eran la antítesis de la frivolidad que, con arrogancia, exhibía la familia revolucionaria. ¿Por qué a los panistas de hoy les parece imposible reducir el gasto para recuperar la salud hacendaria? Son temas para reflexionar.

*Profesor-investigador del Centro de Estudios de América del Nortede El Colegio de Sonora. Correo electrónico: abraca@colson.edu.mx