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FOTO DE LA SEMANA: “Vida y muerte en el anaquel” de Elsa Ivette Jiménez Valdez

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Vía libre

El mundo del todo está bien o del todo está mal
Alvaro Bracamonte Sierra*
Al leer o escuchar a los detractores del Comun se advierte un sesgo descalificador a todo lo que hace el gobierno de Padrés y del panismo en general. Para ellos todo está mal y nada o casi nada merece reconocimiento. Para respaldar sus posturas utilizan estadísticas cuya fuente es dudosa o sencillamente inexistente y por tanto son probablemente inventadas; insinúan, entre otras cosas, que la reestructuración de la deuda fue deficiente; sin documentar mucho, afirman que el endeudamiento es superior al monto oficialmente manejado; exageran cuando dicen que la recaudación del impuesto a la infraestructura municipal será mayor a la que se obtendrá en la zona metropolitana de la Ciudad de México donde viven más de 40 millones de mexicanos.

En estos casos, y en muchos otros, los datos disponibles no confirman tales afirmaciones. Peor aún, aprovechan la presunta pifia gubernamental para atizar en otros temas cuyas estadísticas igualmente rechazan. Por ejemplo, los datos de crecimiento del PIB son puestos en duda pese a que la información proviene de fuentes autorizadas; algo parecido observamos con las estadísticas laborales, mismas que cuestionan aun cuando son generadas por el IMSS, que es la fuente más seria en esa materia. Incluso, se ha caído en el absurdo de negar el establecimiento de nuevas empresas o los anuncios de inversión de otras tantas.

En fin, se vive el extraño caso de que nada les resulta creíble; de que todo está mal y de que el gobierno panista es la encarnación de la mentira, el engaño, el embuste y el gatopardismo; en esa vorágine depredadora hasta los más moderados incurren en ese tipo de desmesuras. Algo mal debe estar haciendo el gobierno como para que una parte de la sociedad, interesada o desinteresadamente, consciente o inconscientemente, anide esa nociva percepción. Independientemente de que esta es una construcción arreglada al amparo de las tensiones preelectorales propias de un calendario político adelantado, lo cierto también es que el gobierno padresista tiene una buena dosis de responsabilidad en esta sobresaltada coyuntura.

Tuve oportunidad de oír la conferencia de prensa ofrecida por Guillermo Padrés el jueves 10 del mes en curso. Contrario a lo que señalan los detractores, para el cananense todo está bien. Con un discurso algo deshilvanado, el gobernador dijo que todas sus acciones han producido resultados alentadores para la entidad. Los nuevos impuestos no tendrían un desenlace diferente. Ahí están el dinamismo de las inversiones, las altas tasas de crecimiento obtenidas, la generación de empleos y otros indicadores con desempeños por arriba de los promedios históricos.

Nos dice que ese alentador comportamiento no debe afectarse, y que por ello son ineludibles nuevas cargas impositivas. Con eso en mente, el Ejecutivo reitera que todo está bien, que no hay marcha atrás y que, pese a las opiniones en contra, seguirá adelante con las decisiones tomadas. A su juicio, la recaudación presupuestada salvaría de la ruina a la Hacienda estatal y de paso consolidaría el buen desempeño económico que a su parecer está beneficiando a la población más vulnerable. Precisamente esta creencia es lo que no encaja entre una parte creciente de la ciudadanía.

Está bien que al gobernador le inquiete la salud de las finanzas, pero no hay, ni siquiera tímidamente, una frase autocrítica en torno al debilitamiento de las mismas. No es suficiente imputarle la mala situación que atraviesa a las administraciones anteriores; hay que ir más allá de esa simplista explicación: se requiere formular un ejercicio de evaluación honesto que delimite el grado de responsabilidad que tuvieron los priistas y las autoridades actuales. Un corte de caja serio de los gastos y los ingresos aclararía el origen de la problemática y daría luz sobre las consecuencias que tuvieron la reconducción presupuestal, las eventuales reasignaciones a obras del Sonora SI y, claro, el papel de los tricolores en este desaguisado.

La polarización social derivada del rechazo por un lado y la ratificación del Comun por otro está configurando una especie de callejón sin salida o al menos sin salida fácil. La delicada coyuntura debería ser una oportunidad para soluciones de largo plazo; para ello es indispensable que tanto gobierno como detractores depongan el discurso pendenciero y le den una oportunidad al sentido común. Lo primero que habría que reconocer es que no todo lo que propone el gobierno es malo pero tampoco todo es bueno. Hay que matizar la crítica y el autoelogio pues a menudo se incurre en fundamentalismos temerarios. Empezar por ahí sentaría las bases de una nueva convivencia que, a juzgar por el tono de la descalificación, es urgente.

*Profesor-investigador del Centro de Estudios de América del Norte
de El Colegio de Sonora. Correo electrónico: abraca@colson.edu.mx