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FOTO DE LA SEMANA: “La otredad”

La imagen fue capturada por Karla Robles

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Y sin embargo

Nicolás Pineda Pablos*

Para mí es claro que hay una crisis política en Sonora. Lo veo en las manifestaciones del movimiento “No más impuestos” y de los concesionarios del transporte; se siente en el pulso de los noticieros (y en sus omisiones) así como en el comportamiento del gobernador. Sin embargo, no son claras ni la naturaleza de la crisis ni su origen ni sus consecuencias. No hay un diagnóstico completo, sólo tenemos piezas sueltas de un rompecabezas cuyo armado resulta un acertijo. Sin contar con información privilegiada, únicamente como simple observador, les presento una reflexión que trata de comprender la situación política actual del estado de Sonora.

Naturaleza de la crisis
Primero, se trata de una crisis política y no hay ni crisis económica ni social en el estado. Es una crisis ubicada en las esferas del gobierno y que, hasta ahora, no impide que haya normalidad e incluso avances en otros ámbitos. Esta crisis fue escalando en el último año, de estar ubicada en el conflicto por el acueducto, luego se combinó con la crisis presupuestal de 2012 y se manifiesta en conflictos con yaquis, transportistas y el movimiento “No más impuestos”. En el contexto nacional, se combina con el cambio en la presidencia y el regreso del PRI a los Pinos. Entramos en el cuarto año del sexenio estatal y se comienzan a mover las piezas para el siguiente reacomodo estatal del 2015. Estamos en el año de las medidas drásticas.

El origen
Hasta donde se puede ver, se trata de una crisis de origen fiscal que se manifiesta en el flujo de caja del gobierno del estado. Entre las piezas sueltas están el incremento de la deuda estatal al incorporar la deuda del fideicomiso Impulsor por más de 5 mil millones de pesos en 2011. No se ha informado sobre las condiciones o motivos en las que se atrajo esta deuda ni por qué se tuvo que hacer. Está, además, la reconducción presupuestal del 2012 y la contracción de los ingresos estatales, cuyo ejercicio estaba sujeto a restricciones en proyectos y contrataciones. Pero no sabemos si efectivamente se dio la contracción o restricción. Como tercer elemento, tenemos que el nuevo secretario de Hacienda federal está apretando las tuercas de los estados al exigir control de la deuda e incremento de los ingresos propios, lo que pudiera ser una pieza clave para entender el comportamiento estatal.

Sin embargo, hay datos que no encajan. Por un lado, las participaciones y transferencias federales, que constituyen el 90 por ciento del ingreso del gobierno estatal, no han dejado de fluir y debieran ser garantes de la estabilidad financiera. Por otro lado, no queda claro cómo dejar de percibir un impuesto que no significa ni el 2 por ciento de los ingresos puede desestabilizar al estado. Tampoco se entiende cómo es que ahora el impuesto llamado Comun resulta el garante no sólo de la infraestructura (y deuda) de los municipios, sino también del pago de la deuda heredada del estado, los uniformes escolares, el transporte gratuito, el empleo e, incluso, del CRIT. Como que es una pieza demasiado chica para que de ella dependa todo el conjunto.

Si lo que se quería es hacer infraestructura o gasto de inversión (que significa el 12 por ciento del presupuesto) y los ciudadanos lo rechazan, mínimamente se pudiera recortar el gasto en ese rubro. La realidad es que no hay transparencia ni información suficiente.

Las consecuencias
¿A dónde vamos a parar con todo esto? Un escenario es que el gobierno del estado acepte hacer modificaciones en su presupuesto de ingresos y ajuste el gasto. En este caso, habría una distensión y sería un buen preludio para la participación del PAN en las elecciones locales de 2015. El ceder y aceptar hacer cambios le restaría causas al movimiento de oposición y mostraría un gobierno más sensible. No resolvería su problema de caja, pero atenuaría los efectos políticos. El gobierno estatal haría bien, además, si mostrara un poco de autocrítica, mayor transparencia en sus finanzas, combate a la corrupción y promoviera la austeridad y eficiencia. Ya ha demostrado que es muy hábil cuando se lo propone.

El otro escenario, más probable, es que el gobierno estatal no ceda, ni se mueva de su posición y se sostenga en el cobro del Comun. En este caso, es probable que muchos contribuyentes se conviertan en morosos y que los ingresos estatales no alcancen el nivel esperado. Tal vez incremente algo sus ingresos propios y le den algún premio fiscal, pero dejaría inconforme a mucha gente y quedaría una mala imagen. Sus posibilidades de triunfo en las próximas elecciones se reducirían considerablemente.

No hay que olvidar que antes del 2012 los estrategas del gobierno estatal consideraban que la oposición en Cajeme era de sólo unos cuantos y que el PAN ganaría de calle las elecciones. La realidad fue muy diferente. ¿No se estará repitiendo la historia a nivel estatal?

 

*Profesor-investigador del Programa de Estudios Políticos y de Gestión Pública

de El Colegio de Sonora. Correo electrónico: mpineda@colson.edu.mx