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FOTO DE LA SEMANA: FOTO DE LA SEMANA: Semana Santa en Maycoba

La imagen fue capturada por Armando Haro.

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Vía Libre

Elogio a la tenencia

Alvaro Bracamonte Sierra*

Con ese título publicó en Animal Político (noviembre 2011) Gerardo Esquivel, reconocido economista de El Colegio de México, una interesante reflexión sobre el controvertido impuesto. Lo traigo a colación a propósito del debate que en torno al Comun se ha desatado en Sonora en lo que va del 2013. Entre otras cosas, Esquivel señala que pese a que la tenencia es el impuesto más odiado y vilipendiado por las clases medias es, a su juicio, el mejor y más noble tributo con que contaba el sistema fiscal mexicano y (añado) cuenta ahora la política impositiva del gobierno estatal. Al considerar las razones de por qué es el mejor y más equitativo, esgrime cuatro:

1. “En primer lugar, porque se trata de un impuesto con una clara correspondencia en beneficios para los propios contribuyentes, ya que la mejor infraestructura vial es precisamente para el uso y disfrute de los usuarios de vehículos”. Habría que agregar que la tenencia federal no se introdujo para financiar las Olimpiadas, como erróneamente se ha creído, sino para fomentar la construcción de una mayor infraestructura vehicular en todo el país. Aunque este espíritu se desvaneció en la bizarra estructura presupuestal, lo cierto es que dicha contribución tenía un propósito específico. El Comun recoge esa premisa pues se supone que los recursos obtenidos servirán para la modernización de calles y avenidas de los centros de población local, al menos ésa es o era la justificación original.

2. Es el más noble gravamen porque “se trata de un impuesto con un marcado carácter progresivo (pagan más los que tienen más)”. Esquivel sugiere que las características de los automóviles adquiridos cambian drásticamente conforme se avanza en el nivel de ingreso.

Es decir: el número de autos por hogar, el año de producción y su costo, suelen estar directamente relacionados con el nivel de ingreso de los hogares. Esto implica que los hogares relativamente ricos contribuirán más con ese impuesto (incluso mucho más) que los hogares de clase media o media baja (porque los vehículos de éstos, cuando los tienen, son en promedio pequeños, con menor equipamiento o son modelos menos recientes). Si los datos manejados por el secretario de Hacienda estatal son correctos, se confirmaría entonces la apreciación del profesor de El Colegio de México.

3. En tercer lugar, “porque de alguna manera contribuye a desincentivar la compra de automóviles, y con ello se reducen los efectos negativos asociados a la congestión vehicular, el tráfico y la emisión de contaminantes ambientales” que es, dicho sea de paso, uno de los mayores causantes del calentamiento global. De acuerdo con las estimaciones del doctor Esquivel, la tenencia incrementa entre 25 y 40 por ciento el precio de compra durante los años de vida útil del automóvil. Este sobreprecio actúa como un mecanismo disuasivo para la adquisición de vehículos y por tanto propicia que las personas opten por el trasporte público. Aunque esto teóricamente aplicaría también para Sonora, lo cierto es que en la entidad hay un factor que opera en sentido contrario a este efecto inhibidor que tendría la tenencia: el pésimo servicio que prestan los concesionarios del transporte. Si realmente queremos que se replique lo señalado por Esquivel, es indispensable avanzar en el proceso de modernización de este servicio sustancial. 

4. El cuarto y último argumento referido es que la tenencia es una excelente carga tributaria “porque, a diferencia de otros impuestos progresivos, como el Impuesto Sobre la Renta (ISR) o el predial, es de fácil cobro y supervisión, lo cual se traduce en una baja tasa de evasión, contribuyendo así a una mayor equidad en el cobro del impuesto”. En resumen, es fácil percatarse de las bondades y ventajas que para el Gobierno tiene la tenencia, que en Sonora ahora es llamada Comun. Entonces la pregunta lógica es ¿por qué ha generado tanto descontento y malestar entre los ciudadanos? Una hipótesis inmediata expresaría que no es necesariamente el impuesto lo que explica las movilizaciones recientes, sino el procedimiento bajo el cual se estableció y los antecedentes que hay respecto a su eliminación.

El asunto es de percepción: el ciudadano piensa que el Gobierno está haciendo mal uso de los recursos que aporta para financiar su operación. En un escenario de esta naturaleza le correspondería al Estado una ardua labor para convencer al ciudadano promedio de que se hace un uso correcto de esos recursos y que está actuando con total transparencia en esa materia. Ahí está la clave para que de una vez recuperemos la armonía social.

*Profesor-investigador del Centro de Estudios de América del Norte de El Colegio de El Colegio de Sonora. Correo electrónico: abraca@colson.edu.mx