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    Autora Esther Padilla Calderón El Colegio de Sonora, 2013 Hermosillo, Sonora $ 300.00

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FOTO DE LA SEMANA: El río Tajo desde el Castillo de San Jorge, Lisboa, Portugal

La imagen fue capturada por Carmen Castro Vásquez

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Agua, poder y escasez en pueblos de Sonora

Cómo se resolvió la escasez de agua en el Ejido San Miguel de Horcasitas y de qué dependió que la resolución fuera diferente en regiones del ejido, son los puntos que la doctora Esther Padilla Calderón aborda en el libro Agua, poder y escasez. La construcción de un territorio en un ejido Sonorense, 1938-1955, publicado por El Colegio de Sonora recientemente.

El ejido San Miguel de Horcasitas, explica la autora, se creó en un territorio con una historia específica alrededor del uso, apropiación y expropiación de los recursos naturales. Se constituyó por pobladores de la Villa de San Miguel de Horcasitas y el pueblo de Los Angeles cuyas historias socioproductivas son diferentes aunque han compartido experiencias en el ámbito de la producción agropecuaria. Sus diferencias desembocan en distintas formas de organización durante la reforma agraria y en otras respuestas ante la situación de escasez de agua que enfrentaron después.

Padilla Calderón afirma en el texto que la sequía está relacionada con las condiciones climatológicas, mientras que la escasez hace referencia a procesos de carácter social. El ejido Horcasitas vivió sequía y escasez en la época de estudio, pues en esos años la precipitación pluvial se registró por debajo del promedio (sequía)  y la poca agua que había se repartió entre unos cuantos, es así que la escasez se construyó. Quienes reciben el agua ocupan los puestos de representación del ejido y son quienes la reparten a los grandes dueños de las tierras.

Respecto a la repartición de tierras en la reforma agraria cardenista, la doctora Padilla encontró que los ejidatarios de Los Ángeles persistieron en tener  los mismos predios que tenían antes de la reforma agraria, pues ya la habían trabajado, cercado, es decir nunca se dejaron. Sentían que no le debían nada a nadie, pues ellos siempre habían estado ahí y no creían que debían de repartir lo que era suyo.

En Horcasitas, el mediador entre ejidatarios, las autoridades del ejido y otras instancias era un individuo de apellido Solís. No tenía arraigo en la zona, pero sí un fuerte vínculo con Manuel Z. Cubillas quien tenía el 56 por ciento de las tierras. Solís  gestionó para los ejidatarios las tierras expropiadas a Z. Cubillas, pero con un carácter clientelista; es decir, los ejidatarios quedaban en deuda con él, no había democracia.

Durante la sequía, algunos ejidatarios no alcanzaron reparto de agua y se fueron a otra parte. Solís, como  máximo controlador de agua, se quedó con los predios y los trabajó. Uno de los antiguos ejidatarios dijo:  “veíamos pasar los carros de Solís cargados de producto y nos preguntábamos ¿pues qué no había sequía?”