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La imagen fue proporcionada por Cristina Martínez Rascón

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Vía libre

Paradojas del boom minero

Alvaro Bracamonte Sierra*

Hace varios meses contesté una llamada telefónica de un caborquense preocupado por el eventual desastre ecológico y económico que generaría la operación de una minera establecida en los alrededores de la cada vez más exigua superficie agrícola de la Perla del Desierto. Quien llamaba no era un ciudadano común; se trataba de un productor pecuario quien, aunque enfrentando dificultades económicas, aún se mantenía activo pese a los dramáticos problemas de abasto de agua que padece la región. Era un personaje bien informado pues a su condición de agricultor se agregaba que también había sido un alto funcionario público del gobierno estatal y representante del mismo en aquella árida zona sonorense.

Lo que evidentemente le angustiaba y quería denunciar por todos los medios era que las sustancias químicas que se estaban utilizando para beneficiar los metales preciosos extraídos eran tremendamente tóxicas y después de aplicarlas se almacenaban en espacios inadecuados para el manejo de materiales contaminantes, con la consecuente filtración a las aguas subterráneas que tan precariamente corren en esa región de la entidad.

Su mayor inquietud, decía, eran las consecuencias que enfrentarían los uveros y hortaliceros al regar con agua de mala calidad, lo que a la postre les acarrearía problemas con la comercialización de la cosecha. Dado que una parte significativa de la producción de espárragos y uva de mesa se exporta a Estados Unidos, temía que si al gobierno de ese país se le ocurriera inspeccionar las condiciones de inocuidad descubriría que el agua no es adecuada y eventualmente podría proceder a embargar la importación de esos productos. En estas circunstancias el de por sí menguado agro recibiría la estocada final y moriría así el otrora emporio agrícola regional.

Han pasado varios meses desde que conocí de viva voz esta problemática resumida con dramatismo por este ciudadano caborquense y desconozco cómo van las gestiones que comentó emprendería. Ojalá se haya logrado establecer una mínima base para el manejo de los químicos utilizados a fin de evitar que pongan en riesgo la viabilidad del sector primario del municipio.

El viernes al mediodía, me dirigía al Centro de Hermosillo para acudir a una cita pactada con un colega académico. Circulaba de Oriente a Occidente por la calle Colosio y al cruzar la avenida Reforma me percaté de que el tráfico súbitamente se interrumpió; tardé 45 minutos en llegar a la Yáñez. El embotellamiento no era normal; seguramente algo había ocurrido. En efecto, luego me enteré de que a la altura de la Procuraduría Estatal había un plantón de ejidatarios provenientes de la comunidad de San Antonio de la Huerta, municipio de Soyopa.

El plantón tenía el propósito de presionar a las autoridades para que liberaran a una treintena de compañeros detenidos en una manifestación previa. La presión dio resultado pues al caer el día fueron puestos en libertad. Este acontecimiento sería uno más de los muchos que cotidianamente se registran en esa área de la ciudad, pero llamó mi atención el motivo por el cual los ejidatarios se movilizaban y que dio pie a la detención de varios: la razón era la inconformidad con una empresa minera que había rentado una parte del polígono de la propiedad ejidal. No solo demandaban el pago adeudado de una anualidad, sino exigían la remediación de la tierra contaminada por la operación de la minera. De acuerdo con los pequeños productores molestos, la cosecha del ciclo agrícola quedó prácticamente siniestrada por los efectos de la acción de la empresa minera.

Estas estampas dibujan las paradojas que conlleva el pujante desarrollo minero que registra la entidad. Un acelerado ritmo de inversiones, la mayoría provenientes de Canadá y Estados Unidos, ha hecho de la minería una de las actividades más dinámicas de Sonora: empleos, exportaciones en expansión y primeros lugares nacionales en volúmenes de producción de varios metales, sitúan al Estado entre los principales productores mineros del país. Pero, al mismo tiempo que se suscita ese boom, se están produciendo múltiples desequilibrios sociales, ambientales y económicos cuyas repercusiones en el largo plazo son de pronóstico reservado.

A la luz de las inconformidades aquí ventiladas valdría la pena que la autoridad en la materia pusiera debido cuidado en atenderlas y pudiera prevenirse el daño que se está causando a los recursos naturales. De no actuarse en esa dirección se generaría un deterioro ambiental irreversible con graves consecuencias para las economías locales.

*Profesor-investigador del Centro de Estudios Históricos de Región y Frontera de

El Colegio de Sonora. Correo electrónico: abraca@colson.edu.mx