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La imagen fue tomada en Ures, Sonora, por Bárbara Huipe Robles

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Cuidado con los trabajos de cuidado

Z. Margarita Bejarano Celaya*

A propósito de los recientes infanticidios que nos han estremecido, principalmente en Hermosillo y Nogales, me parece pertinente llamar la atención sobre las formas en que se organizan las familias, las condiciones que se viven en los hogares, así como reflexionar sobre la distribución del tiempo de las mujeres, sobre quienes recae principalmente el cuidado infantil. Se ha documentado que los factores de estrés en los hogares se vinculan directa y positivamente con la violencia hacia los niños y niñas; es decir, a mayor permanencia de factores estresantes es más probable que se violente a los miembros de la familia y sobre todo a los más indefensos.

Algunas cifras ayudan a contextualizar el problema, que es alarmante pues 6 de cada 10 infantes viven violencia en México. El Instituto Nacional de las Mujeres ha publicado que el tipo de maltrato que se ejerce contra menores es determinado por algunos factores familiares y de género, por ejemplo: de los niños varones que viven con otros familiares sin la presencia de padre y madre, un 22.3 por ciento recibe maltrato físico y 30.9 por ciento son víctimas de maltrato físico severo; el maltrato emocional a niños es más común en hogares donde hay mamá y padrastro (61.6 por ciento), pero el maltrato por negligencia y abandono es más frecuente en los hogares donde viven con el papá y la madrastra (22.4 por ciento). Para el caso de las niñas, el maltrato físico (25 por ciento) y físico severo (20 por ciento) presenta prevalencia en las que viven con otros familiares, mientras que el maltrato emocional, la negligencia y el abuso sexual son más frecuentes en hogares donde viven mamá y padrastro (66.3 por ciento, 10.6 por ciento y 15.3 por ciento respectivamente). Además, en México diariamente son asesinados dos menores de edad.

El maltrato infantil es una dolorosa realidad y para combatirla es importante descubrir tanto sus fuentes como sus consecuencias. En México, como en otros países de América Latina y el mundo, la violencia física y sicológica se acepta como método de educación y socialización, así como para disciplinar a las y los menores. En este sentido, siendo las mujeres a quienes se atribuye casi exclusivamente el cuidado y la educación de la infancia, no resulta contrastante el dato de que prácticamente la mitad de las madres mexicanas sean violentas con sus hijas y/o hijos. Además, aunque no se justifica, los factores de estrés en el hogar detonan la violencia, por lo que es pertinente cuestionar cuáles son las condiciones en que las mujeres enfrentan cotidianamente el trabajo de cuidado.

Cuidar implica alimentar/nutrir, vestir, limpiar, dar atención, asistencia a la salud, acompañamiento en el esparcimiento, apoyo en actividades escolares, protección y una larga lista de actividades que se enmarcan dentro de lo necesario para que un niño o niña viva dignamente. Se trata de tareas que además implican una fuerte carga emocional, ya que se supone que deben ser realizadas con amor y diligencia para garantizar el bienestar de quien recibe el cuidado, casi como un cometido irrenunciable. Todas estas actividades se enmarcan en el espacio doméstico y recaen principalmente en las mujeres, en un contexto generalizado de crisis, no sólo económica sino de cuidado social.

Además de las condiciones materiales determinadas por el ingreso –que para la mayoría es insuficiente– el tiempo es un recurso muy valioso y del cual depende la calidad del cuidado. Existe en nuestro país también pobreza de tiempo, y las madres trabajadoras son quienes más la sufren, pues además de cumplir con la jornada laboral deben cubrir las de trabajo doméstico y de cuidado hacia los miembros de sus familias; esto es por supuesto un importante factor de estrés que puede redundar en violencia y maltrato por negligencia, pero hay pocos estudios al respecto. En este sentido, se requiere conocer la realidad del cuidado a la infancia en los hogares con el fin de diseñar políticas públicas de cuidado que permitan combatir de raíz los motivos de la violencia infantil.

 

*Doctora en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora. Correo electrónico: margaritabejarano@hotmail.com