» Convocatorias

  • cartel-posgrado Programas de Maestría y Doctorado en Ciencias Sociales »

    El Colegio de Sonora convoca a participar en el proceso de admisión de los programas de Maestría y Doctorado en Ciencias Sociales Consulta la convocatoria [...]

  • quinto turismo Quinto Coloquio Internacional Ciudades del turismo »

    El Colegio de Sonora , en colaboración con otras instituciones, convoca a participar en el Quinto Coloquio Interanacional Ciudades del Turismo. “El imaginario y la construcción [...]

  • col-urb 2do Coloquio Internacional de Estudios Urbanos: Nuevos horizontes en los estudios de la ciudad »

    Bases de la convocatoria

  • cartel-cipial Primer Congreso Internacional Los Pueblos Indígenas de América Latina siglos XIX y XXI »

    Avances, perspectivas y retos. Informes www.congresopueblosindigenas.org

» Novedades Editoriales

  • port-pol Modelos para el análisis de Políticas públicas »

    Coordinador: Nicolás Pineda Pablos El Colegio de Sonora, 2013 Hermosillo, Sonora $250.00

  • region-56 región y sociedad »

    Publicación cuatrimestral. Año XXV, número 56, enero-abril de 2013. $80.00

  • port-mujeres-periodismo Mujer, periodismo y opinión pública en Sonora. El caso de los periódicos El Pueblos y El Tiempo de Hermosillo (1934-1938) »

    Autora: Elizabeth Cejudo Ramos El Colegio de Sonora, 2013 Hermosillo, Sonora $200.00

FOTO DE LA SEMANA: “El café de las cuatro, al aire libre”

La imagen fue tomada en Ures, Sonora, por Bárbara Huipe Robles

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

mujeres-periodismo

Mujer, periodismo y opinión pública en Sonora. El caso de los periódicos El Pueblo y El Tiempo de Hermosillo (1934-1938)

Mujer, periodismo y opinión pública en Sonora. El caso de los periódicos El Pueblo y El Tiempo de Hermosillo (1934-1938)[1]

Miguel Escobar Valdez[2]

Un saludo muy cordial a todos ustedes y muy especialmente a Elizabeth Cejudo Ramos, la autora de Mujer, periodismo y opinión pública en Sonora, interesantísimo libro, mezcla de ensayo y crónica que deviene al final de cuentas en un sesudo, acucioso y valioso trabajo de investigación.

Después de una ausencia de 23 años, me reintegro al solar nativo, a la tierruca, dijera José María de Pereda, al reencuentro con mi gente. Y qué bueno que esta, ¿cómo llamarla?, reincorporación al quehacer literario en mi lugar de origen ocurra con la presentación del libro de Elizabeth, publicado por El Colegio de Sonora, que hace historia de la prensa regional y de las mujeres en la prensa sonorense.

Es que, verán ustedes, yo vengo de los medios informativos. Dijo un pícaro por ahí que a mí me parieron sobre la prensa rotoplana Goss de La Gaceta, un periódico guaymense ya desaparecido, decano de la prensa sonorense. Y la primera fémina directora de periódicos en Sonora fue doña Josefina Escobar de Escobar, mi tía abuela. Las estrellas se alinean, pues, para la presentación del libro de Elizabeth en Guaymas y con este presentador.

La autora señala, muy acertadamente en el prólogo de su obra, la vinculación que se dio en la época reseñada (1934-1938) entre el apoyo otorgado sin cortapisas por Lázaro Cárdenas para el sufragio femenino y la representación femenina en las filas del Partido Nacional Revolucionario (PNR), lo que devino en la incursión de la mujer en medios impresos. De hecho, la mujer busca acceder en ese lapso al quehacer público. Lamentablemente, fue hasta 1953, en el régimen de don Adolfo Ruiz Cortines, cuando culminaron los largos años de esfuerzos para conceder el voto a la mujer mexicana.

Pero al final del día, lo cierto es que el impulso de Cárdenas para la obtención del voto de la mujer fue el catalizador, el detonante, de la incursión de las féminas en la modulación de la opinión pública, vía los medios impresos, y la política.

Yo quiero consignar aquí textualmente las consideraciones de la autora respecto a la mujer y su ingreso a los medios impresos de comunicación. Dice Elizabeth:

“…estudiar a la mujer y su participación en la prensa remite su entrada a la esfera pública, su contribución para conformar la opinión pública y, por ende, para construir el gran discurso que es el poder simbólico. Entrar a la esfera pública significa ejercer algunos derechos que les son otorgados como ciudadanas, pero también una elección: contribuir a la creación del poder simbólico, uno de los pilares del ejercicio del poder en las clases dominantes, o formar parte de las otras esferas públicas, que buscan contrarrestarlo y dar vuelta a esa situación dominante”.

Totalmente de acuerdo con esa tesis.

En 1935 las mujeres afiliadas al PNR crearon un Frente Único pro Derechos de la Mujer, y al amparo de las secretarías de acción femenil creadas en el partido, participaron en los procesos políticos internos del PNR, antecedente del actual PRI. Al año siguiente, año de elecciones para gobernador de Sonora, se inclinaron por la candidatura del general Román Yocupicio, un reconocido adversario del general Calles, en el momento en que en Sonora existía un régimen callista encabezado por Rodolfo Elías Calles y, en consecuencia, en el estado estaban en todo su apogeo las feroces campañas desfanatizadoras: la antichina, la suspensión de cultos, la campaña antialcohólica que por supuesto, como en el caso de la Prohibición estadounidense, sólo provocaba mayor contrabando y consumo. Muchas madres de familia se sentían agraviadas por la persecución de sacerdotes y la suspensión de sacramentos como el bautismo, así como por el cierre de templos. El catolicismo era todavía la argamasa que mantenía unido a un considerable sector del feminismo mexicano. Hubo por ahí algunos incidentes como el que consigna este libro, protagonizado por un grupo de bravas féminas que echaron abajo las puertas cerradas del templo de Cócorit, con el subsecuente encarcelamiento de varias de ellas.

Ese era el escenario prevaleciente en el Sonora de mediados de 1936. A la precandidatura de Yocupicio se unieron las mujeres del Sindicato de Costureras y Similares en Hermosillo. Previamente las integrantes del Sindicato Femenil de Oficios Varios tomó parte en la asamblea que definiría al candidato a la gubernatura del estado. El sector femenil del PNR podía votar en elecciones internas partidarias para elegir candidato del partido oficialista, pero no en los comicios constitucionales. Hubo una manifestación de mujeres pro Yocupicio en Hermosillo y los hombres yocupicistas tuvieron que hacerles un cerco mientras desfilaban para evitarles agresiones. Eso sí, los partidarios de otros candidatos no dejaban de gritarles: “¡Ahí vienen las marimachos!”, a lo que las así agredidas respondían: “¡Tu madre es la única que falta!”. Al final, Yocupicio fue electo gobernador de la entidad. La activa participación de la mujer sonorense en política fue consignada en las páginas de El Pueblo, un periódico anticallista dirigido por don Israel González.

Es pertinente aquí hacerse eco de las consideraciones de la autora con referencia al papel de la prensa en el ámbito de la opinión pública. Dice Elizabeth que “sólo mediante el ejercicio de leer fue posible darle legitimidad a la crítica de esa esfera pública burguesa”. Es lo escrito, específicamente en los periódicos, lo que hace posible la aparición de una “comunidad crítica que incluye a lectores, oyentes y observadores. La prensa se convierte muy frecuentemente en actor, cuando ciertos medios establecen sus propios puntos de vista a través del análisis político con matiz partidista y el apoyo editorial a determinadas políticas y candidatos”. El clásico ejemplo sacado a relucir en todas las escuelas de periodismo es el periódico Regeneración, fundado por los hermanos Flores Magón, acérrimos enemigos de Porfirio Díaz, publicación decisiva para el estallido de la revolución de 1910. Por supuesto que el dictador encarceló repetidamente a editores y personal de redacción. En el caso del discurso femenino expuesto en los medios impresos de comunicación en la época que describe la autora de este libro, debe mencionarse que la toma de posiciones en los medios por parte de la mujer, la posibilidad que la mujer se dio a sí misma de ejercer su poder interpretativo y la exposición de sus puntos de vista a través de un periódico en esos años treinta, constituyó una circunstancia extraordinaria habida cuenta de que esa década se caracterizó por el esfuerzo mancomunado de Iglesia y Estado para mantener a las féminas en el ámbito doméstico.

Yo quiero abrir aquí un paréntesis para algunas acotaciones referentes a don Israel González, el director del periódico hermosillense El Pueblo. Israel fue un periodista bravísimo, de inconmovibles convicciones que le permitieron sobrellevar con gallardía encarcelamientos, destierros y una amplia gama de represalias por parte de aquellos enquistados en el poder con quienes disentía. Fue muy amigo de mi padre, don Miguel Escobar Meléndez, y junto con José Pomposo Salazar, a la sazón director del periódico nogalense Acción, Jesús Corral Ruiz, editor de Diario del Yaqui de Ciudad Obregón, y con mi progenitor, director de La Gaceta de Guaymas, fundaron el Bloque Periodístico de Sonora, que a la muerte de todos los que acabo de mencionar dejó también de existir.

Conocí a don Israel en sus últimos años de fructífera existencia y chavalo yo, en mis primeros años como diarista. En las contadas ocasiones en que llegué a tratarlo me impresionaba la firmeza inamovible de su toma de posiciones. De continente ceñudo, parecía que iba a arrojar fuego por la boca.

Hago esta digresión porque este libro se centra en los periódicos hermosillenses El Tiempo y El Pueblo. El Tiempo, dirigido en su primera época por don José Santiago Healy, fundador posteriormente de El Imparcial, era de corte oficialista, mientras que El Pueblo, de Israel, en su casi medio siglo de existencia se convirtió en uno de los referentes de la prensa sonorense, pionero del periodismo independiente. Esa independencia tuvo sus consecuencias, faltaba más; persecución, cárcel, la destrucción del taller gráfico donde se imprimía y el destierro. La autora de este libro considera —muy apropiadamente— a Israel González el periodista más perseguido en la historia de Sonora. En un momento dado, el gobierno de Rodolfo Elías Calles lo sube al tren con todo e imprenta y lo manda hasta Culiacán. En la capital sinaloense el irreductible de Israel sigue publicando su diario con muchas noticias sobre Sonora, la mayor parte de tono crítico, mandando las ediciones cotidianas a esta entidad. El hombre y su periódico echaban lumbre.

A propósito del libro, una observación para la autora: Creo que al corrector de pruebas se le fue un error al corregir las galeras. Aparece publicado en la página 70 que: “…la lucha de Venustiano Carranza contra Adolfo de la Huerta en primer término, pero también con Emiliano Zapata y Francisco Villa, tuvo sus trincheras en la prensa”. No creo que Carranza haya combatido contra Adolfo de la Huerta, aunque sí se levantó en armas contra Victoriano Huerta. El típico gazapo que se nos va a los autores.

Retomando el tema de las mujeres en el periodismo, habría que decir que la literatura les abrió brecha en los medios impresos. De hecho, los inicios del periodismo femenil tienen íntima relación con el quehacer literario. Pero independientemente de orígenes, las periodistas exhibieron siempre un espíritu de cambio. Doña Enriqueta de Parodi fue el clásico ejemplo de la mujer de letras que da rienda suelta a su mester literario y lo comparte con el ejercicio periodístico.

Podría afirmarse también que fueron maestras y escritoras quienes dieron forma a la manifestación de ideas desde el punto de vista femenil en la prensa sonorense. Más claramente lo enuncia la autora del libro al afirmar que: “…el discurso femenino en los dos periódicos hermosillenses analizados fue conformado por mujeres provenientes de la docencia y la literatura”.

Haiga sido como haiga sido, dijo alguien por ahí, lo cierto es que las periodistas aquí reseñadas son el antecedente de esa cauda de brillantes y decididas mujeres que en la actualidad luchan y destacan en el periodismo nacional. Carmelita Aristegui, Sanjuana Martínez, Lydia Cacho, Anabel Hernández, Blanca Pietrich, Denisse Dresser, Katia D´Artigues y un largo etcétera —perdón por las involuntarias omisiones— vienen de ahí, tienen su origen ideológico en esas féminas de los años treinta y si yo, en un momento de locura pretendiera operar de nuevo un periódico —líbreme el cielo—, armaría una redacción con la mitad del personal reporteril y editorial del género femenino.

Elizabeth Cejudo hace una serie de consideraciones en torno al género literario denominado romanticismo, para llegar a la conclusión de que la gran mayoría de los textos periodísticos de las reporteras y comentaristas de medios impresos de la época reseñada tienen una marcada influencia del periodo romántico.

Me niego a navegar en esas procelosas aguas.

Coincido y disiento de algunas de las consideraciones de mi amiga. El romanticismo surge a finales del siglo dieciocho y prevalece a lo largo del siglo diecinueve. Se caracterizó por los arrebatos pasionales de las emociones. No en vano el suicidio se puso de moda entre los personajes de la obra romántica —Mariano José de Larra, Margarita Gautier en La Dama de las Camelias, etcétera—, el periodo romántico fue una reacción al clasicismo renacentista y …y dejo la perorata, porque me he extendido sobremanera y la verdad, todos queremos escuchar a la autora.

Un comentario final. Este libro está espléndidamente escrito. Meticulosamente construida la investigación. La obra es de gran mérito y, hay que seguirle la huella como periodista, literata y académica, a Elizabeth Cejudo Ramos.

 

Muchas gracias…



[1] Comentado en el marco de los festejos por el Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor, que celebró el Instituto Municipal de Cultura y Arte de Guaymas, Sonora, el 24 de octubre de 2013.

[2] Escritor y periodista.