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La imagen fue tomada en Ures, Sonora, por Bárbara Huipe Robles

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Alto Golfo de California

Alto Golfo de California

Vía libre

Dilemas económicos del noroeste de Sonora

 Alvaro Bracamonte Sierra*

Segunda parte

La economía del noroeste de Sonora experimenta cambios significativos que merecen analizarse. La semana pasada comentábamos acerca de la encrucijada económica que vive el municipio de Caborca que se halla ante el dilema de fomentar una minería altamente depredadora o aferrarse a una agricultura notoriamente debilitada por el abatimiento de los mantos freáticos de la región. En ésta y la siguiente colaboración haremos referencia a los problemas que se advierten en el polo turístico de Puerto Peñasco y los desafíos que enfrenta la pesca ribereña del Alto Golfo de California. Me centraré hoy en esta última subregión y quedará para la próxima la joya de la corona de la industria sin chimeneas sonorense.

Es bien conocida la riqueza pesquera del Golfo de California. El legendario J. Cousteau dijo en alguna ocasión que era el acuario del mundo por la diversidad y abundancia de especies marinas. Una de sus zonas más ricas es justamente el extremo norte. Antes del boom turístico, prácticamente todas las localidades ubicadas en esa región del Mar de Cortés eran pesqueras. Peñasco ya no lo es; sí lo es, en cambio, el Golfo Santa Clara (GSC), pequeña comunidad situada casi en la desembocadura del río Colorado.

De los 4 mil habitantes que reporta el Censo de 2010 (algunos estiman que ascienden a 6 mil), la mayoría son pescadores, otros son comercializadores; los primeros pueden ser dueños de una panga y del permiso correspondiente y/o contratar uno o dos ayudantes al momento de internarse a la mar en busca del preciado recurso. Junto con la flota de Peñasco y las poblaciones localizadas en Baja California (San Felipe y la nación Cucapá) el esfuerzo pesquero se incrementó sensiblemente poniendo en peligro de extinción algunas especies endémicas, tales como la totoaba y la famosa vaquita marina.

Ante esta problemática, los ambientalistas presionaron para que se impusiera un área natural que obligara a regular la pesca y, con ello, preservar las especies amenazadas. En 1993 se decretó la reserva del Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado. Desde entonces las estrategias de manejo de los recursos pesqueros se han multiplicado buscando con ello la conservación de la vaquita y la totoaba, entre otros objetivos. Dado que la pesca es la actividad casi única, particularmente en GSC, con cierta frecuencia ocurre que los pescadores no acatan las restricciones y hacen su trabajo en lugares prohibidos o bien utilizan redes no permitidas en la normatividad.

Pese a estos problemas se advierte, por lo menos en el Golfo Santa Clara, una apropiación del discurso ambientalista, pues los pescadores han entendido que sin un manejo responsable del recurso, éste puede agotarse y con ello colapsarse su modo de sobrevivencia. Esta percepción se palpa claramente al escuchar sus opiniones respecto a una pesquería particular: la curvina golfina, especie abundante durante la Cuaresma, sobre todo antes de Semana Santa, y cuya sobreexplotación satura los mercados y propicia que bajen los precios de comercialización.

Por ello, desde 2007 se publicó la norma para su manejo apropiado; la estrategia definida fue el sistema de cuotas con lo que se pretendía regular el precio mediante el abasto de cupos máximos. Al inicio la aplicación de dicha política no consideró la opinión de los pescadores del Alto Golfo quienes como respuesta se negaron a ceñirse a las prohibiciones impuestas. Sin embargo, como anotábamos, los pescadores que han desarrollado un alto nivel de conciencia poco a poco admitieron las cuotas.

El primer año que se administró con el consenso de los pescadores fue en el 2012. Los resultados fueron favorables pues se logró contener la saturación del mercado y el precio alcanzó promedios superiores a 18 pesos por kilo, cuando en años previos bajaba hasta 5 pesos. Sin embargo, aun con estos resultados positivos, se pueden advertir límites, pues para que el éxito de la estrategia se mantenga se requiere la vigilancia estricta de la autoridad ya que, lamentablemente, la pesca ilegal se ha incrementado, principalmente por pescadores furtivos que no son de la región. Tal irregularidad puede echar al traste con el sistema de cuotas que, a decir de los propios cooperativistas, es adecuada.

Esta anomalía deberá corregirse pronto y evitar así que el problema coincida con el inminente anuncio de la nueva norma que será administrada para el camarón y que, según ha trascendido, impedirá el uso de las redes tradicionales, lo que afectará la actividad en esa importante pesquería. A juzgar por los nativos del Golfo, podría detonarse una conflictiva social relativamente inmanejable.

Hay que estar atentos a estas tensiones pues se trata de la columna vertebral de la economía de esa zona costera.

 

*Profesor-investigador del Centro de Estudios de América del Norte de El Colegio de Sonora. Correo electrónico: abraca@colson.edu.mx