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FOTO DE LA SEMANA: “Paloma”

La imagen fue capturada por Homero García.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Y sin embargo

El combate a la corrupción

Nicolás Pineda Pablos*

Acepté pertenecer a un Consejo Estatal para la Transparencia, la Austeridad y el Combate a la Corrupción que se va a crear próximamente. Estoy consciente del reto y las complicaciones que esto representa. No tengo grandes expectativas ni considero que este tipo de estrategias lleguen muy lejos; pero es necesario comenzar a hacer ruido en estos temas a fin de promover el debate y que tarde o temprano se comiencen a sentir cambios positivos en este sentido. Por ello, en congruencia con eso de la transparencia, pensé tratar de exponer mis ideas en este medio.

Corrupción gubernamental
Tal como la define el Banco Mundial, la corrupción es el uso ilegítimo de los puestos públicos para fines privados. Tiene una contraparte privada que se da cuando ciudadanos (empresarios, contratistas, inversionistas, líderes, gente influyente) buscan beneficios y privilegios que, en un plano de equidad y en un marco de legalidad y justicia, no les corresponden. Entre sus principales manifestaciones están: el soborno (mejor conocido como mordida o mochada), la extorsión, el amiguismo (que deriva en lo que Denisse Dresser llama “capitalismo de cuates”), el clientelismo (muy socorrido en las campañas electorales), la malversación o desviación de recursos públicos (como llevarse a Tucsón el carro del gobierno) y el enriquecimiento ilícito (todos sabemos de algún caso cercano).

La corrupción gubernamental no es tanto una cuestión de ética y moral, sino más bien un asunto económico porque significa graves perjuicios y empobrecimiento para la sociedad en general. Es también una cuestión de Estado de Derecho porque se trata de violación de reglas establecidas (leyes) que los mismos que las promulgan y juran cumplir y resguardar no cumplen. Es una cuestión de defensa social contra el robo de los recursos públicos (la propiedad privada de la sociedad). Las consecuencias de la corrupción son la ineficacia de las acciones de gobierno, el empobrecimiento de la sociedad y la proliferación de un ambiente que facilita las actividades ilícitas como el narcotráfico, el lavado de dinero, el tráfico de personas, por ejemplo. Sus efectos no se quedan en el dinero que se desvía, sino que es una línea de conducta que cunde, se desparrama y es reproducida y multiplicada en los niveles inferiores. La corrupción desvirtúa todo el sistema social.

La principal corrupción en el gobierno es la que se da en los niveles altos, en las esferas de poder. En una sociedad con un alto nivel de corrupción, como la mexicana, los mayores niveles de corrupción se dan entre los gobernantes y quienes los rodean, no en los ciudadanos de la calle. Esto es casi una regla.

En México la corrupción, en vez de disminuir, ha ido en aumento. Antes la corrupción era un atributo exclusivo del PRI, mientras que el PAN se ostentaba como el partido de la honestidad. A medida que han llegado al poder, la corrupción ha ido tocando a todos los partidos.

Sin embargo, siempre ha habido políticos y gobernantes honestos. Por ejemplo, según Manuel Perló que estudia esa época, el sonorense Ernesto P. Uruchurtu, a pesar de manejar tanta obra y presupuesto, se mantuvo siempre ajeno a los sobornos y los negocios personales; no por nada fueron los mismos líderes priistas quienes lo hicieron a un lado. En nuestro propio medio, conozco a más de uno que se ha conducido con honestidad y profesionalismo en los puestos públicos, incluso frente a la burla de sus amigos que los tratan de ingenuos y pendejos. Esto nos muestra que esta lucha no es imposible.

¿Cómo combatirla?
La pregunta es: ¿Cuál es la manera más efectiva de avanzar hacia un gobierno eficaz compuesto por políticos competentes y honestos? Está claro que no es suficiente cambiar de partido en el poder; es necesario que el combate a la corrupción se vuelva tema de campaña y que los candidatos demuestren con hechos la honestidad y buena reputación que dicen tener. Los aspirantes a gobernarnos deberán demostrar a la ciudadanía que su objetivo en la política no es convertirla en un favorable negocio personal.

Pero para que la voluntad política de combate a la corrupción se dé al más alto nivel, se requiere que la sociedad civil organizada (los medios, la academia, los empresarios, las iglesias, las instituciones educativas, los líderes de opinión y las asociaciones cívicas) deje de voltear para otro lado y exija honestidad y eficacia en el gobierno. La corrupción tiene mucho qué ver con la tolerancia social. Gabriel Zaid decía que todos los mexicanos estamos esperando y haciendo cola para que nos toque algo de las dádivas del Estado. Denisse Dresser dice que somos como recipientes, que estiramos la mano para que nos den la beca, el puesto, el contrato, la concesión, el apoyo, la torta. Muy diferente a la solicitud de John Kennedy quien al asumir la presidencia les decía a sus ciudadanos: “no pregunten qué es lo que el gobierno va a hacer por ustedes, pregúntense qué es lo que ustedes van a hacer por su nación”.

Me disculpo porque por otro compromiso previamente contraído, no voy a poder asistir a la instalación de este consejo.

*Director del Programa de Estudios Políticos y de Gestión Pública de El Colegio de Sonora. npineda@colson.edu.mx