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La imagen fue capturada por Edith Araoz Robles

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Vía libre

Corrupción y costos de transacción

Alvaro Bracamonte Sierra*

El funcionamiento cotidiano de la economía genera costos de transacción que van más allá de los que se cubren en una empresa al producir bienes o servicios. Los costos de transacción surgen antes y después del proceso productivo; antes, porque es necesario informarse de las condiciones del mercado, es decir, hay que gastar para determinar la factibilidad de la inversión; luego, hay que utilizar recursos al negociar los contratos con los proveedores y obtener los permisos legales correspondientes. Además, hay que destinar una buena cantidad de dinero para contratar y capacitar a los obreros y empleados; después, es necesario también pagar por transportar la mercancía a un sitio cercano al consumidor. Se gasta tiempo y dinero, igualmente, si se requiere asistir a los tribunales en caso de que algún proveedor no cumpla con lo estipulado en el contrato.

Para darnos una idea de la importancia de los costos de transacción basta decir que, de acuerdo con los especialistas, estos representan alrededor del 40 por ciento de todos los gastos que hace el inversionista. Es un porcentaje alto y lo cierto es que no pueden eliminarse; lo más que puede hacerse es reducirlos para que no afecten mucho la competitividad de la industria. Por eso es crítico que el Estado promueva reglas orientadas a inhibir esos costos. Es recomendable, por ejemplo, impulsar una normatividad laboral que favorezca una justa y armoniosa relación obrero-patronal que propicie que las autoridades jurisdiccionales tomen decisiones aceptadas por todos. Es menester que el Gobierno aplique medidas de desregulación que pongan fin a los engorrosos trámites burocráticos.

La corrupción es un problema económico que se liga a los costos de transacción. Es decir, si un empresario quiere resolver rápidamente una querella laboral puede optar por recompensar al juez que lleva el caso y acelerar de esa forma el procedimiento. Si la impartición de justicia en esta materia fuera ágil, probablemente el inversionista no recurriría a la mordida.

Lo mismo ocurre con los trámites: si la gestión de un permiso implica el visto bueno de un burócrata indolente, entonces, para salvar ese obstáculo, el patrón acude a la mordida. Si el trámite se desahogara transparentemente y sin necesidad de sortear múltiples “ventanillas”, es seguro que disminuirían las retribuciones indebidas. La corrupción se puede reducir haciendo más eficientes los procesos administrativos; incluso se aligerarían las complicidades que teje el propio sector privado que también está corroído por esa plaga. El desafío es definir estrategias que permitan acortar la corrupción oficial, pues aparte de que se trata de dineros del ciudadano, hace un enorme daño a la salud pública y a la competitividad productiva

Si nos atenemos a las noticias recientes, parecería que la alternancia política pocos beneficios ha traído en esa asignatura. De los casos de los ex gobernadores Humberto Moreira, de Coahuila, y Andrés Granier, en Tabasco, o de los ex colaboradores cercanos de Emilio González Márquez, ex mandatario de Jalisco, o de los menos publicitados de Fidel Herrera en Veracruz y Sabines en Chiapas y los de varios municipios de Sonora, por no decir de las suspicacias que hay alrededor del gobierno de Guillermo Padrés, se deduce que la corrupción en el tiempo de la normalidad democrática no sólo no ha disminuido, sino que lamentablemente se confirma como un problema que afecta a los hombres de poder independientemente de su tendencia ideológica

Combatir la corrupción es una tarea que a todos nos atañe. Todos, desde el más humilde ciudadano hasta el más encumbrado funcionario o exitoso empresario, debemos hacer nuestra parte. Para ello se requieren leyes y reglas que realmente apunten a desestimular la mordida y la corrupción en cualquiera de sus manifestaciones. Lo que cada uno hagamos, por pequeño que sea, será una pieza de gran valor en este sinuoso sendero que necesitamos caminar para conseguir un mínimo de decencia de la vida pública nacional

En esta crucial tarea son buenas y bienvenidas todas las medidas que se tomen, aun cuando a primera vista puedan despertar en algunos sólo desconfianza. La figura del contralor ciudadano va en esa dirección; también en esa línea está el recién conformado Consejo Estatal para la Transparencia, la Austeridad y el Combate a la Corrupción, que tendrá entre sus primeras encomiendas la difícil tarea de integrar una terna de donde surgirá el contralor ciudadano. Nicolás Pineda y Víctor Peña, colegas de El Colegio de Sonora, forman parte de ese comité. Confío en su independencia intelectual; estoy seguro de que cumplirán con profesionalismo el compromiso contraído y de que denunciarán si el proceso es sólo una simulación.

*Profesor-investigador del Centro de Estudios de América del Norte de El Colegio de Sonora. abraca@colson.edu.mx