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Comentarios para la presentación del libro: “Mujer, periodismo y opinión pública en Sonora. El caso de los periódicos El Pueblo y El Tiempo de Hermosillo (1934-1938)”, de la maestra Elizabeth Cejudo Ramos

Comentarios para la presentación del libro: Mujer, periodismo y opinión pública en Sonora. El caso de los periódicos El Pueblo y El Tiempo de Hermosillo (1934-1938), de la maestra Elizabeth Cejudo Ramos[1]

Z. Margarita Bejarano Celaya[2]

Me gustaría iniciar con un reconocimiento a la calidad del trabajo de la maestra Elizabeth Cejudo, sustentado en una investigación científica rigurosa, con una metodología bien establecida. El libro tiene, además, la cualidad de leerse fácil y, de cierta forma, con rapidez, a la vez que es un excelente texto académico que bien podría —por su sencillez y didáctica en la presentación de conceptos— ser utilizado como libro de texto para periodistas en formación. Es importante señalar también que su calidad se mantiene tanto por el contenido como por la forma.

Quienes se interesen en el texto Mujer, periodismo y opinión pública en Sonora podrán leer, de manera fluida, ideas claramente planteadas y bordadas diligentemente por un hilo conductor que nos lleva desde la explicación de conceptos —como esfera pública, opinión pública, discurso, capital cultural y otros— en los cuales Cejudo Ramos cimenta su posterior análisis del discurso femenino, hasta el planteamiento de los resultados de su rescate, caracterización e interpretación del mismo en dos periódicos sonorenses de línea antagónica: El Pueblo y El Tiempo, en el periodo de 1934 a 1938.

Hay que señalar la pertinencia de este libro, no sólo desde la perspectiva de los estudios históricos y el periodismo, puesto que voces calificadas de esas disciplinas ya lo han comentado y reseñado (y seguramente lo seguirán haciendo, en tanto que su aportación merece ser destacada), sino desde el espectro más amplio de las ciencias sociales y de los estudios de mujeres en particular; en este último aspecto me centraré.

En primer lugar hay que agradecer el interés de la autora por hablar de mujeres y prensa. En este sentido Cejudo Ramos es pionera. Son pocos los estudios que abordan esta temática en México, América Latina y, hasta este trabajo, eran inexistentes en Sonora. Además, el periodo de estudio reconoce la labor de las primeras mujeres que construyeron opinión pública en Sonora, en un contexto político y social en el que no eran reconocidas como ciudadanas plenas y, por tanto, eran excluidas de muchos espacios. Mujeres, periodismo y opinión pública en Sonora es un estudio pionero sobre pioneras.

Esto implicó grandes retos para la autora, ya que tuvo que abrirse brecha en un terreno virgen, por lo que debió destinar largas horas a las estrategias de búsqueda de información, sistematización y análisis. La carencia de fuentes y de otros estudios relacionados revela, además, el lugar de importancia que la ciencia social en general ha dado a los discursos y procesos construidos por y para mujeres en la localidad. Dirigir las miras específicamente a estos objetos de estudio en un periodo dado, amplía el conocimiento de la sociedad en un momento determinado y el entendimiento de nuestra realidad actual.

Considero que la principal aportación de este trabajo es la de hacer visible a un grupo de mujeres quienes con sus actos valientes y reconociendo el poder de la prensa en la generación de opinión pública abrieron espacios que marcaron la participación femenina, no sólo en la prensa sino en la cosa pública. Cejudo rescata y expone las obligaciones femeninas en voz de las propias mujeres, como señala, en la página 92, en un texto de Esperanza Portugal que cito:

“Ay! de la mujer que detenga la corriente civilizadora en beneficio del obrero, campesino y de la humanidad entera: no sólo es falsa sino que es traidora a la Patria y su nombre debería
figurar en la historia, en páginas negras.” (Cejudo 2013: 92).

Cejudo visibiliza a mujeres que reconocieron la irreversible tendencia a la incorporación de la mujer en las esferas productiva e intelectual como Catalina Acosta, a quien se cita en las páginas 93 y 94 con el siguiente fragmento:

“Hoy resulta una verdad incontrovertible la participación efectiva de la mujer en todas las actividades y así tenemos que es aceptada como un factor no sólo en las actividades motoras
sino en las intelectuales, ya nadie se alarma de ver a la mujer desempeñando altos puestos en las oficinas públicas, legislando o administrando pequeñas o grandes empresas.” (Cejudo
2013: 93-94).

También da cuenta de la asimilación de los roles femeninos en la vida cotidiana y de lo que se esperaba de ellas en los diferentes ámbitos, pero sobre todo en el privado y doméstico. Al respecto cito a Consuelo Colón, a quien Elizabeth rescata en su clasificación analítica del discurso “Mujer y ámbito privado”, donde se muestra la visión de la mujer como responsable del cuidado de los otros y del buen funcionamiento de la célula social:

“Dondequiera que se vea un marido gastador y vicioso, una familia desarreglada, unos hijos desaplicados e indóciles y criados insolentes, infieles y descuidados bien se puede asegurar
que el ama de casa no sabe su obligación o no cumple con ella.” (Cejudo 2013: 96).

Así mismo,  deja ver lo que estas mujeres esperaban también del otro genéro, criticando la masculinidad predominante y construyendo un imaginario de lo esperado. Me permito citar un cuestionamiento de Taide a los varones de su época, que Cejudo rescata en la página 118 de su libro:

“[...] virilidad, hombría, discreción, formalidad, palabras extrañas y sin sentido para la juventud de hoy en día. ¿Cómo vivís y en qué pensáis jóvenes? […] Pensáis en haceros hombres
de provecho, hombres de verdad?, en ser instruidos en ser cultos? En tener una personalidad que os haga respetar, en ser caballeros, en tener aspiración noble, en ser algo más que
fifíes o maniquíes de escaparate; O preocupa algo más serio que la línea del bien planchado pantalón o la raya del peinado de nuestra bien vacía cabeza? Pensaréis que con andar
acicalados os veis varoniles? […] [sic].”

“Cuando tengáis VALOR, VOLUNTAD Y CARÁCTER y sepáis afrontar los obstáculos en la vida y sintáis amor al trabajo, entonces es cuando debéis sentiros verdaderamente hombres
[…] (Cejudo 2013: 118).”

El discurso, como señala Cejudo, no puede entenderse sin el binomio de texto y contexto. En este sentido, el discurso que identifica a las mujeres que participaban en El Tiempo y El Pueblo en la década de los 30 del siglo pasado, no puede comprenderse sin el análisis de sus textos en relación con la situación social y política que privaba en ese tiempo. Por lo anterior, el libro también da cuenta de las características de un sistema social clasista y sexista  agitado —en la entidad y en el país— por la pugna entre el Estado, la Iglesia y otras instituciones para lograr sus intereses políticos y económicos particulares que, sin embargo, coincidían en establecer que el lugar de lo femenino era de subordinación en todos los ámbitos. En este sentido, la autora ofrece un panorama amplio del contexto político y social que condicionó el papel de las mujeres en la prensa mexicana, rescatando antecedentes de décadas anteriores al periodo de estudio. Hace visibles también a las mujeres en lo particular.

Habiendo identificado a 39 autoras, Cejudo realizó un esfuerzo por rastrear y rescatar lo posible de sus trayectorias; sólo pudo encontrar datos de 22; del 43.5 por ciento restante no tiene registro que permita ubicarlas. Entre ellas destaca, por supuesto, Enriqueta Montaño de Parodi por su producción bibliográfica, su desempeño como legisladora local y porque mantuvo siempre comunicación en red con otras mujeres periodistas del país.

Al revelar las características de las mujeres que participaban en la construcción de una esfera de opinión pública y las particularidades de su participación, los planteamientos de Cejudo constituyen un espacio para la reflexión actual. El estudio rescata la contribución de mujeres —en su mayoría no sonorenses— de clase media, principalmente maestras y literatas, interesadas en participar, conocedoras de la importancia de hacer leer su voz, su opinión, sus ideas, ya fuera colaborando con los diarios o buscando incidir mediante correspondencia con los editores. En general, estas manejaban un discurso nacionalista, revolucionario, inspiradas por la idea romántica de justicia universal, más que de género. Resulta entonces imposible cuestionarnos sobre el discurso femenino actual, sobre la participación de las maestras, las literatas, las periodistas o las reporteras —que aún no existían como tal en el tiempo del estudio de Cejudo—, sobre las formas en que las mujeres hacemos —si es que lo hacemos— opinión pública en la entidad y sobre la necesidad de apropiarnos de las nuevas tecnologías de información y comunicación para lograrlo.

Hay mucho más que comentar y rescatar de Mujer, periodismo y opinión pública en Sonora, cierro esta participación recordando que el paradigma hegemónico de construcción de conocimiento ha centrado la mirada en los procesos masculinos. En este sentido, el estudio da luz a un área de nuestro pasado que estaba oscura. Gracias, Elizabeth Cejudo, por encaminarte por este territorio desierto, por historiar a las mujeres. Gracias por iluminar el pasado que nos ha construido como colectivo femenino y por rescatar a las figuras que contribuyeron a la apertura de espacios que ahora nosotras y muchas mujeres de nuestra generación ocupamos y transitamos. Gracias por abrir con este estudio un abanico de futuras investigaciones que permitan construir con mirada integradora la historia de las mujeres y por lo tanto la historia de Sonora. Felicidades por la realización de tan importante trabajo.



[1] Cejudo Ramos, Elizabeth. 2013. Mujer, periodismo y opinión pública en Sonora. El caso de los periódicos El Pueblo y El Tiempo de Hermosillo (1934-1938). El Colegio de Sonora, Hermosillo, Sonora. 190 págs.

[2] Doctora en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora. margaritabejarano@hotmail.com