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La imagen fue capturada por Lupita Centeno

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Mujeres en el competido mundo masculino

Z. Margarita Bejarano Celaya*

La entrada masiva de las mujeres al mercado laboral ha traído consigo una serie de cambios sociales, económicos y organizacionales, particularmente en el papel de las mujeres en sus familias y relaciones. Cuatro décadas de participación dinámica de las mujeres en la actividad económica han significado para el colectivo femenino más retos que beneficios directos: la mayoría de las trabajadoras ocupan puestos de poca calificación, de menor remuneración, enfrentan discriminación y violencia en sus trabajos y dobles cargas laborales al continuar, además, como responsables casi exclusivas del trabajo doméstico y de cuidados en sus hogares.

También, el trabajo les permite a las mujeres ganar independencia y autonomía personal. Algunas han podido formar sus propias empresas, gestionar sus capacidades y habilidades, promover sus calificaciones profesionales y ejercer el poder en las organizaciones; pero estas, hay que decirlo, son las menos y además existe una fuerte segregación de los espacios a los que pueden acceder, tanto por sector económico, por puesto e incluso por área dentro de las organizaciones o empresas.

Las mujeres trabajadoras se desempeñan en un competido mundo masculino. Los estudios realizados en este sentido evidencian que la principal barrera para que las mujeres permanezcan en los puestos de alta jerarquía, como ejecutivas o directoras de empresas, es la dificultad para conciliar las exigencias de la vida familiar con las de la laboral.

En estudios realizados en empresas privadas de Hermosillo se ha podido constatar que las mujeres que se encuentran en áreas gerenciales o de toma de decisión en las empresas viven una gran tensión provocada principalmente por la falta de flexibilidad en horarios muy demandantes, ya que su desempeño –como profesionistas, ejecutivas o empresarias– no las exime de sus responsabilidades asociadas al rol femenino tradicional, como madres o amas de casa.

Aunque muchas trabajadoras logran delegar el trabajo del hogar, no logran desentenderse de la organización del mismo, pues la función de planeación de los asuntos familiares, del cuidado de los hijos y de los trabajos domésticos, sigue siendo su responsabilidad, tan es así que incluso cubren totalmente los gastos económicos que derivan de esa “subcontratación de servicios”, pues muchos varones consideran que ella está faltando a su responsabilidad familiar y que por lo tanto debe hacerse cargo de los costos. De esta manera, la mujer trabajadora sigue manteniendo su presencia en la esfera doméstica mientras incursiona en el mundo del trabajo.

En Sonora, la mayor presencia de mujeres en puestos de ejercicio de poder se da entre las profesionistas independientes (43 por ciento del total de esa categoría contra 57 por ciento de hombres). Las mujeres ejecutivas se encuentran entre las trabajadoras que tienen percepciones salariales y que no son subordinadas, pero no necesariamente la totalidad de las mujeres que se encuentran en este rubro son ejecutivas  y las empleadoras son las menos representadas en la tipología de categorías ocupacionales en que se insertan las mujeres sonorenses.

Pese a que en los últimos lustros se han realizado esfuerzos institucionales por flexibilizar el trabajo y generar políticas públicas que fomenten la equidad de género en las organizaciones, no se puede confirmar su efecto positivo en el desempeño de mejores condiciones para las mujeres o una mayor incursión de las mismas en los puestos típicamente calificados como masculinos. Por el contrario, al parecer su espacio de acción se contrae. De acuerdo con datos de la consultora Grant Thornton, el índice de mujeres en puestos directivos en México pasó de 24 por ciento en 2004 a 18 por ciento en 2012, contrario a la tendencia europea donde la participación de las mujeres en puestos de alta dirección pasó de 19 a 25 por ciento.

 

*Doctora en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora. margaritabejarano@hotmail.com