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FOTO DE LA SEMANA: “Bloqueo Vícam”

La imagen fue capturara por José Luis Moreno Vázquez

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

Bloqueo en Vícam

Bloqueo en Vícam

Visita a Vícam

José Luis Moreno Vázquez*

Es el domingo 23 de junio de 2013. Leo temprano la versión electrónica de El Imparcial informando que los opositores al acueducto que bloquean la carretera internacional se han tomado “un descanso” y muestra la foto de una carpa con sillas desocupadas. La intención es clara: ya abandonaron la lucha y se fueron a descansar. En una visita rápida al sitio observo lo contrario.

Llego a las afueras de Vícam a las 13.30 horas de ese domingo. El calor a todo lo que da. Una fila de automóviles y tráilers está detenida cerca del poblado. Un miembro de la Policía Federal Preventiva adentro de su patrulla, en medio de la carretera, nos dice con su micrófono: “Llevan dos horas de bloqueo, ahorita en 40 minutos desfogan”. Supone que todo mundo sabe de qué se trata el asunto. Ni modo, a esperar. Carros y camionetas con placas de California, Baja California, Sinaloa. Minutos más tarde, empieza el flujo lento y avanzamos, vendedores ambulantes ofrecen paletas, pan, empanadas. A la orilla, remolques y carpas con el logo del “Nuevo Sonora” ofrecen ayuda. Son del área de protección civil del gobierno estatal. También hay personas en cuatrimotos, a la sombra de pequeñas ramadas, que regalan botellas de agua.

En el poblado, miembros de la tribu Yaqui dirigen y agilizan el tráfico, con palos en la mano. Pregunto por Tomás Rojo. Nos saludamos. Difícil hacerle una entrevista con calma. Está coordinando las actividades y platica con mucha gente. Va de un lado a otro. Habla por celular. Mejor en otra ocasión.

En el lado norte hay carpas de color blanco instaladas a la orilla de la carretera, cada una con aproximadamente de diez a quince sillas colocadas en círculo. Están de guardia alrededor de cien personas, hombres y mujeres, la mayoría adultos. Platican con invitados, miembros de la prensa y gente que se solidariza con su lucha. Ofrecen un lonche que contiene un sándwich de jamón y una bolsa de fritangas. Miro las banderas de México y de la tribu yaqui colocadas en el puente y en las cercas de alambre, con mantas que las acompañan aludiendo a la defensa del agua, la frase “No al Novillo” y otras más. El bloqueo con tractores es intermitente. En relación con otros días, parece un día de mucha flexibilidad para pasar por el poblado.

Cruzo la carretera y en el lado sur hay también carpas, pero son menos. Hay cuatro personas sentadas con palos en la mano que tienen escrito el nombre del área a la que pertenecen. Les pido permiso para fotografiarlos. Son ejidatarios de los módulos de riego Santini I y II, que se ubican al sur del distrito de riego del valle del Yaqui, cerca del río Mayo. Entre ambos riegan una superficie total de 7 400 ha, la mayoría de trigo y sorgo. Al rato, en la plática, se acercan más ejidatarios y el asunto se pone bueno. Acercan sus sillas y responden lo que les pregunto.

Son gente adulta, con la piel curtida por el sol. Hay algunos de tez blanca y ojos verdes. La mente lúcida. Levantan la mano para responder. El más joven cita varias veces información sobre el desarrollo del conflicto que consulta en Facebook. Me comentan que no quieren pleitos con nadie y que no son de ningún partido político; solo quieren seguir manteniendo sus derechos de agua. Ven en el acueducto una amenaza para todos. Respetan las reglas y costumbres de los yaquis durante el bloqueo. Refutan las versiones del “secuestro” de un yaqui y el acuartelamiento de policías federales en hoteles de Ciudad Obregón para llevar a cabo el desalojo. Son mentiras, “hasta nos ayudan”, me dicen. Eso espero, pienso yo.

Uno de ellos fue testigo de las amenazas con balazos al suelo por parte de la Policía Estatal Investigadora en una de las brechas durante el bloqueo de septiembre de 2011. Sobre la visita del gobernador al Papa, alguien dice: “¡Ése, ni con agua bendita se salva!” ante las carcajadas de los demás. “Si es necesario, vamos hasta la presa de El Novillo” –dicen. “No tenemos miedo”.

A paso lento, cruzando la carretera, se acerca una mujer adulta de tez blanca, con canas. Trae botones con la frase “No al Novillo” en la ropa y una caja con pan de concha para los ejidatarios. “Es la hora” –dice uno. “Más tarde nos trae paletas” –dice otro. La solidaridad y la confianza en su lucha se observa en todo el campamento. También la determinación.

Unos pasos más adelante está doña Hipólita Esquer, encargada de la cocina, dándole vueltas con un cucharón a una gran tina de wacabaque. Le ofrece comida a todos, fila de por medio. Le entrego una despensa y me agradece, deseándome abundancia.

Yo también les agradezco su amabilidad.

*Profesor-investigador del Centro de Estudios del Desarrollo de El Colegio de Sonora. jmoreno@colson.edu.mx