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FOTO DE LA SEMANA: “Luces”

La imagen fue capturada por Rosana Olivares.

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Recuento de 2013

Álvaro Bracamonte Sierra*

 

El 2013 ha sido el año más difícil de su administración, así lo reconoció Guillermo Padrés durante un acto celebrado en una institución educativa de la localidad. Lo dicho por el Ejecutivo sintetiza lo complicado que fue el cuarto año del Gobierno de la alternancia sonorense. Aunque el mandatario aludía particularmente a los problemas económicos, la afirmación aplica para casi todos los temas que conforman la agenda pública local. Recordemos algunos, a fin de integrar un balance mínimo de los acontecimientos más importantes ocurridos en el curso de 2013.

Como se sabe, la segunda mitad de la administración padrecista inició en un contexto problemático en términos políticos. Su partido había perdido la presidencia nacional y el nuevo Gobierno federal representaba un entorno, si no adverso, por lo menos distinto al experimentado en el primer trienio. Se preveía que ese cambio traería dificultades al panista, pero nadie advirtió la dimensión de las repercusiones.

El 2012 fue el año de la reconducción presupuestal, engendro financiero que, transcurrido el tiempo, puede decirse fue profundamente nocivo pues entre otras cosas se convirtió en pretexto para el manejo discrecional de los recursos públicos. Con el cuento de la reconducción se quitaban partidas a unas dependencias para dárselas a otras sin mediar justificación convincente. Se esperaba que los aprietos fueran superados una vez que se aprobara en tiempo y forma el programa fiscal 2013. Sin embargo, tras la relativamente tersa votación se escurrió un conjunto de impuestos, entre ellos el tristemente célebre Comun que, como se sabe, detonó las mayores protestas ciudadanas de que se tenga memoria en la historia reciente de la entidad.

Si en un momento la estabilidad del Gobierno y la permanencia del gobernador estuvieron en duda, fue justamente durante los primeros meses del año. La estridencia que alcanzaron las protestas puso en entredicho la capacidad de la autoridad para manejar la crisis política que por instantes adquiría tintes de fractura social.

La insurgencia ciudadana y el escaso oficio de los funcionarios se deben contar de manera indiscutible entre los episodios estelares de 2013. Adquieren mayor relevancia dado el gigantesco desgaste político infringido a la administración blanquiazul. Sondeos y encuestas diversas revelaron que la aceptación del mandatario cayó de modo abrupto; al final del año ha mejorado su imagen pero no ha podido remontar totalmente el daño atribuido al rudo cuestionamiento de los primeros meses. Este deterioro parece inexplicable tomando en cuenta que el Comun apenas representaba un porcentaje minúsculo de los ingresos que recibiría la Tesorería estatal, pero también porque pasado un tiempo el famoso impuesto fue anulado por el propio gobernador quien apenas unos meses antes lo defendía con una vehemencia digna de mejores causas.

A las manifestaciones callejeras después se sumaron misteriosos aprietos de liquidez que implicaron posponer el pago de las deudas contraídas con proveedores y postergar de manera indefinida el depósito de los subsidios que les correspondía a las dependencias gubernamentales. A las expresiones de malestar que esto provocó entre las empresas particulares, se añadieron las quejas silenciosas de múltiples organismos públicos que buscaban con impotencia cómo hacer frente a la emergencia.

Esta situación generó por ejemplo el desabasto de medicamentos en el sistema de salud de la entidad; en la esfera educativa, a pesar de los recursos etiquetados para la modernización escolar en el inicio del ciclo 2013-2014, se multiplicaron los problemas de infraestructura, como la carencia de aire acondicionado y la falta de pupitres en algunos planteles. Varias universidades resintieron igualmente el estrés presupuestal. El proyecto de modernización del transporte se vio muy afectado dado que el Estado dejó de entregar los apoyos previamente establecidos; esto dio pie al injustificable chantaje de los concesionarios que, movidos más por criterios políticos, se atrevían a dejar sin servicio a miles de usuarios.

Sin duda éste ha sido el año más difícil para el gobierno panista. Son muchas las dificultades que confirman lo dicho por Guillermo Padrés, aunque él se refería de manera exclusiva al tema económico. Particularmente sobre este tópico volveremos la próxima semana. Por lo pronto, amable y paciente lector, le deseo que pase una feliz Navidad.

*Doctor en Economía. Profesor e investigador de El Colegio de Sonora.