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FOTO DE LA SEMANA: “Atardecer”

La imagen fue capturada por Ana Orendain.

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El divagar habitado del instinto por María Dolores Bolívar

Alejados del instinto, del autor sonorense Manuel Murrieta Saldívar, es un poemario breve a cargo de Editorial Atreyo. Cuatro secciones de ocho o nueve poemas cada una y cuatro temas: Inacabado amor; El universo en una gota; Cuando analices mis neuronas, y Tan lleno de vacío. El punto de confluencia, en mi óptica, es el desierto. Y coincido con la escritora Rosy Palàu, quien presenta la edición, que subyace de tema, también, el amor. Pero más allá de la vertiente amor, reitero, domina la constante del desierto. El amor, sí, en sus interiores, pero emplazado en un entorno hacia y desde el cual corre el agua, virtud de una paradoja o de la persistencia de la gota desde la cual se observa el universo en el poema titulado así “Universo”:

Y entonces
el silencio
recobra su conducto,
atraviesa
los huecos de la noche,
hileras siderales,
para gemir de nuevo
aquí
y allá
en una
gota
de
amor… (33)

En cada uno de los poemas el espacio se redefine a partir de cauces, conductos, cuencos. Y es ahí donde el instinto se vuelve una carrera constante e inacabada. Ir o volver, que problematiza y deriva su fuerza de las dificultades impresas en el territorio que se va pisando y que se describe a través de imágenes de agua en interacción que desafía tanto a la tierra como al sol. Me atrevo a asegurar que el amor es esa realidad líquida que desafía el orden cósmico, como propone Dante: “…mueve al sol y a las demás estrellas”. El desierto, pues, visto desde la carencia del agua o la potente realidad de la lluvia, el relámpago y el trueno.

Autor de ensayo, crónica y poesía, Murrieta Saldívar cuenta con una cierta arquitectura de la palabra que trasciende el poema en su imaginería original. Cada uno de los aspectos visuales del libro contribuye a un todo estructurado en espacios y temporalidades que por momentos abandonan su entorno natural, convertidos en elementos cotidianos del ambiente urbano.

En el espacio captado a partir de estos poemas se puede percibir una dualidad siempre en tensión que se revela a partir de la convivencia del cactus y las coníferas; el suelo yermo y el agua, la liquidez que lo mismo recorre las piedras que los ojos, a manera de lágrimas. Su valor alegórico hace que cactus, coníferas, suelo, piedras y agua reaparezcan de manera casual en la cotidianidad del supermercado, el banco o la pelota sobre el piso.

Mediante el recurso de la personificación los elementos del ambiente cobran vida y en ellos, de hilo conductor, la poesía transita de manera fugaz; se escabulle, huye o corre hacia algún punto, al encuentro del cosmos. Lo mismo en títulos como “Moribunda nieve” o “Huellas frescas”, donde rencontramos esta realidad, la temática del libro se reitera constante en viajeros y nubes que transitan el espacio con intenciones parecidas… huir o llegar (15).

A través del libro la profusión de imágenes líquidas aparece y reaparece, como podemos ver en los poemas “Promesas”, “Estampida de penas” y “Los astros en el cactus”. En ese afán, se recurre al agua en todas sus formas posibles; gotas, cascadas, hielo/deshielo, diluvio, río, ciclo de nieve, brisa, humedad, lluvia, vapor. En paralelo a ese mundo natural perteneciente al agua, fusionado en su liquidez, sigue la liquidez humana hecha de lágrimas, llanto, sudor, saliva… Las nubes hablan, aman, corren, se precipitan (17); los astros son licuados y luego caen, como hechos del día (35).

Es el agua, equiparando a lo que Dante atribuye al amor, lo que mueve a las cosas, “cuando llueva para escuchar la vida cómo se vuelve agua” (80). La correlación de fuerzas se da bajo el agua o teniendo al agua dedetonador. Así, la luminosidad cae líquida (42); la lluvia favorece; caen gotas de sol; el paisaje se vacía en los ojos; las gotas danzan.

A manera de efecto equivalente al que motiva al espacio, el tiempo transcurre a chorros líquidos, estableciendo sus contrastes a partir de las aguas que ya fluyen, corren o se derraman; ya se detienen, domestican o estancan. La razón de ser se manifiesta en la naturaleza, humanizada al máximo; ahí donde los astros “arrullan a las calles”, “la vida emana de los techos”, “los planetas suspiran”, los matorrales lucen felices o los astros “ascienden a ser lunas”.

El libro todo reivindica la existencia de una realidad móvil, acuosa, siempre cambiante. Si tiembla es porque el agua cuaja, previo a su caída; si se estanca es porque se ve atrapada en una luminosidad que transita a su propio ritmo. Y todo tiene su referido necesario, irremediable, en el agua; el diluvio atrapado (39), la felicidad de los matorrales (44), la soledad de un relámpago (93) o el llanto silenciado en las calles (82).

El poema titulado “Tu sexo” ejemplifica esa búsqueda de la identidad, el punto del diálogo, la realidad que existe más allá del amor íntimo. Las imágenes de este poema operan como bloques sobre los cuales el cuerpo, la subjetividad y la comunidad se erigen; uno, como estructura y sustento; los otros, como razón de ser y posibilidad activada a partir de esa identidad vuelta diálogo.

Por último, se percibe una tensión que domina el panorama mediante situaciones extremas. El desierto y los bosques; el agua y el sol; el huir y el volver; el sentirse atrapado o liberado. Y de nuevo, ocasionados por el entorno natural, liberación y sujeción son esa búsqueda del origen marino (56) donde las nubes liberan o las penas van en estampida (18), huyendo del agua estancada, que atrapa. Y de ahí al título Alejados del instinto, donde el instinto queda localizado en ese oxímoron que es su divagar habitado (21).

Al dejar esta lectura nos queda la certeza de que la poesía es dueña de grandes cualidades figurativas. Y el libro nos contagia de las ganas de escribir con esa estructura de tropos y figuras en mente; ahí donde el poema reclama sus espacios, notoriamente mermados por los medios impresos. Ojalá que la vitalidad de la poesía no se vea avasallada por el mundo de retribuciones instantáneas que es la escritura rápida y abreviada de Internet.

María Dolores Bolívar. Originaria de Hermosillo y del D.F. Directora de la revista electrónica Olas Civiles. Doctorada por la Universidad de California, San Diego, en disciplina declarada difunta: Estudios Culturales. Mi segundo campo, la literatura, yace agonizante. ¿Oficios? Escritora, periodista, politóloga, crítica, fotógrafa, diseñadora, museógrafa, intérprete, papelera, orfebre…¡uf!