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Forbes, y la lista de los más corruptos

Victor S. Peña*

La corrupción es tan rechazada como practicada. Esto no es una contradicción: mientras que en el ámbito social la tónica dominante es la de señalarla como práctica nefasta y origen de todos nuestros males, en el ámbito privado no es raro caer en la tentación de facilitarnos la vida dando algún soborno, haciendo las cosas a medias o, de plano, haciéndolas mal.

Pareciera que no nos damos cuenta: la corrupción, diríamos generalmente, existe allá afuera. Lo nuestro, lo propio, eso que sólo nosotros sabemos, bueno, eso tiene una explicación diferente. Más o menos así funciona la mente en tales asuntos.

¿Dónde florece la corrupción? Una rápida respuesta es esta: en nuestros políticos y autoridades. Ellos, diríamos, se llevan el premio.

Y en esto, todos podemos estar más o menos de acuerdo. Mírese, si no, la lista de los mexicanos más corruptos que se publicó en Forbes cerrando el año pasado. ¿Dónde están los más diablos del infierno? En ese mundillo, señalaríamos con desprecio.

¿Es así? Aquí una breve reflexión:

Primero, la nota que ha circulado no deriva de un trabajo del equipo de Forbes, sino de una colaboradora, Dolia Estevez. No es, pues, la lista de Forbes sino una lista que se publicó en Forbes. ¿Cómo se armó? En el texto del artículo “The 10 Most Corrupt Mexicans of 2013” agradece la información que recibió de colegas y académicos. ¿Alguna otra nota metodológica? Nada.

Cada uno, en lo personal, podrá o no coincidir con la lista. Si no fuera por el renombre de la revista que lo acompaña, sería una de muchas que cualquier otro pudiera publicar. Entre las reacciones en la misma página de Forbes, le comentan a la autora algunos otros nombres que (pues si de subjetividad se trata) debían estar. La autora comenta “Así es, ni son todos los que están ni están todos los que son. Se necesitaría la enciclopedia de la corrupción en México para incluirlos a todos. Saludos.”

Ya uno de la lista escribió una carta a la revista. Que no se confundan, les dice. Que él se siente con el expediente limpio y no hay en lo que se ofrece en Forbes elemento que diga lo contrario.

Tras la nota, nula metodología. Pero nadie quiso señalarlo porque, de alguna manera, reafirma lo que todos suponemos.

Pero ¿no hay corrupción en el sector privado, por ejemplo? ¿Blancas palomas en la llamada I.P.? Para nada.

Si bien la nota publicada en Forbes parece refirmar lo que el sentido común nos dicta, aceptarlo de manera automática no genera ningún beneficio, no ofrece ningún valor, no coadyuva a solucionar tan complejo problema.

Es claro que en la iniciativa privada también existe corrupción. Ahí y en el mundo de la política, por cierto. Y si existe ahí no es porque los empresarios sean unos pillos o los políticos unos rufianes: ahí se presenta el problema porque es un fenómeno inherente al ser humano.

¿Quiere darse con el origen del problema? Debemos buscar en el espejo antes de señalar la paja en el ojo ajeno.

Podrán implementarse fuertes mecanismos anticorrupción; el presupuesto puede irse en tratar de meter a medio mundo en la cárcel. Pero nada de esto será sostenible si no atendemos al principio de subsidiariedad: el buen juez por su casa empieza.

Muchas medidas se requieren para mejorar el muy enfermo sistema que tenemos. Pero partir de un diagnóstico equivocado, cargado de prejuicios, no ayuda.

No se trata de escribir una enciclopedia de la corrupción, sino de ir borrando algunas de las hojas de los diarios de vida.

*Profesor investigador de El Colegio de Sonora. @victorpena. www.victorspena.net