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FOTO DE LA SEMANA: Patos en la laguna

La imagen fue capturada por Ana Rosa Sánchez.

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Comisión Sonora-Arizona y 20 años de TLC

Álvaro Bracamonte Sierra*

Este sábado los diarios informaron los pormenores de la reunión de la Comisión Sonora-Arizona celebrada en la capital sonorense. En la amplia cobertura destaca una foto con las figuras sonrientes de Padrés y Jan Brewer, la gobernadora del vecino Estado fronterizo. Aunque han pasado varios años no se nos debe olvidar que la señora Brewer fue la principal promotora de muchas de las injustas iniciativas antimigratorias decretadas durante la primera parte de su administración; en especial fue responsable de la tristemente recordada SB 1070 que coronó un proceso de desmedida hostilidad contra los indocumentados. Este precedente debería ser suficiente para declarar a la mandataria persona non grata.

Sin embargo, los esfuerzos de coordinación entre ambas entidades son necesarios dadas las intensas y fluidas interrelaciones que sostienen. Esta realidad se impone sobre cualquier posibilidad de reclamo; se entiende y se justifica el fomento de las buenas relaciones diplomáticas. Sonora y Arizona comparten muchas áreas de negocios, hay complementariedades productivas y nichos de inversión atractivos sólo si se abordan bilateralmente. Los vínculos regionales trascienden lo meramente económico; se cuenta con una historia y una cultura en cierta medida compartidas. Sólo hay que recordar que hasta mediados del siglo XIX una parte significativa de Arizona pertenecía al Estado de Occidente, luego rebautizado como Sonora. La frontera sonorense se situaba hasta el cuerpo sur del río Gila, es decir, Tucson pertenecía a la Nueva Andalucía como también se le identificó en las postrimerías de la era colonial.

Pero en la actualidad son los aspectos financieros y comerciales los que sustentan la relación. Como sucedió a lo largo de la región fronteriza, en Sonora el intercambio de mercancías se incrementó significativamente luego de la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio. Aunque no hay datos confiables sobre la reorientación exportadora de la planta productiva sonorense, no se necesita mucha información para deducir que se vio favorecida por la liberación establecida en el tratado.

A nivel nacional los efectos positivos son notables. Hace unos días la Secretaría de Economía federal informó que las exportaciones de México a Estados Unidos durante 2013 ascendieron a 286 mil millones de dólares y las importaciones fueron de 226 mil millones. Son cifras enormes que sólo pueden entenderse a partir del TLC. De ese flujo una proporción importante pasó por las aduanas de Sonora y Arizona; los dos estados son puertos de entrada y salida de grandes volúmenes de bienes y servicios. Es el caso de la industria automotriz de Hermosillo cuya armadora, Ford Motor Company, vende la mayor parte de su producción en el mercado estadounidense. Lo mismo ocurre en la aeroespacial y también con la producción pesquera, minera y hortofrutícola.

Considerando el monto del comercio exterior registrado, el TLC ha sido exitoso; sin embargo, hasta ahora ha contribuido poco en el crecimiento del PIB, en la generación de empleos, en la convergencia salarial, es decir, en el incremento de los salarios reales, así como en reducir la pobreza. Los magros resultados a escala nacional en esos indicadores se observan también en la dimensión regional; las economías locales padecen las mismas asimetrías salariales, la dinámica del PIB es insuficiente y en general la marginación y la desigualdad se han profundizado brutalmente.

El 1 de enero se cumplieron dos décadas de operación del TLC; al respecto es normal que al hacer un balance haya quienes sin mayor visión crítica consideren que ha sido bueno y también otros que, provistos de prejuicios insalvables, adviertan sólo lo malo que trajo consigo. La efeméride debería convertirse en un buen pretexto para formalizar un corte de caja del tratado comercial; dicho ejercicio permitiría detectar las asignaturas pendientes y determinaría las oportunidades no visualizadas en las negociaciones originales. El examen habría de replicarse a nivel regional y aprovechar las reuniones de la Comisión Sonora Arizona para evaluar objetivamente los resultados del TLC.

En ese tenor, valdría la pena promover en la próxima cumbre norteamericana que reunirá en Toluca a los presidentes de Estados Unidos, Canadá y México, un acuerdo de evaluación del TLC cuyos resultados contribuyan a pavimentar el camino para mejorar la relación comercial contemplando compromisos para responder a los vacíos observados luego de veinte años de libre comercio.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.