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FOTO DE LA SEMANA: “Le gusta comer zapatos”

La imagen fue capturada por Jesús Antonio Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Diálogo en Vícam

José Luis Moreno*

Las negociaciones por el conflicto del acueducto se trasladan a la ramada de la guardia tradicional en Vícam. Es un día caluroso para ser mediados de febrero, pero parece adecuado por ser el día del amor y la amistad. Llego a las 11 de la mañana y veo el bloqueo con filas de tráilers, el cual supongo también lo verán Luis Miranda y David Korenfeld, subsecretario de Gobernación y director de la CONAGUA, respectivamente. En la ramada, tomo asiento en un lugar reservado para la prensa en donde un asistente mal encarado me pregunta de qué medio vengo. Soy reportero del Portales, contesto. Bueno, anótese en la lista, responde.

Hay como 200 personas, entre mujeres yaquis con sus vestidos coloridos, agricultores, ciudadanos, reporteros, ayudantes, fotógrafos, funcionarios de todos los niveles, diputados, presidentes municipales, muchos niños, ancianos, personas en bicicleta. Un yaqui con el característico tambor toca anunciando la celebración de la reunión para que la gente asista. Muy diferente al búnker resguardado de policías en Bucareli. Aquí, el lugar es abierto y la invitación general. La escuela primaria de enfrente está en su rutina normal, con los niños en pleno recreo.

A las 13 horas llega la parafernalia de camionetas y funcionarios. Ocupan las bancas que están frente a las autoridades sentadas en los troncos tradicionales. En lengua yaqui, Mario Luna les da la bienvenida. Les dice que en la tribu hay ánimo de armonía, paz y tranquilidad y que están en el espacio de “nuestra segunda iglesia”. Miranda hace un breve resumen del trabajo realizado hasta la fecha y le cede la palabra a cada funcionario que lo acompaña. Reitera el compromiso federal de respetar el convenio firmado el 21 de enero en la SEGOB. No menciona el convenio del 23 de enero firmado entre la CONAGUA y el Gobierno del estado de Sonora, que fue rechazado por la tribu y es el motivo de la continuación del bloqueo y de su visita. Entre otras cosas, este segundo convenio acordó el suministro de agua al municipio de Hermosillo por un volumen mínimo de 30 Mm3 y máximo de 60.5 Mm3 al año, sin basarse en criterios técnicos y legales y sin considerar que la extracción de agua de la presa obedecerá únicamente a necesidades “reales y de emergencia”, como lo estipuló el primer convenio.

Las propuestas de las autoridades federales para destrabar el conflicto son varias: reiteran que la operación del acueducto es provisional en tanto resuelve la Corte, que atenderán con rapidez lo que determine en el caso del amparo a los agricultores y lo que se resuelva en la consulta ambiental, que pondrán a disposición de Agua de Hermosillo recursos para mejorar la medición y cobranza que permitan recuperar caudales perdidos, que contratarán un estudio para el reordenamiento del uso del agua en la cuenca del río Sonora, que se propiciará el uso de agua tratada, y que se realizará un estudio para determinar la factibilidad técnica y económica de una planta desaladora para la capital en el plazo máximo de un año.

En el puesto de sodas y fritangas me encuentro con Alejandro Olea, abogado del Movimiento No al Novillo, quien me comenta que la propuesta es un pequeño avance, pero que siempre respetan lo que decidan los yaquis. En los siguientes minutos, las autoridades tradicionales indígenas deliberan, hablan en voz baja en su idioma, se voltean, se consultan entre sí. Todo mundo los observa, los ayudantes procedentes de la Ciudad de México los ven con cara de incredulidad. Hay momentos de silencio en donde sólo se oye la voz de los niños y los ladridos de los perros. De nueva cuenta, los funcionarios comienzan a desesperarse. No están en su ambiente y el calor aumenta. Voltean a verse, se limpian el sudor. Los fotógrafos, que han estado de pie, se ven cansados. Los yaquis, como si nada, continúan deliberando.

Por fin, Tomás Rojo lee el pronunciamiento consensado desde la noche anterior por todas las autoridades: “En virtud de que empiezan a cumplir el Convenio en Bucareli del 21 de enero pasado, hemos tomado la determinación de una tregua en nuestra protesta pública que mantenemos en la carretera internacional”, lo anterior, más “el conjunto de nuestras celebraciones religiosas y el propósito de terminar la consulta ordenada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, nos obliga a declarar esta tregua”. Antes de concluir, Mario Luna les recuerda: “No se claudicará en la lucha. Aquí en este recinto sagrado no cabe la mentira. Ningún miembro de la tribu va a aceptar el acueducto. Se retoma el diálogo y no aceptamos el segundo convenio”. La cara de perplejidad de los funcionarios lo dice todo.

Son las 15.30 horas y al despedirse, Luis Miranda se compromete a intensificar los trabajos de las mesas técnicas, a regresar en 15 días y reitera el mensaje del presidente Enrique Peña Nieto de respeto a la ley. Lamentablemente, los hechos desmienten sus palabras. Después de que el gobierno federal priista lleva más de 400 días solapando las ilegalidades en la operación del acueducto, tratando que la consulta ambiental sea rápida y un simple trámite administrativo, pagando multas porque la PROFEPA no suspende la obra, firmando convenios contradictorios con opositores y promotores, el citado funcionario pretende que los yaquis crean en su palabra y sus promesas. Difícil, muy difícil. Veremos cuánto tiempo dura la tregua que inicia a principios de marzo, con la Cuaresma y el Miércoles de Ceniza.