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FOTO DE LA SEMANA: Coyoacán

La imagen fue capturada por Ana Rosa Sánchez.

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¿Cómo recuperamos el espíritu del 8 de marzo?

 

Elsa Cornejo Vucovich*

Estos últimos años no le he visto sentido a conmemorar el Día Internacional de la Mujer, que en realidad debería ser el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, como lo establecieron las mujeres socialistas en 2010, o el Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional, como lo proclamó la Organización de las Naciones Unidas en 1977. En mi opinión, reducirlo al simple Día Internacional de la Mujer le ha quitado su carga política, permitiendo que se desvirtúe y convierta en un mero “festejo a la mujer”, con eventos muchas veces organizados por personas que tienen un compromiso real con la equidad de género, pero no necesariamente han analizado a profundidad la necesidad de cambiar las estructuras fundamentales que mantienen la desigualdad entre hombres y mujeres, y que además reniegan ante cualquier mención de la palabra “feminista”.

Recordemos muy brevemente lo que es el feminismo: la lucha social y política por lograr la igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres. El feminismo denuncia la exclusión de las mujeres de las esferas del poder y la violación recurrente y sistemática de sus derechos humanos, evidenciadas en el hecho de que, a pesar de constituir la mitad de la población humana, las mujeres son más pobres (en parte porque tienen menor acceso a trabajos bien remunerados, o ganan menos que los hombres por el mismo trabajo), tienen menor acceso a cargos de elección popular, se les violenta por el sólo hecho de ser mujer, entre muchos otros ejemplos.

Para resolver esta condición de desigualdad, las feministas cuestionan la estructura que asigna como dominio “masculino” al ámbito público y de poder (el trabajo remunerado, la política, etcétera), y reivindican la importancia de valorar el ámbito privado, que ha sido designado como “femenino” (la familia, el hogar, etcétera). No se trata de que las mujeres quieran ser como los hombres o los quieran dominar. Se trata de que las diferencias biológicas entre los sexos no se conviertan en motivo de discriminación y subyugación, y que poco a poco se vayan eliminando las imposiciones de los roles de género para que cada persona sea libre de desarrollarse plenamente, incluyendo a los hombres que se sienten subyugados por las restricciones que les impone el modelo dominante de masculinidad.

La ONU tiene claro el mandato feminista del 8 de marzo, y desde 2011 elige consignas para visibilizar algún tema prioritario en esa fecha. En 2011 fue “La igualdad de acceso a la educación, la capacitación y la ciencia y la tecnología: el camino hacia el trabajo decente para la mujer”. En 2012, “Habilitar a la mujer campesina – Acabar con el hambre y la pobreza”. En 2013 fue “Una promesa es una promesa: momento de pasar a la acción para acabar con la violencia contra las mujeres”. Y en 2014 la consigna es “Igualdad para las mujeres: progreso para tod@s”.

A todas las personas que están de acuerdo con lograr una sociedad más equitativa, las invito a que este 8 de marzo retomemos principios como el de sororidad (hermandad entre mujeres), o affidamento (“confianza” en italiano) que, según la feminista Érika Cervantes, nos lleva a reconocer las características y capacidades propias y de otras mujeres, y respetar las diferencias que hay entre nosotras para “hace nacer entre iguales un acto de confianza y voluntad en que una podrá tomar decisiones propias con el apoyo de la otra”. Esto propicia que surja entre las mujeres, como dice Cervantes, “una causa común frente al poder patriarcal, el cual ha negado la unidad y el compartir entre mujeres con una educación misógina, en donde en lugar de crear alianzas, las mujeres se disputan las migajas del poder que los hombres y mujeres que controlan, les arrojan.” Así podremos lograr una utopía como la que visualizaba Susan Sontag: legiones de mujeres y hombres denunciando la omnipresencia de las desigualdades sexistas según su capacidad crítica y posibilidades de acción.

*Asistente de Investigación de El Colegio de Sonora. ecornejo@colson.edu.mx