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La imagen fue capturada por Elsa Romero.

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8 de marzo, feministas sonorenses (2)

 Leopoldo Santos Ramírez*

Leyla Acedo, integrante del grupo Sangre Violeta, tiene una maestría en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora y es candidata a doctora por la UAM.

¿Cuáles son los principales tipos de feminismo actuantes?

“El movimiento del feminismo, como tal, tuvo su mayor auge durante los años sesenta y setenta. En ese entonces se empieza a hablar del feminismo de la igualdad, el de la diferencia, el feminismo radical, el ecofeminismo y el que ahora estudia las realidades alternas. Como a cualquier fenómeno social, al feminismo se le ha etiquetado de diversas maneras, pero los que actualmente destacan son el feminismo de la igualdad y el de la diferencia. El de la igualdad parte de la perspectiva de que hombres y mujeres somos iguales y en consecuencia se tienen que buscar acciones encaminadas a lograr esa igualdad. El feminismo de la diferencia reconoce que hombres y mujeres tenemos asignaciones y roles diferentes y, por lo tanto, no es posible por ahora lograr una igualdad sino una equidad. Para alcanzar ésta, las estrategias serían distintas. Esas dos serían las grandes corrientes y de allí se desprenden otros tipos de feminismo”.

¿En qué tipo de feminismo se ubica el grupo al que perteneces?

“Personalmente pienso que a estas alturas es más estratégico el asunto. Pero creo que a nosotras nos interesa una acción de incidencia para la transformación social —obviamente partiendo del reconocimiento de que somos distintos hombres y mujeres y que nos manejamos en contextos distintos—. Nuestro objetivo es crear espacios que permitan mejores condiciones, no tanto para la igualdad sino para la equidad social, que reconozcan esas diferencias.

¿Cuáles son los principales problemas a los que se enfrenta el feminismo en Sonora?

Leyla dice que son de dos tipos: los internos de las organizaciones feministas y la agenda feminista.

“En las organizaciones existe una brecha y un poco de desorganización, principalmente porque somos grupos autogestivos y que además de asumirnos como feministas y conducirnos en el día a día como tales, tenemos que trabajar, tenemos nuestras actividades propias. O sea, no se vive de esto, no es como si fuera un partido político que tiene recursos, sino que se trata de un interés por crear mejores condiciones de vida para hombres y mujeres en general. En cuanto a la agenda feminista, se han hecho esfuerzos en el estado por crear una agenda común y por rescatar las redes que se tenían anteriormente.

Las décadas de los setenta y noventa se distinguieron por la participación feminista a través de iniciativas contra la violencia intrafamiliar. También Sonora fue la primera entidad en exigir y aprobar las cuotas de género. Pero después de los años noventa se observa una actuación casi como de bomberazo: “sale un tema y nos juntamos”. Lo positivo de esto es que cuando se trata de hacer incidencia, allí estamos todas.

¿Cómo se analiza el patriarcado? ¿Hay un feminismo que plantea que las mujeres son mejores que los hombres?

“Las feministas mantenemos una crítica al sistema del patriarcado como forma cultural de vida, crítica que se inició desde el siglo XIX. Muchas de las manifestaciones de violencia y de composición de las formas de dominación emanan de una estructura económica, política y social diseñada por una cultura de hombres en la que ellos han tomado las decisiones, tanto en el espacio público como en el privado. No, no se trata de que las mujeres seamos mejores que los hombres, esa es otra de las tergiversaciones que se le han hecho al movimiento. Hay quien todavía cree que el hombrismo es lo opuesto al feminismo y al machismo. El feminismo es también un estilo de vida, de conducirse uno en su cotidianidad y plantearse una transformación. Es un cuestionamiento constante a tu ser como mujer, te deconstruyes, porque fuimos criadas, enseñadas, a ser un tipo de persona a partir de la condición de nuestro sexo. El feminismo permite abrir esa perspectiva y cuestionar tu realidad y a partir de allí crear otro tipo de acciones de vida. Es decir, cuestionar la forma en la que mi madre me crió, cuestionar también la forma en la que mis amigos y los maestros me han dicho que debo conducirme”.

En efecto, Sonora fue uno de los primeros estados en hacer una ley que contempla una cuota para las mujeres, pero tal parece que por algún motivo esto no se respeta. ¿Qué es lo que pasa?
“La demanda (no quiero utilizar la palabra lucha porque es un concepto muy patriarcal) de las mujeres primero pasa por el reconocimiento y su visibilización en la política; mujeres que querían participar y no ser solamente acarreadas. En los partidos sí había mujeres que querían participar y en la década de los noventa se establece la cuota del 30 por ciento en la composición del Congreso local, pero luego hay un estira y afloja. Todo cambio y toda resistencia es una lucha de poder, y ante un triunfo de las mujeres, se opone la resistencia por parte de los grupos dominantes, que son los partidos políticos, compuestos por hombres. Estos buscaron canales para no cumplir con la ley, así, se vio a las adelitas a quienes se les inscribía solamente como suplentes, o como titulares para renunciar inmediatamente a favor del suplente, que era hombre. La visibilización de las mujeres en la política ha sido un proceso paulatino y constante”.

 *Profesor-investigador del cuerpo académico Nuevas Tendencias en el Noroeste de México del Centro de Estudios de América del Norte.