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Negocios y conflictos familiares en la región fronteriza de Sonora y Arizona.

Ismael Valencia Ortega*

La historia del proceso de formación del espacio fronterizo entre Sonora y Arizona está asociado a familias que en su momento fueron protagonistas de la resistencia colonizadora de las comunidades del siglo XIX y de otras que representan los cambios al finalizar el mismo. Estas familias marcaron el ritmo en que se formó y por tanto, los conceptos para entenderla son prolijos.

Tal vez las primeras familias asentadas en la segunda mitad del siglo XVIII tienen su anclaje en la posesión de la tierra, la ganadería o en el oficio de armas como soldados de presidio combinado con la de agricultores y en la aventura minera. Su resistencia dependió de la cohesión familiar en un ambiente de confrontación étnica.

En un segundo tiempo arriban o se forman otras —sin que necesariamente desaparezcan las primeras—, con una visión menos apegada a la tierra. Ahora es más negocio que grandeza y fundamento de calidad social. Estos nuevos núcleos familiares serán de origen francés, norteamericano, italiano, chino y también del interior de México. Las familias que llegan se verán sometidas a procesos y dinámicas que las obligarán a modificar su comportamiento tradicional, y les corresponderá echar raíces en un ambiente hostil para la crianza tradicional de hijos. La inquieta paz de las comunidades que emergen al finalizar el siglo será más bien la de un mundo de hombres solteros.

La rapidez de los cambios que se dan en la región fronteriza entre Sonora y Arizona dejaron testimonios de cómo las familias en general y las dedicadas a actividades empresariales sienten que sus bases de convivencia y acuerdos, antes sólidas, son cuestionadas por sus propios miembros. La oportunidad de desarrollar sus intereses, marcados por la época, se confronta con la rigidez de los padres y el temor a los nuevos giros de negocios que ofrecen las comunidades emergentes sobre la línea fronteriza. El trato con nuevos empresarios obliga a la precaución de los miembros de una familia cuando se rebasa el ámbito legal del país y cuando su contraparte son norteamericanos.

En ese entonces, la propiedad del suelo y los asuntos inmobiliarios marcaban la pauta de la desconfianza cuando se tenían que manejar documentos únicos como los títulos primordiales. Es el caso del reclamo que Juan Pedro M. Camou le hace a su tío Juan Pedro Camou B., sobre esos viejos títulos:
“No nos parece conveniente que les preste usted, como lo solicitó Mr. Rochester Ford, el primer testimonio original del título primitivo de los terrenos de la Agua Prieta, Naidenibacachi, etc., porque como Ud. sabe, ese documento siendo tan viejo y estando escrito en tan mal papel se encuentra ya en mal estado, haciéndose pedazos de puro viejo, y si se lo manda, lo van a acabar de destruir por completo. Por otro lado, quien sabe qué uso pretendan hacer (no lo dicen) de ese título ante la corte del Tucson, que tal vez podría traer perjuicios a usted más tarde.”

A final de cuentas era el patrimonio con el que muchas familias habían logrado prestigio económico y social. El problema en este caso es que las propiedades estaban divididas por la línea fronteriza y la resolución de la validez de sus extensiones estaba resolviéndose en las cortes norteamericanas.

El incremento en la actividad comercial advirtió a varios miembros de la familia, como Rafael Camou, que no todo se movía alrededor de las propiedades y la venta de solares en Agua Prieta, sino que el crecimiento y establecimiento de población sobre la línea fronteriza obligaba a aprovechar la derrama de salarios propiciada por la hacienda de fundición que se había establecido en Douglas y advertía a su padre el nuevo rumbo de los negocios en la frontera:

“Ayer te escribí, y por esa carta verás que deseo el poder dedicarme a ver qué puedo hacer para mí, pues como te digo en ella, los negocios de la casa no están en condiciones de dar resultados por mil circunstancias y nada menos que este negocio de la Agua Prieta si se pusiera de manera que facilitara la venta de lotes daría resultado, pero con esos precios que se piden no solamente no se venderán lotes, sino muchas familias se van del otro lado, de donde hacen todo lo posible por acarrearse la población, y para conseguirlo, dan lotes en determinados barrios por $50.00 y pagando solo $5.00 al mes hasta su completo pago, y con esas facilidades han poblado esos barrios mucho, pues según mis informes, por personas enteradas, calculan en más de 1500 mejicanos los que hay en Douglas. Ahora calcula el beneficio que hace a un pueblo el que se gasten diariamente en el jornales de más de 1500 hombres y lo que progresaría todo, dándole más valor a nuestras propiedades…”

Algo tan ambiguo como el que una línea se conceptualice como frontera entre dos naciones, encontraba allí un testimonio de las diferencias que podían trastocar la cohesión familiar y la visión de los negocios a las que estaban acostumbradas. La tierra ya no era el fundamento, ahora era todo lo que significara monetarización de los actos económicos o materiales. Los conflictos familiares eran tan solo una señal de los cambios que venían en camino.

*Universidad de Sonora. ivalencia@sociales.uson.mx