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FOTO DE LA SEMANA: Atardecer

La imagen fue capturada por Jimmy Maldonado.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

vialibre - 522

Re expropiación petrolera

Álvaro Bracamonte Sierra*

El 18 de marzo se cumplirían 76 años de la nacionalización petrolera; digo que se cumplirían pues en diciembre pasado se consumó la disimulada desnacionalización de ese patrimonio mexicano. Mucho se ha escrito alrededor de la histórica decisión de Lázaro Cárdenas, e igual del “golpe de timón” efectuado por el peñismo y legisladores priistas y panistas. Al respecto, vale la pena examinar las últimas noticias relacionadas con la reforma petrolera, sobre todo los hechos de corrupción que flagelan la buena marcha de PEMEX.

Destaca el comunicado del director ejecutivo del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, donde se afirma que la privatización es contradictoria, pues por un lado se apuesta a intensificar la explotación de los combustibles fósiles y al mismo tiempo se pretende contribuir a combatir el cambio climático. De acuerdo con los especialistas, las bruscas alteraciones meteorológicas son causadas por la emisión de gases efecto invernadero producidos por el excesivo consumo de energéticos fosilizados, como es el petróleo.

Elevar la producción del hidrocarburo evidentemente reforzaría los factores que generan el calentamiento global. El directivo de la ONU sostiene que la reforma debió orientarse más a una transición energética que priorizara las energías renovables o verdes. En el largo plazo éstas desplazarían a las fósiles, lo que debería atenuar el desastre ambiental que provoca el excesivo consumo de combustibles depredadores. Podrían decir los defensores de la reforma energética que esa transición está prevista. Aunque la precisión resultara pertinente es obvio que la prioridad, particularmente en el corto plazo, se puso en la explotación de nuevos yacimientos. El cambio hacía energías alternativas está pensado para el largo plazo, cuestión que cae en el reino de la incertidumbre ya que, como diría el famoso economista J. M. Keynes, en el largo plazo todos estaremos muertos.

Alrededor de la industria petrolera se ha registrado un sinnúmero de historias negras. Díaz Serrano, quien fuera director de PEMEX cuando se descubrieron los ricos veneros que almacenaba el subsuelo nacional, cayó en desgracia al detectarse graves desaseos administrativos ocurridos en su gestión. Este personaje, a la sazón senador por Sonora, fue el primer político mexicano desaforado y el único hasta la fecha en ser sometido a juicio político a propósito de las irregularidades financieras realizadas cuando fue director de la paraestatal.

En esa zaga de corrupción se inscribe el tristemente célebre Pemexgate, surgido a raíz de las millonarias transferencias que hacía la empresa al sindicato petrolero, desde donde a su vez se hacía lo propio a las cuentas de la campaña presidencial de Francisco Labastida. Esta acción implicó un severo castigo al PRI y nada más; es decir, no hubo ningún otro sancionado por el desfalco provocado a las finanzas de PEMEX.

Casos parecidos han sido frecuentes en los casi 80 años de petróleo nacionalizado. El más reciente tiene que ver con Oceanografía, compañía naviera que fletaba a Petróleos Mexicanos buques cisterna y se dedicaba también a actividades de exploración. Las sospechas sobre su probidad se remiten al sexenio de Fox, pues antes de la llegada del ahora ex panista a Los Pinos Oceanografía operaba en arenas movedizas que hacían improbable su permanencia en el negocio. Transcurridos los primeros años del foxismo la situación de la naviera cambió inesperadamente; de estar casi en la quiebra, se volvió una de las más dinámicas entre los proveedores de PEMEX. Las maledicencias de entonces sostenían que ese súbito resurgimiento se debía a un intenso tráfico de influencias traducido en jugosos contratos. En estos lances, se dice, tuvieron participación activa los hijastros de Fox, quien pese a toda su verborrea hizo poco por ventilar los crecientes rumores de corrupción.

Es hasta que Citi Group, corporativo financiero trasnacional del cual es filial Banamex, decide investigar las razones de una cuantiosa merma en sus utilidades y detecta un cuantioso fraude donde estaban involucrados directivos de Oceanografía, altos funcionarios del banco e importantes funcionarios de PEMEX. No se sabe aún en qué parará este nuevo escándalo, pero queda claro que el manejo de la petrolera mexicana se parece más a la cueva de Alí Baba y menos a una empresa eficiente que ha sido por décadas el soporte fundamental de las finanzas nacionales.

Una verdadera reforma petrolera debió haber empezado por sanear la empresa de la estela de corrupción que la tiene hundida en el fango de la podredumbre. Si Cárdenas viviera, seguramente se moriría de vergüenza.

*Doctor en Economía. Profesor-investigador de El Colegio de Sonora.