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FOTO DE LA SEMANA: “Isla del tiburón”

La imagen fue capturada por Cristina Saldaña.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Te invito a mi fiesta: las elecciones del 2015

Nicolás Pineda*

Las campañas electorales son como una piñata en la que, gracias al financiamiento público y la repartición de puestos, todos los participantes salen ganadores; unos se llevan los obsequios y dinero en la rebatinga de lo que cae al quebrar la piñata, todos los “niños” (candidatos y partidos) salen con su bolsita de golosinas y prerrogativas, el ganador festejado termina lleno de regalos (privilegios) y el ego inflado, y todos disfrutan del espectáculo de los payasos y un rato de relajamiento. No es gratuito entonces que haya tantos interesados en participar en la fiesta electoral y, aunque pierdan, ganar algún regalo con su respectiva tajada del pastel presupuestal.

En el abordaje de las elecciones por venir abundan los analistas de los “sonantes” que revisan una y otra vez la lista de prospectos. Hacen una especie de crónica social en la que se barajan muchos nombres, pero muy pocas ideas o asuntos públicos.
Sin embargo, una manera de mejorar como sociedad es precisamente aprovechar el proceso electoral para discutir los problemas públicos y posicionar en la agenda lo que la ciudadanía demanda.

La piñata de las elecciones

Los ciudadanos apenas estamos aprendiendo a apreciar el valor del voto. Hasta hace unas dos décadas nuestro voto no valía nada y las elecciones eran definidas por otros medios. Entre lo que hemos aprendido los ciudadanos en las elecciones recientes está lo siguiente:
Todos los candidatos y los políticos son falaces y mentirosos. Caras vemos, corazones no sabemos. Por lo tanto, le voy a creer más a lo que dice la gente que a lo que anuncia la propaganda.

Es más fácil decidir el voto en contra, que el voto a favor. El voto sirve para castigar a malos gobiernos y partidos. Si un candidato no te gusta o no te convence, votas por su contrincante.
Las elecciones se ganan con dinero y generalmente es dinero sustraído a las oficinas o tesorerías de gobierno.
Cuando la elección está cerrada, gana el que reparte más “cosas” entre la gente pobre y compra sus votos.
Agarra lo que los candidatos te den, pero vota como tú quieras, a fin de cuentas el voto es secreto.

Para decidir el voto no podemos basarnos en las promesas de los candidatos. Para ellos no significa ningún problema dejar de cumplir sus promesas y yo no tengo manera de exigirles que cumplan.

El cambio de partido en el poder sólo significa el cambio de grupo político y de personas.

Los nuevos funcionarios y recomendados sexenales en el gobierno no llegan a trabajar por los problemas, sino que llegan endeudados y ansiosos de recuperarse de la ruina; quieren que los pongan “donde hay”.

Todos los gobernantes tienen parientes y gente de confianza que les lleva sus negocios personales. De ahí salen las frases acuñadas del hermano o pariente incómodo.
Una vez en el poder, los gobernantes tratan de hacer obras como un legado personal para perpetuar su memoria. Muchas de éstas luego se vuelven un “elefante blanco” que no sirve y sólo estorba. Ahí están un Museo-biblioteca, un CUM, un reloj, un Musas o un estadio.

Cada gobierno hace sus negocios personales y produce su camada de nuevos ricos. ¿Qué pruebas me da un candidato de que no viene a la piñata? ¿Habla siquiera de atacar la corrupción?
Éstas no son verdades universales, pero son lecciones que muchos hemos aprendido por experiencia en las elecciones y la política. Tampoco es una lista exhaustiva sino una pequeña muestra de las ideas que flotan en el ambiente.

Convertir la piñata en una junta de vecinos

Por supuesto que los candidatos con probabilidades de ganar no van a hablar de los temas anteriores. Ellos se presentan como la solución de todo y no quieren darse cuenta de que ellos mismos son el problema. El reto es revertirles la temática: el problema del dinero que gastan y que luego van a tratar de reponer y recuperar. Por ello, hace falta posicionar en la campaña el tema del combate a la corrupción. Entre los temas que se soslayan y que debieran atenderse están los siguientes:

¿Cómo profesionalizar los puestos públicos de manera que no sean botín político sino resultado de méritos y talento profesional?
¿Qué van a hacer para evitar que los contratos se otorguen con base en lealtades personales y apoyos de campaña?
¿Estarían de acuerdo en promover que los directores de organismos públicos sean electos por convocatoria y concurso público con base en un contrato de mejora de indicadores de desempeño?
¿Cómo piensan evitar las desviaciones del presupuesto público y cómo detectar y atrapar a quienes adquieren propiedades y se enriquecen con los puestos públicos?
¿Qué se piensa hacer para que los funcionarios no pidan soborno (mochadas) en la contratación de servicios y obras públicas? (Cámara de la construcción, ahí te hablan)
En resumen, hay que ir pensando cómo le vamos a hacer para que no nos sigan saqueando y podamos tener buenos gobiernos. Se trata de convertir la piñata en una junta de vecinos; menos derroche y mejor aprovechamiento de nuestros pocos recursos.

* Profesor-investigador del Programa de Estudios Políticos y  de Gestión Pública en El Colegio de Sonora.nicolas.pineda.p@gmail.com