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FOTO DE LA SEMANA: “Nuevos integrantes”

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Crónica de un robo anunciado.

Alvaro Bracamonte Sierra*

Como cualquier vacacionista que abandona temporalmente el hogar buscando unos días de descanso, miles de hermosillenses ahora preocupados aseguraron puertas y ventanas
antes de salir; activaron alarmas y/o avisaron a sus vecinos en aquellos casos donde éstos no harían lo mismo.

Pese a todo tipo de precauciones la sensación de desamparo, de orfandad, de que algo malo puede suceder al solitario inmueble se recrudece al momento de partir.Esa intranquilidad que abruma a los paseantes no es gratuita ni motivada por alguna inestabilidad emocional. La ansiedad y el desasosiego están asociados a la gran ola de robos a casas habitación, estén éstas localizadas en colonias pudientes o en barrios humildes; los ladrones hacen su chamba también en los autos estacionados en las baquetas del domicilio, o a las afueras del lugar de trabajo del propietario, o bien en algún estacionamiento público o el de los propios destinos vacacionales.

Los dueños de los vehículos suelen ser de distintos estratos sociales; lo mismo desaparecen de lujo que de bajo costo y/o con varios años de uso. Para los delincuentes no
hay distinción. Se desconocen las cifras oficiales sobre la incidencia de estos delitos. Pero deben ser bastante altas a juzgar por la frecuencia con que escuchamos relatos de personas y familias afectadas. Si los datos no corresponden a esta realidad algo debe estar mal en esa numeralia. A estas alturas del año ya podemos contar entre los agredidos por la ola delincuencial ya no al conocido del amigo sino directamente al amigo, al colega del trabajo, al familiar cercano o al vecino. A menudo sus viviendas han sido desvalijadas en más de una ocasión lo que vuelve su entorno algo poco menos que insoportable.

En casi todos los casos la investigación de los hechos es la misma: El dueño de la casa o el propietario del carro denuncia ante la autoridad competente; si se corre con suerte, al otro día acudirá un policía cuyo papel es simplemente tomar nota y hacer algunas recomendaciones. La más importante es la de dar parte a una oficina que es algo así como la encargada de atender estos entuertos. Independientemente del pesar que invade al dueño de la casa violentada debe cumplir un ritual cuyo desenlace sabe previsible y por tanto inútil tomando en cuenta que no recuperará los objetos sustraídos y menos asegurará que los responsables sean castigados.

Sin embargo, el ciudadano cumple con denunciar al menos “como para que luego no digan”; en el ministerio público, o como se llame, también se cumple cabalmente con la simulación y se toma la declaración del denunciante. Ambos,autoridad y afectado, saben que nada pasará. Éste presupone, y en el proceso lo confirma, que la autoridad no tiene manera de hacer cumplir la ley o que,
como muchos sospechan, está coludida con los malhechores.
El grado de incompetencia es tal que los responsables de la seguridad le cuestionan al acongojado casero que para qué se fue si sabe que hay muchos robos; por ahí otro comandante atina a agregar
que debió avisar a los vecinos, como si éstos no tuvieran derecho a unos días de asueto. Con estas autoridades quizá no queda otra opción que organizar autodefensas urbanas a fin de vigilar y cuidar
lo que la Policía no puede, no sabe o no quiere hacer.
Las leyes secundarias en capilla
A nivel nacional la discusión en torno al contenido de las leyes secundarias ha adquirido tonos de verdadera confrontación que hacen ver lejana y con cierta nostalgia la cordialidad y espíritu negociador labrados alrededor del Pacto por México. Es probable que la explicación de la tensión resida en que algunos
sectores, sobre todo entre los poderes fácticos, consideran que el alcance de las reformas fue excesivo. Piensan que la de telecomunicaciones, la energética y la electoral pudieran ser debilitadas
con leyes secundarias que maticen el alcance de las enmiendas consignadas en la Carta Magna. Por ejemplo, el código electoral que acompañará a la reforma constitucional
en esa materia debe quedar listo antes  que termine abril; sin embargo los priistas han abandonado la mesa de negociaciones y, si creemos lo dicho por perredistas y panistas, lo que los
tricolores quieren es que los comicios del 2015 se desahoguen utilizando los procedimientos y reglas anteriores lo cual les otorgaría una clara ventaja. En tanto no se superen esas discrepancias la
regulación de las precampañas seguirá durmiendo el sueño de los justos y las desmesuras de los aspirantes a un puesto de elección subirán de color. Sonora es ejemplar en tales desaseos.
Álvaro Bracamonte Sierra. Doctor en Economía. Profesor-
Investigador de El Colegio de Sonora.