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FOTO DE LA SEMANA: “Nuevos integrantes”

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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El mercantilismo cultural o la cultura como mercancía

Jesús Antonio Morales Quiñónez*

El arte y la cultura en todos sus sentidos ha pasado de ser una noble profesión y expresión de sentimiento humano a un producto que busca generar muchas ganancias y deja de lado la principal premisa que es transmitir emociones.

Cuando un artista genera obras ya sean pinturas, música, esculturas o demás, con la intención de vender y no de crear se vuelve parte del mercantilismo cultural que está en busca de capitalizar las expresiones humanas.

En nuestra localidad existen varios artistas de renombre que han olvidado su función de ser fuentes de inspiración y liberación para la comunidad y lo han cambiado por un estatus social.

No hablamos de que esté mal vender para subsistir sino que se haga arte para vender, llegando a duplicar sus propias obras con tal de hacerlo. Sé que los tiempos son otros y que la necesidad económica apremia, esto sin contar  que cada vez crece más y más la competencia, puesto que la tecnología ha permitido que muchas personas incursionen en el arte cómo lo es la ilustración digital, el dibujo por vectores, la música electrónica y todo esto sin la necesidad de contar con estudio alguno,  a mi parecer es algo extraordinario pero lamentablemente vivimos en una continua exposición al arte y entretenimiento basura, lo que cada vez nos dificulta discernir entre el contenido de calidad y el que no lo es, más si no tenemos bases o referencias para elegir algo a lo que los más jóvenes son vulnerables.

El mercantilismo cultural incluso trata de vendernos la rebeldía “natural” de las artes tomando elementos característicos de ellos y colocándolos en soportes comerciales, cómo lo es la música, dónde cantantes usan vestimentas “alternativas” cantando géneros populares que a final de cuentas es arte,  pero  que con el afán de satisfacer la demanda descuida la calidad. Como dato curioso se dice que Kurt Cobain, líder de Nirvana, jamás quiso que su banda dejara de ser una pequeña agrupación de cochera porque se volverían parte del sistema del cuál estaban en contra, lo cual sucedió y resultó en un suicidio artístico.

Es indudable negar que todo lo que hacemos se vuelve mercancía, nuestro trabajo, nuestras ideas, pero cuando la función principal es la de enaltecer el espíritu humano para mejorarnos como sociedad no cabe la ganancia en la ecuación, creo que tú lector al igual que yo, piensas que una obra original tiene mayor valor que una producida en masa, más allá del autor, por que al darle importancia al estatus social de los artistas se menosprecia el trabajo de los novatos, y es por ello que los precios de su trabajos no es en basen  en la calidad o  la técnica, sino en el estatus social del artista. Por esta razón los precios de obras iguales varían, o son mayores aunque sean de  mejor calidad. Además, las obras de arte son productos clasistas ya que los sectores sociales menos favorecidos no pueden adquirir arte de ninguna forma, ¿te has preguntado por qué las inauguraciones de cualquier evento artístico son por la noche y en lugares muy alejados de las periferias?

Supongo que los integrantes de alta sociedad son capaces de movilizarse fácilmente a cualquier lugar a diferencia de las personas que se mueven en camión. Los centros culturales deberían ofrecer realmente cultura en lugar de ofrecer arte solo para el que pueda adquirirlo.